martes, noviembre 03, 2009

Impresiones de viajes VIII



Durante el propio reinado de Ramses XI, la XX dinastía sucumbe o abandona, a pesar de lo que diga la propaganda monárquica a través de los bajorrelieves de los templos; en realidad el poder efectivo lo ostenta por un lado, un general de origen libio, Herihor, gran sacerdote de Amon, dueño del alto Egipto y por otro el antiguo visir Nesubanebdjed, (el Esmendes de Herodoto), asimismo militar de origen libio, quizás hermano de Herihor, quien controlaba el Bajo Egipto.

A Ramses XI se le presentaba un problema, con los colonos libios asentados en el Delta, gente orgullosa que no había cambiado sus nombres por otros egipcios y hacia gala de sus orígenes conservando la antigua costumbre de adornarse la cabeza con dos plumas y que en muchos casos no respetaban los preceptos religiosos básicos, como la prohibición de comer pescado, cosa inmunda para un egipcio en virtud de la tradición osiriaca que hacia del oxirrinco un pez sagrado ( y por extensión, todos los peces) por el hecho de haber ingerido el falo de Osiris tras su desmembramiento a manos de Seth. Al frente de estos libios, aunque absolutamente integrados en la estructura social egipcia, estaban los Grandes Jefes de los “Ma” (diminutivo de “mashauash”), que por entonces ya eran dueños de tierras, poseedores de riquezas y planeaban ignorar la autoridad del rey.
Eran tiempos en los que la mayoría de la población rayaba la indigencia, una multitud de artistas, orfebres, pintores, escultores y artesanos desempleados, ya que todas las obras publicas habían sido abandonadas, andaban bastante cabreados y protagonizaron algunas revueltas que fueron ejemplarmente sofocadas. Los canales cegados no eran limpiados, ni reparados los diques rotos, los caminos eran difíciles y expuestos al bandidaje, en aquellos momentos el saqueo de tumbas reales, era un recurso nada despreciable para muchos, un gran numero de ellas fueron esquilmadas en aquella época a pesar de los durísimos castigos impuestos a los saqueadores porque en realidad, si conseguías hacer una fortuna con el robo, daba igual que te pillaran puesto que la justicia hacia mucho que había desaparecido sustituida por el oráculo de Amón y los pleitos se ganaban a golpe de talonario. Lentamente la infraestructura comercial del Alto Egipto, segregado en multitud de latifundios fue deteriorándose, no se atendían las labores de mantenimiento fundamentales y los nomos solo se ocupaban del autoabastecimiento, por lo que al no haber excedente, la economía continuó ralentizándose. El momento económico de las ciudades del Delta era muy diferente puesto que el comercio fenicio en el mediterráneo estaba entrando en su apogeo y los magnates de muchas ciudades del Norte disfrutaron de una gran prosperidad: Bubastis, Atribis, Sais, Busiris, Mendes,Sebennitos , Farbaitos, Per Seped y Buto fueron la cuna de grandes fortunas familiares, algunas de origen libio que serian relevantes en el futuro, sin embargo nada o muy poco de esa riqueza alcanzaba a la mayoría de la población, entregada en el mejor de los casos a la servidumbre. Una diferencia significativa entre el Alto y el Bajo Egipto era la presencia de ejércitos formados y estables solo en las ciudades del Norte ya que las milicias de los nomos del Alto Egipto gracias al sistema de inmunidades, no tenían la obligación de atender eventuales demandas de tropas de Tebas, por lo que el ejercito del Sur resultaba ineficaz .
Así estaban las cosas cuando Amenhotep, sumo sacerdote de Amón, fue acusado por un delito que no se especifica, hecho que se puede interpretar como un intento de recuperar el control por parte de la monarquía, aunque tuvo que ser reducido por la fuerza gracias a las tropas de Panehesy ("el negro"), virrey de Nubia, llamado a tal efecto por Ramses XI. Sin embargo, cuando Herihor, a la muerte de Amenhotep asume el cargo de gran sacerdote de Amón con el beneplácito del rey, será Panehesy quien será expulsado. Da la impresión de que o bien Ramses no sabia muy bien lo que hacia o que Panehesy era demasiado ambicioso, en cualquier caso, el ascenso de Herihor al final de la era ramesida, marca el comienzo de lo que ha venido en llamarse tercer periodo intermedio, y también el final del Imperio Nuevo.
Herihor después de ser nombrado virrey de Nubia por el propio Ramses, a la muerte de Panehesy, ignorando al rey o con su consentimiento, gracias a un oportuno oráculo de Amón, asumió todas las prerrogativas reales fundando la XXI dinastía sin esperar a que se extinguiese la XX. Nombró a su hijo Piankhi sumo sacerdote de Amón, quien renunció cortésmente a la titulatura real, aunque el hijo de este ultimo, asumiría la realeza después del largo reinado de un hijo de Nesubanebdjed, Psusennes I .
En realidad la casa real y el pontificado de Amón desde Herihor, estuvieron siempre emparentados y mantuvieron una estrecha relación, de tal manera que el poder religioso, el económico y el militar, se hallaban aunados aunque en la práctica la monarquía hasta la muerte de Ramses XI asumirá el aspecto de un triunvirato.
Nesubanebdjed desde Tanis, representaba el poder económico de las ciudades y controlaba el ejército de los “Grandes Jefes de los Ma”, sin embargo era Herihor como gran sacerdote de Amón quien detentaba las prerrogativas reales. En resumen, los oligarcas del Delta concentraban la riqueza, parapetados tras las fuerzas libias del ejercito, mientras el resto de la población languidecía, situación que desembocó en una revuelta popular de tintes independentistas, en Tebas durante el reinado de Pinedjem, que fué sofocada y los rebeldes exiliados al oasis de El Khargeh. Como probablemente era mas costoso mantenerlos en el oasis libio que darles la libertad, Menkheperre, hermano de Pinedjem, quien manifestando su poder mediante algunos milagros, había llegado a Tebas para ser investido sumo sacerdote de Amón, echando cuentas, mandó ejecutar a los que tenían delitos de sangre, amnistiando a los demás, cosa que fue proclamada como una muestra de la bondad de Amón, mediante uno de esos oráculos tan oportunos .

Un síntoma de la inestabilidad de aquella época, es que los faraones no dudaban en reutilizar los sarcófagos más impresionantes de los requisados a los saqueadores de tumbas, un pragmatismo quizás impensable en otro tiempo. La religión se había depreciado mucho entre la gente llana, cuando se pasa hambre se tienen otras prioridades, además para escarnio del clero, por entonces se había divulgado una parodia de literatura sagrada bastante escabrosa, conocida hoy como “El mito de Horus y Seth”. Ignorando los hechos, en una huida hacia delante, el clero proclamaba el Uhm Msut , la «Era del Renacimiento», con la esperanza de insuflar algo de esperanza u optimismo y recuperar para la religión algo del prestigio perdido, aunque hay que matizar este hecho: no es que la gente se hubiera vuelto atea, ya que el pueblo mantenía un profundo fervor sobre todo en torno a Osiris y el culto agrario, ignorando en la mayoría de los casos a Amón, que era un dios exclusivo de los soberanos de Tebas.

Mientras tanto, hacia el final del reinado de Psusennes I, en Palestina, David apoderándose de los territorios de Edom, hasta el Jordán y aliándose con Hiram de Tiro, estableció una ruta comercial con la que, aunque lesionaba los intereses de Egipto, financiaba el reino de Israel que había fundado recientemente su suegro Saúl, sin el beneplácito de los sacerdotes de Adonai.
Aproximadamente veinte años después, tras la muerte de David, se produjo una fratricida crisis dinastica, que aprovechó el faraón Psusennes II para arrebatar Gezer a los filisteos; plaza fuerte que entregaría mas tarde como dote, para la boda de su hija con Salomón, con idea de establecer entre Israel y Egipto un vinculo que salvaguardase los intereses egipcios, aunque a la muerte de Psusennes II, las directrices de la política con respecto a Israel iban a cambiar radicalmente. Sheshonq, Gran Jefe de los Ma, de la rica familia de sacerdotes de Harsafes en Bubastis, funda la dinastía XXII con el apoyo incondicional de las ciudades del Delta, trasladando la capital de Tanis a Bubastis.
Al parecer, la rápida prosperidad de Jerusalén perjudicaba mas de lo esperado los intereses comerciales del Bajo Egipto, por lo que no es nada improbable que en realidad el ascenso de Sheshonq fuera propiciado por los lideres económicos de las ciudades ya que, a la muerte de Salomón y en medio de la guerra civil que siguió, cuenta la Biblia que Sheshonq “ cayó sobre Jerusalén, se apoderó de los tesoros de la casa del Eterno y de los tesoros del rey, se adueñó de todo. Se apropió de los escudos de oro que Salomón había mandado hacer..”.
Israel y Judea, estados en los que se dividió el reino de Salomón, tuvieron que aceptar el protectorado egipcio y pagar en adelante el correspondiente tributo, al tiempo que comenzaba para las ciudades del Delta un nuevo periodo de prosperidad, puesto que sus puertos se convirtieron nuevamente en el destino de las rutas comerciales, usurpado durante un tiempo por las ciudades de Israel. Tampoco la ciudad estado de Tiro, a pesar de haber sido en principio un buen aliado, estaba interesada en permitir que el Israel de Salomón desviara parte del comercio hacia sus incipientes puertos instalados en la costa palestina, por lo que parece ser que el reino de Israel no tenia futuro, sin embargo todas las economías de la zona habían estado muy complacidas con un estado militar como el establecido por el ejercito de David que les ahorraba el costoso mantenimiento de una fuerza militar permanente que protegiera las rutas comerciales. Las ciudades fenicias, que presumían desde hacia tiempo de haber perdido el respeto a Egipto, se apresuraron a ofrecer sus tributos, con el doble animo de evitar que el ejercito de Sheshonq se interesara por ellas y por otra parte fomentar el protectorado egipcio en la zona, siempre preferible a la alternativa asiria, que empezaba a levantar cabeza nuevamente.
Después de las extenuantes y continuas guerras que Tukulti-Ninurta impuso al país, que le habían permitido someter a los arameos, apoderarse de la Transtigritania y conquistar Babilonia, una profunda crisis dinastica, tras el asesinato del rey por su hijo, Assur-nasir-apli, deshizo el incipiente imperio asirio y mantuvo el país demasiado ocupado en sus propios problemas internos, hasta el advenimiento de Teglat-phalasar I, quien forzando de nuevo la maquina militar asiria, conquistó nuevamente Babilonia al derrotar a Nabucodonosor I, extendiendo así el Imperio asirio hasta el mediterráneo y hasta las propias fronteras orientales de Egipto.

La dinastia Sheshonquida, disfrutó de riquezas sin medida, como demuestran los sarcófagos de plata maciza de la época, aunque su influencia y su prestigio no iba mas alla de Memphis o Heracleopolis; el Alto Egipto por el contrario, sumido en un letargo financiero atroz, permanecía en manos de los sacerdotes de Tebas, quienes celosos de su modo de vida, cerraban las puertas a los intentos de acercamiento de la monarquía. El desmembramiento feudal estaba tan avanzado en el Delta que en adelante, cada ciudad recreará su propia corte, adorara a sus dioses locales y tendrá su propio ejercito para defender sus propios intereses incluso contra otras ciudades egipcias; prolifera la literatura de caballería, donde heroicos príncipes baten sus armas, con la inestimable ayuda de unos dioses demasiado humanos, al estilo de la Iliada, el Mahabharata o Stargate.
El sumo sacerdote de Heliopolis se declarará soberano, así como el príncipe de Mendes, el de Per-Seped o el de Sais, aunque todos ellos debían fidelidad al rey, en la practica, el Delta es ahora un racimo de estados independientes como en la época predinastica. El Alto Egipto ajeno al feudalismo militar, por el contrario, mantiene su unidad en torno a Amón y a Tebas, pero el frágil sistema económico, eminentemente agrícola, se encuentra permanentemente expuesto al carecer del dinamismo comercial necesario para su desarrollo. A pesar de todo, esta incierta situación se prolongaría por más de dos siglos, en virtud de la ausencia de agresiones externas. Sheshonq, puesto que cada uno de los príncipes de las ciudades rivalizaba en riqueza, no acababa de imponer su autoridad fuera de su jurisdicción, de manera que enfocó sus esfuerzos en intentar que el clero de Tebas le reconociera, a tal efecto nombró a su hijo Iuput, sumo sacerdote de Amón, aunque fue inútil, el clero de Amón respondió nombrando a Iuput, a su vez, rey de las dos tierras. Osorkon I, el sucesor de Sheshonq, lo intentó de nuevo, de igual forma, obteniendo exactamente el mismo resultado, tampoco Takelot consiguió legitimar su reinado, ni luego Osorkon II que tuvo que ver como su primo Harsiese, sumo sacerdote de Amón, se proclamaba rey de Tebas y fundaba la XXIII dinastía. Durante el reinado de SheShonq III, Pedubast, rey de Tanis se proclama rey de Leontopolis, consiguiendo hacerse reconocer por el clero de Tebas, Menfis y Heracleopolis, al tiempo que Tefnakht príncipe de Sais, “Gran Jefe de los Libu” y “Gran Jefe de los Ma”, ( otras fuentes lo identifican con el nieto de un tal Basa, sacerdote de un templo de Amón cerca de Sais) se hace con el control de la parte occidental del Delta y funda la XXIV dinastía, de tal forma y durante un tiempo tres dinastías se disputaron, entre revueltas populares, epidemias, miseria y hambre, el control del país de la tierra negra.

Bibliografia : J.Pirenne "Historia del Antiguo Egipto"
Heródoto " Historia"

domingo, octubre 04, 2009

Impresiones de viajes VII




Durante cuarenta y seis años, Egipto disfrutó de una paz conseguida gracias al tratado con Hatti, un acuerdo historico que permitió a Hattusil III conjurar la amenaza asiria, si bien su hijo y sucesor, Tutaliya IV, aunque mantuvo la estabilidad en la zona, merced a la intensa actividad diplomatica que hubo de sostener con Salmanasar I, se vio obligado a combatir al sucesor de este, Tukulti-Ninurta, quien nada mas acceder al trono, lanzó una ofensiva hacia el norte, tomando la region de Subaru, al sur de Mittani, para establecerse ante el Eufrates, si bien evitando invadir los protectorados egipcios e hititas.

Asiria a lo largo de casi toda su existencia, unos mil trescientos años, hizo un uso intensivo del terror como forma de propaganda, un sistema que, por otra parte, no era de su uso exclusivo, muchos y muy celebres reyes egipcios, babilonios hititas etc. gustaban de jactarse públicamente de haber degollado, despedazado o decapitado gente si bien la ferocidad de los reyes asirios entonces era un tópico, una señal de identidad; Asurbanipal II puntualizará detalladamente en el seiscientos y pico:

Construí un pilar ante la puerta de la ciudad y desollé a los jefes que se habían rebelado contra mí, y mi señor Assur, colgando su piel sobre el pilar. Algunos de ellos los sepulté en el pilar, a otros los empalé en estacas sobre el pilar y a otros (también) los empalé en estacas alrededor del pilar. Desollé a muchos a lo largo de todo el país y colgué su piel sobre los muros...

Quemé a muchos de sus prisioneros. Capturé a muchos soldados vivos. A algunos les corté los brazos o las manos, a otros les corté la nariz, las orejas y las extremidades. Les saqué los ojos a muchos soldados. Hice un montón de seres vivientes y otro de cabezas. Colgué sus cabezas en los árboles, alrededor de la ciudad. Quemé a sus adolescentes, muchachos y muchachas...”

Ante la presion de Tukulti-Ninurta, Tutaliya IV envió en seguida un abultado ejercito contra los asirios, para apoyar a los hurritas de Subaru, aunque no sirvió de nada y 28.000 prisioneros hititas fueron deportados a Mesopotamia.

Ramses no hizo nada ni entonces, ni cuando inmediatamente después cayó Mittani y también permaneció impasible mientras Tukulti-Ninurta añadía a sus títulos el de rey de Babilonia, ciudad que fue incapaz de enfrentarse a sus antiguos vasallos, viéndose en la necesidad de aceptar el protectorado asirio. El propio Ramses II, quien tenía en su poder el ejército más poderoso del mundo, tuvo que reconocer la soberanía asiria en la zona si es que quería asegurar el tráfico comercial.

Ramses II, mientras tanto en realidad no se aburria en absoluto, tuvo doscientos hijos mas o menos y ademas estaba muy entretenido haciendo propaganda de si mismo a traves de monumentos y templos que esparció desde Nubia hasta el Delta y mas allá de las propias fronteras egipcias, hasta la saciedad, erigiendo y grabando su nombre por todas partes; incluso edificó su propia ciudad que, como nó, llevaba su nombre, Pi-Ramses (la ciudad de Ramses), sobre la antigua Avaris, la ciudad de los hicsos, abandonando Tebas y cconvirtiendola poca mas tarde en capital de Egipto.. El asentamiento de los gremios de artistas en Deir el Medineh fundado por Tutmosis I, creció en época de Ramses hasta convertirse en un pequeño poblado. Pero mas allá de las fronteras de Egipto, el mundo estaba cambiando sin que al parecer pudiera hacerse nada para evitarlo, así que Ramses se limitó a ir adaptándose en la medida de lo posible a las nuevas circunstancias que se presentaban y que acabarían desbordándole, aunque no fue hasta su muerte cuando comenzaría a notarse la decadencia financiera en el país. La raíz del problema que arrastró a Egipto nuevamente a una crisis fue por una parte, la política económica de la monarquía, la cual se apoyaba sobre todo en los tributos de las provincias, en los impuestos y en los porcentajes del comercio, mientras por otra parte, se fueron cediendo privilegios a los templos, dueños ya de ejercito propio, constituido por los prisioneros de guerra cedidos por la propia monarquía y señores además de la mayoría de las tierras cultivables, exentas de impuestos e inmunes a la autoridad del rey, ademas de los enormes gastos que acarreó al tesoro de la corona tanto despliegue de arenisca pulimentada.

Cuando los aqueos conquistaron Troya, ganando el acceso a las rutas comerciales del Mar Negro, pudo parecer que la expansión económica de los aqueos traería más riqueza a Egipto, pero inopinadamente gentes griegas del norte, los dorios, habían comenzado a infiltrarse en territorio micenico, asaltando algunas poblaciones, mientras los propios aqueos en ese momento justo ampliaban su influencia a las costas anatolias y sirias. La filtración pronto se convirtió en una autentica invasión, una riada que asoló por completo la región con la excepción del Ática ateniense. Es posible que la apertura de la ruta comercial del Mar Negro tras la destrucción de Troya, dejara sin oficio ni beneficio a los pueblos establecidos al norte del mundo micenico, entre los que se encontraban los dorios, quienes dominaban la ruta alternativa del norte, que usaba los ríos europeos para el comercio con la Colquide. Fuera como fuese, diferentes grupos humanos avanzaron sobre el sur de Grecia y Anatolia, alcanzando las islas del Egeo, empujando a las poblaciones autóctonas, los misios, lidios, frigios, carios y demás a huir en desbandada abandonando sus respectivas tierras, yendo a establecerse en distintas regiones de Libia, Palestina e Italia para darse en muchos casos a la piratería.

Las invasiones no alcanzaron directamente a Egipto pero arruinaron el entramado económico de la monarquía, privándola de los tributos de las provincias y de los impuestos al comercio al cesar la afluencia de barcos a sus puertos. Ramses, en los últimos tiempos, se vio en la necesidad de usurpar estatuas y monumentos de otros faraones como Amenofis III, ante la falta de mano de obra, sustituyendo los nombres originales por el suyo propio, grabando los bajorrelieves en la piedra con una profundidad tal que no permitiera a otros hacer lo que el mismo había hecho.

El hijo y sucesor de Ramses, Mineptah, si que tuvo que hacer frente a estos “pueblos del mar”, primero indirectamente, forzado a socorrer con trigo a los hititas que estaban siendo invadidos por diversos frentes, y mas tarde combatiendo a una coalición de libios, sardanos, aqueos, siculos, licios y etruscos, (entre estas gentes estaban los “mashauash” que habían venido asentándose pacíficamente en la frontera occidental e incluso en el propio Delta desde Ramses II y muchos de ellos eran contratados como mercenarios) quienes desde Libia, bajo la dirección de un tal Meriai habían invadido el Delta desde occidente y marchaban hacia Menfis arramblando con todo a su paso, mientras sincronizadamente, multitud de prisioneros extranjeros que trabajaban en las minas y canteras se sublevaban.

Mineptah se empleó a fondo con el heterogéneo ejercito de Meriai, destrozándolo, aunque a pesar de todo el general invasor consiguió huir de la carnicería dejando a sus espaldas diez mil bajas y otras tantos prisioneros que Mineptah entregó al servicio de los templos como esclavos. Con el fin de prevenir futuras revueltas, ordenaría la expulsión de los extranjeros asentados en territorio egipcio, (momento en el cual se suele enmarcar el éxodo judío) acto desafortunado que profundizaría la ruina económica de la monarquía y sobre todo de las clases mas desfavorecidas, que paulatinamente fueron descendiendo al escalafón mas bajo, el que ocupaban los extranjeros deportados, en la pirámide económica de la sociedad egipcia. Después de festejar convenientemente el éxito militar, el rey condujo sin dilacion al profesional ejercito de Ramses hacia las provincias orientales, reconquistando rápidamente Palestina (cuyo nombre se debe a los pelestiu o philisthim, los filisteos, uno de los pueblos del mar, de origen cretense según fuentes bíblicas).

A la muerte de Mineptah, la ruina de la monarquia se hace patente y el trono caerá durante muy breve tiempo en manos de un usurpador, un tal Amenmes de quien poco o nada se sabe, a quien sucederá al parecer la reina Tausert de estirpe ramesida y luego Mineptah-Siptah tras casarse con ella. Realmente desde la muerte de Mineptah, se habia abierto un periodo de autentico caos en el pais, del que sacaron partido los oligarcas y la nobleza del Sur: el clero de Amón, así Bakhenkhonsu, sumo sacerdote de Amón, a pesar de la crisis, manejaba suficiente capital como para permitirse restaurar el antiguo palacio de los grandes sacerdotes, que databa de la XII dinastía, a pesar de que en el resto del país todas las obras publicas habían sido abandonadas.

Desde Nubia, que se había mantenido al margen como virreinato, marcho a Tebas donde fue investido rey, Seti II, probablemente del linaje de Ramses, y al menos se propuso poner algo de orden, tarea que continuaría durante poco tiempo su hijo Ramses-Siptah, tras el cual el país se hunde definitivamente en el abismo, siendo desmembrado en latifundios y el pueblo llano arrastrado definitivamente a la semi-esclavitud. Así estaban las cosas cuando para colmo de males, un cananeo llamado Iarsu, se apodera del país y lo entrega a bandas de libios que se emplean en saquear y fomentar la inestabilidad y el terror.


El clero representaba la única autoridad real, aunque solo los templos mas importantes poseían ejércitos privados, que empleaban circunstancialmente en labores de policía y que eran eventualmente capaces asimismo de enfrentar a las bandas de libios. Sethnakht, de origen desconocido o quizás otro descendiente de Ramses, con el apoyo indispensable del clero, expulsó o redujo a la esclavitud a las bandas de libios y al propio usurpador Iarsu, atajó los abusos de los gobernadores y restauró la monarquía, fundando la XX dinastía, el año 1200 antes de la era actual. Sethnakht asoció pronto al trono a su hijo Ramses III, quien devolvería cierto esplendor a Egipto, merced a sus éxitos militares. Por tres veces evito la invasión del entramado de pueblos que se aglutinaba en la frontera libia, capturando decenas de miles de prisioneros, entre los que sin embargo, escogería aquellos que pasarían al servicio militar o a su guardia personal, ya que Ramses III, necesitaba proveerse de unos efectivos para su ejercito que el régimen de inmunidades de los templos le escamoteaba, tan solo la flota, algunas divisiones de arqueros y el alto estado mayor estaban constituidos por egipcios, las divisiones de carros y la infantería estaban integradas en su totalidad por extranjeros dirigidos por sus propios jefes.

En una maniobra conjunta, una gran flota de “los pueblos del mar” intentó forzar las bocas del Nilo al mismo tiempo que un enorme contingente intentaba entrar en el Delta por tierra, evidentemente no creyeron que Ramses pudiera manejar dos frentes a la vez, aunque se equivocaron y las paredes del esplendido palacio de Medinet Habu, detallan convenientemente la carnicería. Frente a un puerto sirio Ramses hundió el resto de la flota invasora, aunque a pesar de todas sus victorias, no pudo recuperar Palestina. Después de esto, se impuso una extraña paz producto del agotamiento generalizado de las grandes potencias, que se prolongaría por mas de ochenta años, durante los cuales nuevos estados verían la luz, mientras los antiguos languidecían o incluso desaparecerían como Ugarit, Amurru,Mittani o Hatti del que solo sobrevivieron las ciudades de Karkemish y Alepo.

Asiria, demasiado ocupada masacrando a los no menos sanguinarios arameos, que insistentemente asolaban sus fronteras , se encontraba ausente de la escena politica, al igual que Egipto, donde ninguno de los sucesivos Ramses fué capaz de arrebatar el protagonismo al clero de Amon, ni amortiguar el ocaso de la población, que llegó a rebelarse en numerosas ocasiones, incluso en la propia época de Ramses III. Por el contrario las ciudades fenicias aprovechando la desaparición de la navegación aquea y la independencia política de la que gozaron, llegaron a conocer un periodo de prosperidad que les permitiría proyectarse hacia el mediterráneo occidental, estableciendo nuevas rutas comerciales entre los siculos, los etruscos establecidos en Italia, llegando tan lejos como Tartessos . Los filisteos que habían arrebatado el imperio a Egipto, fundaron la Pentapolis (Gaza, Ascalón, Asdod, Gat y Ecrón.) y también prosperaron aunque tropezaron a menudo con las tribus israelitas establecidas en Canaán desde tiempos de Josué, son los tiempos del Sansón bíblico.

Tras la muerte de Ramses III, fruto de una sórdida conspiración palaciega, un asunto de celos de su primera mujer por el tema de la sucesión, el esplendor de la monarquía de los Ramses IV, V, VI, VII, VIII, IX, X y XI, era una ficción, el poder estaba efectivamente en los príncipes oligarcas del Bajo Egipto y sobre todo en manos de los templos, el rey no era mas que el príncipe feudal con mas títulos. La pirámide económica se parecería mucho a una chincheta con la punta hacia arriba, por lo que la situación era estable, pero eventualmente peligrosa.

Estela de Israel (El triunfo de Mineptah)

martes, septiembre 01, 2009

Impresiones de viajes VI



La positivista filosofía de Amenofis IV, influyó en la poesía, la música y sobre todo la escultura, dotandolas de un naturalismo que rompía con los cánones habituales, desplegando nuevos conceptos y nuevas formas, afectadas de un humanismo ajeno al clásico formalismo estereotipado, hasta el punto de llegar a constituir un estilo propio, el Amarniense.
en el plano politico, Amenofis IV avivó el antiguo enfrentamiento con el clero de Tebas, que se remontaba a Tutmosis III, casándose con Taduhepa, una princesa mitannia (conocida en adelante como Nefertiti, aunque hay disparidad de opiniones, a mi personalmente el perfil de Nefertiti no me parece egipcio) , pero esto no fue nada comparado con el tremendo conflicto que organizaría en seguida, cuando ordenó arruinar a pico y martillo todas las efigies de los dioses tradicionales de los principales templos con objeto de dar a entender que iba en serio, no habia mas dios que Atón. Mandó asimismo, cerrar todos los templos y expropiar al clero y a la oligarquía de sus prebendas y bienes, para entregar luego la gestión y administración de todo ello a gente nueva de origen humilde. El poderoso culto de Amón fue abolido (¡alucinante!), el Faraón pasa a ser desde ese momento, el único representante de dios y del estado, al estilo heliopolita, estableciéndose como un absolutismo de tintes populistas. Atón, como hacia Ra durante la XII dinastía, proclama la igualdad de todos los hombres y además les exige fraternidad. La liturgia de Atón abandonó el enigmático lenguaje habitual del clero de Amón, para expresarse en el lenguaje coloquial de la calle, con el propósito evidente de hacerse comprender, y cambió los antiguos cultos que se celebraban a puerta cerrada, dentro de los templos, sustituyéndolos por ritos públicos, al aire libre, en templos solares abiertos al estilo de la XII dinastía.
El clero de Amón se empleó mientras tanto y como contrapartida, en esparcir oscuros presagios y difamaciones, entre el pueblo, envenenando el ambiente con la abyecta intención de generar alarma social. Amenofis IV asqueado, decidió abandonar el entorno de Karnak y crear una ciudad enteramente nueva, mas al norte, a mitad de camino entre Tebas y Menfis, que llamaría Akhetaton (horizonte de Atón) mas conocida ahora como Tell el Amarna, redondeando con esto lo que, se mire como se mire, en realidad se presentaba como una autentica revolución dirigida desde el propio estado contra el poder del clero.

Amenofis III había desarrollado una efectiva política de paz con los vecinos reinos asiáticos, concediendo prestamos a diestro y siniestro, sin embargo Amenofis IV, cometió el terrible error de hurtar a sus aliados asiáticos el dinero con que su padre los mantenía contentos, denegándoles aquellos prestamos, (probablemente para hacer frente a los ingentes gastos que conlleva la construcción de una ciudad desde sus cimientos) desencadenó sin esperarlo, una serie de acontecimientos que generaron una enorme inestabilidad en los alrededores de sus fronteras asiáticas.
Se perdió la “amistad” de Hatti que con tanto esfuerzo había establecido su predecesor, además abandonó a su suerte a Dushratta, rey de Mittani quien sería asesinado por su hijo Mattiwaza, circunstancia que aprovecharon sus vecinos, los hurritas, para invadir el pais con la ayuda de Assurballit quien instauraría un protectorado asirio en la zona, si bien Mattiwaza escapó y encontró refugio en Babilonia.
Amenofis IV en vista de la situación, se vio obligado a tratar directamente con Assurballit, lo que en la practica representaba reconocer la existencia del reino de Asiria, cosa que enfureció sobremanera a Babilonia que hasta ese momento consideraba a Asiria casi como una provincia, un estado vasallo suyo. Burnaburiash, rey de Babilonia, para asegurar la ruta hacia el mediterraneo tuvo que reconocer la independencia de Asiria, estableciendo relaciones formales con el nuevo reino y casando a su hijo con una hija de Assurballit. El hijo de Burnaburiash murió antes que el, por lo que a la muerte del rey, con el pretexto de asegurar el reino para su nieto, Assurballit se apoderó de Babilonia. Mattiwaza una vez mas huyó, en direccion a Hatti, encontrando a Suppiluliuma sumamente dispuesto a apoyarle.
La negativa de financiación de Amenofis IV, incitó a al rey de Hatti a buscar en otra parte los recursos que este le denegaba, pasando a entablar relaciones directamente con Amurru y Kadesh, estados vasallos de Egipto, algo inaceptable y explícitamente prohibido en los tratados internacionales interpuestos entre ambos países. Ante la pasividad del rey de Egipto, Asiria comenzaba su inhumana andadura como nacion, extendiendo el terror a sangre y fuego, una amenaza ante la cual, la presencia egipcia se diluía rápidamente en el interior de las provincias asiáticas, Tiro y Biblos se independizaron dada la falta de protección, Amurru se rebeló instigado por Hatti y las ciudades de Palestina se enfrentaban unas a otras. Amenofis IV siempre deseó mantener la paz pero al final tuvo que mandar al general Horemheb a poner un poco de orden.
Paralelamente a estos acontecimientos, el faraón mantenia constantes enfrentamientos con el clero de Amón y muy mal tuvieron que ponerse las cosas cuando ya cerca del final de su reinado inició un acercamiento al clero, para atajar el boicot de los sacerdotes de Tebas, aunque no funcionó. Aparece luego manteniendo una corregencia con Smenkhare, quien estaba casado con una de sus hijas, Meritaton, con la intención de, apartandose del poder, restablecer las relaciones con Amón, sin embargo unicamente consiguió que la reina Nefertiti, fiel a Atón, fuera la que se separara de el.
A la muerte de Amenofis IV (cuyas causas realmente desconocemos) y la de Smenkhare poco después, durante escasamente tres años Nefertiti tomó la regencia en nombre de Tutankhatón, quien había sido dado en matrimonio a la hija Amenofis IV, Ankhesenpaatón, pero el clero de Amón se lo arrebató cuando tenia doce años de edad, llevándoselo a Tebas, donde seria entronizado como Tutankhamón y utilizado para legitimar la restauración de Amón. El resultado para el pueblo egipcio fue atroz, el faraón un niño aun, se prestó a los tejemanejes de Karnak que dieron rienda suelta a toda la perversidad institucional imaginable: una palabra en favor de la justicia social era automáticamente asociada al antiguo régimen y descalificada si no perseguida.
Todos los privilegios del clero y la oligarquía fueron restablecidos e incluso aumentados sensiblemente y todo lo que había sido confiscado a los templos fue exponecialmente indemnizado. La miseria asoló Egipto, las mafias y una administración absolutamente corrupta devoraron las entrañas del estado. Tutankhamon levantó alguna vez la voz contra las injusticias para con los seguidores de Atón, murió a los dieciocho años. Le sucedió Ay, un oscuro y efímero personaje, un funcionario con quien al parecer se había casado Ankhesenpaatón a la muerte de Tutankhamon, tras el fallido intento de matrimonio con un hijo del rey de Hatti, que sería asesinado durante el trayecto. Suppiluliuma, bastante mas cabreado que antes, declaró abiertamente la guerra a Egipto, sin embargo Horemheb, eficaz una vez mas, detuvo la ofensiva, tras vencer a las tropas de Arnuwanda, el príncipe heredero hijo de Suppiluliuma.
Se pretendió que el reinado de Amenofis IV, desapareciera para la historia, Akhetatón la ciudad de Amenofis IV fue abandonada, fueron tiempos de “progroms”, de conversiones en masa, de represión y abuso sin medida, hasta el mismísimo Horemheb, unico dueño del ejercito y sin duda el personaje mas popular y poderoso del momento se declararía fiel de Amón, llegando a presentarse como el obviamente anacrónico sucesor directo de Amenofis II (a quien el clero de Amón adoraba), una vez alcanzado el trono.
Horemheb se hizo con el poder gracias a sus meritos personales, y la oportuna intervención de Amón por medio de un oráculo, si bien no le faltó tampoco el apoyo de la oligarquía, al fin y al cabo era descendiente de una familia importante, representante de la mas rancia nobleza, aunque había perdido sus privilegios hereditarios, hacia doscientos cincuenta años.
Sin embargo los planes de Horemheb no pasaban por convertirse en una marioneta de Karnak, y lo hizo patente el mismo día de su coronación, presentándose con gran ceremonia el día de su investidura, como hijo de Horus, el antiguo dios real, el dios patrón del nomo de Hutnesut (Nemty) donde había ejercido la soberanía su familia, es decir mostrándose como un fiel seguidor de la tradición, no exacta ni exclusivamente de Amón. De hecho su intención, a pesar de las apariencias, era la de continuar de la manera que fuera posible, la política de los denostados Amenofis III y IV. Horemheb había sido un allegado de Amenofis IV, y aunque puede que no estuviera de acuerdo en el radical modo de actuar de este, simpatizaba con su doctrina. Durante todo su reinado se preocupó de restablecer la justicia, poniéndola en manos de hombres escogidos por el mismo de entre los mejores jueces de Egipto, se promulgaron decretos contra los arbitrarios impuestos que algunos gobernadores habían establecido para su propio beneficio y se persiguieron los sobornos a jueces y funcionarios, así como las requisas ilegales. Por otra parte Horemheb robusteció el tradicional politeísmo feudal frente al monoteísmo que afectaba al clero de Amón, probablemente para afirmarse en el trono, en virtud de sus derechos de linaje, lo que además aparentemente beneficiaba a la oligarquía. Como contrapartida otorgó importantes y abundantes prebendas al clero de Tebas. Una vez todos más o menos contentos, escamoteó el poder a los posibles candidatos de la oligarquía y soslayando la jurisdicción religiosa en temas dinásticos, adoptó a un hombre de su elección, Ramses, ajeno a la nobleza, militar de carrera y lo nombró su sucesor.
Horemheb fue en realidad quien inauguró la era ramesida, él forjó la persona política de Ramses, quien en realidad no era mas que un comandante, un guerrero que sin embargo llevó a cabo puntualmente el trabajo encomendado, podría decirse que solo fue el instrumento de Horemheb, pero seguramente no fue así, algo debió ver en él que le persuadió para promoverle al cargo. El clero de Amón debió aceptar la insólita decisión a regañadientes aunque por otra parte todos sus derechos habían sido restablecidos y al fin y al cabo el esquema de la propia teología necesitaba de la figura real, sin embargo desde el primer momento el poder de los templos y el poder real se acantonaron en sus propias posiciones. Las pretensiones políticas del clero de Amón adolecían de un marcado nacionalismo y apostaban por un tipo de economía señorial, mas cerrada, menos mercantil y al mismo tiempo la monarquía por el contrario, volcaba todo sus esfuerzos, incluso militares, en mantener las rutas comerciales abiertas y en practicar abiertamente una heterodoxia religiosa, aproximándose a las costumbres asiáticas, que sin duda rayaba en la herejía.
Ramses I, era ya mayor cuando accedió al poder por lo que en seguida asoció al trono a su hijo Seti, con quien comenzaría una nueva época de prosperidad en Egipto, sin embargo el entorno exterior había evolucionado desde la época del ultimo Amenofis y Hatti se preparaba para la guerra. Comenzó cuando Muwatalli impulsó a los beduinos (shasu) de Palestina para que se apoderaran, cosa que hicieron, de las veintitrés ciudadelas egipcias que protegían una importante ruta, aunque Seti recuperó el control en unos meses, llevándose a multitud de prisioneros, cuyos jefes sacrificó públicamente a Amón en Karnak. Seti estaba preparado para enfrentar a Muwatalli, aunque antes tuvo que deshacer un intento de invasión del Delta por parte de un ejercito heterogéneo compuesto de libios y europeos, si bien luego volvió a Siria y tras derrotar a los hititas, se apoderaría de Kadesh y obtendría de Bentesina, rey de Amurru juramento de vasallaje, aunque el vencido Muwatalli lo destronaría en seguida, poniendo en su lugar a Sabili, adepto a Hatti, convirtiendo así la triunfo de Seti en una victoria a medias.
Seti al igual que su padre pronto asoció al trono a su hijo, Ramses II, quien disfrutó del fantástico momento económico que la política de Seti había traído a Egipto, sin duda Ramses II era el monarca mas rico de su tiempo y su ejercito, el mas poderoso del mundo.
Los movimientos de Muwatalli, los tratados que andaba haciendo con estados vasallos y limítrofes, eran seguidos puntualmente por el estado mayor egipcio, a la espera del momento apropiado, Ramses dispuso su ejercito y robusteció sus fronteras, inspeccionando personalmente sus bases en palestina y los puertos fenicios, mientras Hatti se organizaba en el norte. Ramses seguro de su ejercito, esperaba una victoria definitiva en torno a la ciudad de Kadesh, pero en su impaciencia presto oídos a informaciones falsas y atravesó el Orontes solo con la división de Ra), dejando atrás a la de Amón, a la que seguía la de Ptah, muy rezagada, y tras la cual iba por ultimo la de Seth, (Ramses I había reemplazado, la antigua división del ejercito en dos , el del Norte y el del Sur, por tres divisiones, cada una bajo la advocación de un dios, la de Amón, la de Ra y la de Ptah, siendo añadida la de Seth, compuesta principalmente por libios, europeos y asiáticos, años después). Afortunadamente para Ramses II, fueron atrapados unos espías hititas quienes obligados a confesar, pusieron al corriente al rey de la precaria situación en la que se encontraba, rápidamente se enviaron mensajeros al las divisiones rezagadas para que aceleraran la marcha, mientras la división de Ra era partida en dos por la ofensiva hitita y asaltado el propio campamento de Ramses, quien a pesar de todo supo hacer uso de sus carros haciendo huir desordenadamente al ejercito de Muwatalli.
Hatti, perdido el golpe de efecto y la sorpresa, renunció a someter a sus tropas a un mayor desgaste retirándose, mientras Ramses también daba media vuelta y se replegaba, lamiéndose sus heridas. Muwatalli evitando el enfrentamiento directo, dedicó el resto de su vida a mantener ocupado a Ramses, fomentando sucesivas sublevaciones por toda Palestina. Verdaderamente Hatti no podía permitirse un enfrentamiento directo contra Egipto, necesitaba su ejercito para defenderse del despiadado expansionismo asirio. A la muerte de Muwatalli, se produjo una crisis dinástica de la que salió triunfante Hattusil III frente a su hermano Uriteshub, por quien había apostado Ramses.
Hattusil, consciente de la amenaza asiria, se esforzó en restablecer relaciones diplomáticas con Egipto, inexistentes desde tiempos de Amenofis IV, solicitándoselo por carta a Ramses “He tomado la soberanía, pero tu no me has mandado embajador y no has hecho lo que es de uso entre reyes cuando suben al trono, como mandar ricos presentes, telas reales y aceites perfumados”, quien respondería cortésmente sin dejar por ello de intrigar, claro. Hattusil consiguió un breve respiro que empleó en forjar una alianza con Babilonia con el fin de mantener dentro de sus fronteras a los asirios. Inmediatamente robusteció la guarnición de Tunip para frenar el avance egipcio, pero no pudo frenar a Ramses quien tomó la ciudad. El asirio Salmanasar aprovechando que no tenían los ojos puestos en el, avanzó hasta el Eufrates, amenazando a Mittani.
A Hattusil no le quedó mas remedio que buscar la paz con Egipto, le hubiera resultado imposible enfrentar a Egipto y a los asirios al mismo tiempo, de manera que acordó la paz con Ramses mediante un histórico tratado, del que dice una estela en Abu Simbel poniendo en boca de Ptah, dirigiéndose a Ramses: “ existen anales secretos en las bibliotecas ,desde el tiempo de Ra hasta tu majestad, pero que el pais de Hatti conciba sus destinos en una sola voluntad con Egipto, esto no había sucedido nunca”, de hecho este tratado trajo décadas de paz en todos los países de la zona, Salmanasar viéndose recluido en el interior de sus fronteras, decidió emplear sus energías en asuntos internos, trasladando la capital desde Assur a una ciudad nueva, Nínive; si bien, ahogadas sus pretensiones imperialistas, su frustración era patente.

viernes, agosto 14, 2009

Impresiones de viajes V.


A modo de anécdota, en algún momento durante el reinado del primer gobernante hicso de Egipto, Salitis, se produjo una conmoción general en el mediterráneo oriental, provocada por la descomunal erupcion volcanica que acabaria haciendo explotar, literalmente, la isla de Thera, produciendo un maremoto que asoló las costas y puertos de Creta, y cuyos efectos inmediatos en Egipto fueron nueve dias de tinieblas, que debieron dar un susto descomunal a mas de uno en el pais del dios Sol.

A lo largo de cien años aproximadamente, se sucedieron los reyes hicsos, ya completamente “egipcianizados” hacia el 1530, cuando se abre un periodo de esporádicas revueltas populares contra el rey de Avaris, que aunque fueron reprimidas con dureza por Apofis, el rey hicso, convencieron al rey Sequenenre de Tebas de que era el momento de enfrentar a los invasores. En su momia se han encontrado cinco heridas, mortales cada una de ellas, que nos ilustran sobre cual fue el resultado final de sus esfuerzos bélicos, a la vez que sobre el hecho, anecdótico o no, de que los reyes egipcios de aquella época participaban activamente en las batallas. El cuerpo de Sequenenre fue llevado a Tebas donde recibió honores de héroe. Siguiendo su estela, su sucesor Kamose llego incluso a saquear Avaris, ante la estupefacción de todos, sin embargo murió sin completar la tarea que acabaría un hijo de Sequenenre, con la definitiva expulsión de los hicsos, hecho por el que se ha convenido que Ahmosis debía inaugurar una nueva dinastía, la XVIII, con la que comienza el Imperio Nuevo.

Después que algunos conatos de rebelión de Nubia fueran aplastados, Ahmosis se hallaba resuelto a terminar con la amenaza de los aamu, de tal manera que después de conquistar Avaris, persiguió a los restos del ejercito hicso hasta Sharuhen en la costa cananea, donde se habían hecho fuertes y devastó la ciudad hasta tal punto que nunca mas sería reedificada. Una vez ya extinto el peligro de una nueva invasión, extenderia la devastación a todas las ciudades cananeas que pudo, desarrollando una autentica política de terror, tanto en el exterior como en el interior; desde el primer momento, dentro del propio territorio egipcio se aplicó en hacer montones con las manos cortadas de los cadáveres de los seguidores de Seth, partidarios de las dinastías asiáticas (esta era una repugnante costumbre que tenia la finalidad practica de facilitar a los escribas la realización del computo de enemigos muertos, como reflejan todavía los bajorrelieves de Medinet Habu de la época de Ramses III). Su sucesor Amenofis I mantuvo un régimen de protectorado sobre las ciudades de Siria, Nubia y el país de Kus (una parte del actual Sudán), y fue muy bien recordado en estatuas y monumentos por los monarcas posteriores, aunque no se conoce demasiado de su reinado, parece que con el se puede aplicar el proverbio ingles, “no news, are good news” (“que no haya noticias, son buenas noticias”).

La influencia del clero de Amón evolucionó a lo largo de los reinados de los distintos Amenofis y Thutmosis que se sucedieron, si bien nunca volvieron a representar un problema, ya que desde un principio la monarquía mantuvo a la administración en manos de funcionarios laicos, de tal manera que los sacerdotes únicamente tenían cierto control en el exclusivo circulo de la religión, si bien determinados aspectos políticos como el de la sucesión, estaban tan vinculados al dios, en virtud de su intima relación con el rey, que de alguna manera condicionaban su resolución a la aprobación del clero. Los sacerdotes ya no son nobles, son hijos de funcionarios, gente nueva, y es en Amón en quien se apoyan tanto la clerecía como la realeza frente a la feudalidad, Amón es el jefe de los dioses de cada nomo y como el representante del dios es el rey, los nomos se encuentran subordinados a la monarquía, por un algoritmo místico semejante, el clero apoya a la monarquía en tanto en cuanto es quien representa a Amón. Según algunos autores, en aquel entonces, a efectos dinásticos Amón era siempre el padre del rey, si este llegaba a tener descendencia masculina directa (con una princesa real, preferentemente una hermana), el nuevo rey adoptaría el nombre de Amenofis (Amenhotep), si no fuera así, un hijo suyo con alguna concubina debería casarse con una princesa real y entonces tomaba el nombre de Thutmosis, de hecho el clero de Amón no tuvo inconveniente en hacer prevalecer a la esposa y hermana de Thutmosis II, la famosa reina Hatshepsut frente a Thutmosis III quien a pesar de haber sido escogido desde niño para el puesto, aunque no de buena gana, aceptó no reinar hasta la muerte de la reina. De tal manera que los Amenofis eran hijos directos del rey (Amón) y los Thutmosis eran hijos de la ley (Thot era el dios de la ley), eran hijos “legales” siempre y cuando se casaran con princesas reales que aportasen la sangre de Amón (del rey en realidad, claro) a la línea dinástica. Hatshepsut se aprovechó de esta circunstancia para hacer valer sus derechos y conservar el trono apelando a su linaje ( el de Amón) y el clero no solo no planteó objeciones, sino que favoreció efectivamente a la reina, de hecho durante su reinado llegó a existir un mas que sagrado vinculo entre la monarquía y el clero, sin ir mas lejos, el propio segundo gran sacerdote de Amón y gran arquitecto real, Senmut, fue amante de la reina y el constructor del impresionante mausoleo que edificó para ella, al lado del de Mentuhotep IV en Deir-el-Bahari.

Las grandes dimensiones y el suntuoso aspecto que desde este tiempo fue adquiriendo el recinto sagrado de Karnak con las continuas aportaciones de los Thutmosis y los Amenofis (los extremos de los obeliscos y algún pilono llegaron a estar recubiertos de una aleacion de oro y plata denominada electrón), nos pueden dar una idea de la magnificencia que rodeó a la corte de los sacerdotes, verdaderos reyes dentro de su mundo.

Al acceder al trono Thutmosis III, en un primer momento se empleó en restablecer la hegemonía egipcia fuera de sus fronteras, cosa que logró, desbaratando los planes de una coalición de ciudades que se le habían enfrentado y efectuando a continuación una autentica labor de conquista que condujo a Egipto a transformarse en un verdadero Imperio. Se apoderó de Retenu (la franja costera palestino-libanesa) y aseguró su posición en las ciudades costeras de la zona para aprovechar sus flotas recién confiscadas en labores de transporte y abastecimiento, evidentemente no se trataba por tanto de una nueva incursión preventiva, esta vez Egipto llega para quedarse. No destituyó a los príncipes autóctonos en la mayoría de los casos, preocupándose de mantener frecuente contacto directo con sus nuevas provincias asiáticas y de cobrar debidamente los tributos. Luego la emprendió con Mitanni, que en varias ocasiones había organizado sublevaciones contra Egipto, para lo cual, primero conquistó Biblos en cuyos astilleros construiría barcas de cedro con las que atravesar el Eufrates con el fin de enfrentarse al ejercito de Mitanni, al que venció en varias ocasiones, demostración de fuerza que indujo automáticamente a los países limítrofes, Hatti, Assur y Babilonia a buscar la amistad con Egipto colmando al rey de regalos, como era costumbre, en este tipo de situaciones. Thutmosis III estableció bases militares cada 65 Km, a lo largo de la costa siria, con idea de mantener la presencia egipcia en la zona de forma permanente. Sin embargo este Thutmosis no solo es un jefe militar capaz, sino que además demostró poseer una bien engrasada maquina diplomática, que se aplicó en establecer una política de conciliación, de buenas relaciones con las provincias conquistadas, dando comienzo a un periodo de estabilidad del que el comercio fue el beneficiario directo. Además, de alguna manera fue el precursor de una nueva etapa en las relaciones con el clero y en el transcurso de los reinados de los Amenofis y Thutmosis que se sucederán, menguará la influencia política de Amón, que había culminado durante el reinado de Hatshepsut.

Thutmosis III, en cuanto accedió al trono, se empleó en borrar todas las referencias que pudo hallar de Hatshepsut en templos y monumentos, llegando a arrojar a las canteras imágenes y estatuas previamente mutiladas de la reina. Esto no fue solo una mera pataleta infantil, sino que se tradujo en una sigilosa y paulatina vuelta al mas apropiado para la monarquía absoluta, sentido y concepción religiosa de Heliopolis, que por entonces estaba subordinada al clero de Karnak.

Egipto era la primera potencia económica y militar del mundo conocido, sin embargo el lenguaje internacional y el de los negocios, no era el egipcio sino el acadio, el idioma de Babilonia. En las islas del Egeo y las costas griegas por el contrario, se empleaba la moneda egipcia, el kedet, y esto era así en virtud de las marcadas relaciones económicas que desde la dinastía XII mantuvo Egipto con los comerciantes minoicos y posteriormente micénicos, hasta el punto de ser el origen del puerto de Faros, que con el tiempo se transformaría en Alejandria, exclusivamente construido para el comercio con las islas del mediterráneo oriental. La influencia egipcia es patente en los primeros templos doricos y en gran medida en la propia mitología griega: Cecrops el fundador de la mítica primera Atenas, vino de Egipto y también Erecteo, asimismo Dánao, el hermano gemelo de Egipto, se estableció en la ciudad micénica de Argos, etc.

Frente al imperio comercial babilónico, que enlazaba la India y Anatolia con la costa Siria, Egipto desarrolló una intensa actividad comercial por mar apoyándose en las islas hasta Alasia (Chipre), incluso se ha debatido la posibilidad de que existiese alguna forma de protectorado pues hay testimonios de que Egipto cobraba tributos a los príncipes de las islas.

Amenofis II, a la muerte de Thutmosis III, tuvo que sofocar una rebelión de las provincias asiáticas y para dar más miedo, mandó sacrificar públicamente a seis príncipes rebeldes en Tebas y a uno en Napata, la capital del virreinato de Nubia.

Amón, durante el reinado de Amenofis II, disfruta con la sangre derramada y en el templo del dios son sacrificados los enemigos de la monarquía, en cierta ocasión, antes de librar una batalla, esa noche, mientras el rey oraba piadosamente a Amón, “se ordenó hacer victimas vivas. Se ordenó hacer dos pedazos de todos ellos. Y he aquí que todo fue incendiado. Su Majestad estaba solo, Nadie estaba con el. Aparte de la guardia de palacio, las tropas estaban ya lejos del rey” (gran estela de Mit-Rahineh. Vl. Vikentiev “la travesía del Orontes”). Afortunadamente el terrorismo religioso de Amenofis II fue solo un macabro paréntesis, pues Thutmosis IV no actuó de la misma forma, sino que cedió el paso a la diplomacia, como había hecho el anterior Thutmosis, dando asimismo una vuelta de tuerca en el ninguneo del clero, quebrando la influencia de Amón en cuestiones dinasticas, al casarse con Mutemuia, una princesa de Mitanni, en lugar de tomar por esposa a una princesa real egipcia, Mitanni que por entonces temía mas el peligro hitita desde el Norte, habia optado de esa forma por establecer relaciones cordiales con Egipto, su antiguo enemigo.

Amenofis III ahondó la brecha entre la realeza y el clero, imitando lo hecho por Thutmosis IV, al casarse indiscriminadamente con princesas extranjeras pertenecientes a todas las monarquías influyentes de la época, en un afán diplomático sin precedentes.

Las relaciones internacionales exigían una suerte de síntesis religiosa que equiparase a Amón-Ra, con el culto de Shamash, de tal manera que el Faraón ( que es desde este momento cuando se empieza a utilizar el termino) como representante de Amón, ahora un dios universal, apareciera en las provincias asiáticas, dotado de cierta mística legitimidad adicional.

“El Sol…”, “mi Sol…” se hacia llamar el Faraón en los protocolos y la correspondencia diplomática internacional, y un ejemplo del sincretismo alcanzado es el sol alado que aparece a la cabeza en los panteones mitológicos de todas las monarquías de relieve del momento.

El libro de lo que hay en la Duat” si bien se comenzó durante la XII dinastía, se acabó de redactar en tiempos de Amenofis II y refleja la teología solar propia de las dinastías de Tebas. Este libro, describe el recorrido diario de las dos barcas de Ra sobre las aguas primigenias de Mu que rodean los dos mundos, el inferior y el superior, cruzando como Ra-Horakhti en una de ellas el cielo durante el día y como Iufu (Auf-Ra) atravesando el mundo subterráneo con la otra barca durante la noche. Cada noche Ra, envejecido, revestido de carne, con su aspecto de carnero, exento del sutil espíritu creador, es asesinado por sus propias criaturas, pero si Ra muere, muere con el la existencia en si, por lo que Ra deberá crearla de nuevo, volviendo a nacer cada mañana, surgiendo de la boca de la diosa Mut, con el aspecto de un niño. Todo esto es muy diferente de la mistica tradicional, tanto Heliopolitana, como de la de Hermopolis o la de Menfis, con las que comparte si embargo la esencia del culto solar.

El Himno de Amón, fue una de las armas que la monarquía esgrimió contra la clerecía, apartándose radicalmente de los complicados simbolismos de los que gustaban los sacerdotes de Amón para mantener en el oscurantismo al mundo laico, fue redactado en un lenguaje sencillo con el objeto que pudiera ser comprendido por todos. Amenofis III impuso el retorno a la teología heliopolita (por la que la soberanía reside en la corona sin la intervención directa de Amón, enajenando así cualquier autoridad al clero) y preparó el advenimiento de Atón, el radiante disco solar, con la intención de asimilarlo a las deidades solares asiáticas, buscando establecer una cierta uniformidad religiosa dentro de su Imperio. El Adonai sirio podría ser un ejemplo, dado el parecido etimológico (Adon en hebreo es “señor”, Adonai es el plural mayestático, usado para referirse a la deidad).

Amenofis IV, Akhenaton, llevaría hasta sus últimas consecuencias las ideas religiosas esbozadas por su padre, cortando drásticamente cualquier vínculo con el dogma religioso clásico e instaurando un monoteísmo militante completamente nuevo en su lugar.

viernes, julio 03, 2009

Impresiones de viajes IV



IV.


A Neferkare y Antef I, les sucedieron respectivamente Kheti III en Heracleopolis y Uakhankh Antef II en Tebas, quienes heredaron el conflicto dinástico, la eterna rivalidad entre el sur y el norte.
Kheti III se embarcó por una parte en la ambiciosa empresa de conquistar el nomo de Abidos al Sur y por otra, en apoderarse del delta y expulsar definitivamente a los invasores asiáticos. Mas tarde, su sucesor Merikare se vería obligado a abandonar Heracleopolis, huyendo de una revuelta ciudadana propiciada por la sublevación general de las ciudades del delta, una vez mas, celosas de su independencia, apresurandose el rey en buscar refugio al amparo de los príncipes de Siut, quienes consiguieron restaurar a Merikare en el poder. Los reyes de Tebas en ese momento aprovecharon el desgaste sufrido por ambos bandos para emprender la conquista del Norte, de forma parecida a como había hecho, mil años antes, Narmer (Menes).
Heracleopolis y sus fieles aliados los nomos de Siut y Hermopolis, no pudieron resistir mucho tiempo los embates de las huestes de Antef III, quien a pesar de su éxito, tendría que lidiar en seguida con las ansias independentistas de las ciudades del delta y las de los príncipes feudales, quienes una vez mas se rebelarían en esta ocasión contra la dinastía tebana, infructuosamente ya que todos los territorios fueron “pacificados” después de varias batallas. En adelante, a imitación de las dinastías de Heracleopolis, todos los esfuerzos de los reyes de Tebas se dirigirán a intentar recuperar el protagonismo de la monarquía centralizada tal y como había existido antes del periodo feudal.
Mentuhotep III (Mentu esta satisfecho), parece que fue quien consiguió efectivamente aquello de lo que se ya se vanagloriaba Mentuhotep II, la “pacificación” del Alto y Bajo Egipto. Sin embargo el monarca, según el código feudal, aun es solo el primero de los príncipes y puesto que el príncipe de cada nomo solo reconoce a su dios por encima de él mismo, se imponía una reforma religiosa.
Durante la etapa feudal, la gran mayoría del pueblo había caído en el analfabetismo, y las concepciones religiosas se habían desnaturalizado, sufriendo un proceso involutivo por el cual, muchas poblaciones del Alto Egipto habían vuelto al primitivo culto a la diosa madre. En Tebas era Mut la diosa tutelar de la ciudad, en Cusae, Hathor; en Nekhen, Nekhbet, etc, por otra parte perduraba la influencia del culto de Min, tradicionalmente en esta epoca asociado a Horus, y que rebasaba ampliamente el ámbito de Koptos. El nomo de Un (Jmun) como antigua colonia de Hermopolis (Per Djehuti "la casa de Thot") conservaba el culto al prestigioso dios Thot alrededor del cual se establecerá el sincretismo necesario sobre el que se apoyarán las dinastías de Tebas.
Fue necesario construir una nueva teología para poder recuperar en cierto modo, la esencia del culto solar, si es que quería desembarazar a la monarquía del lastre feudal, y a tal efecto se actualizó un dios arcaico, Amón, para que ocupara en la teología de Thot el lugar que Ra ocupaba en la cosmogonía solar.
Abidos y Un se reparten la capitalidad en materia religiosa, como centros religiosos oficiales, Amon sería promocionado desde el nomo de Un, mientras Abidos seguiría siendo el centro del culto a Osiris. Una vez en la vida al menos era obligatorio para los fieles, peregrinar a Abidos, y hasta tal punto era esto así, que quienes no pudieran en vida tendrían que hacerlo después de muertos, por lo que se proveía al muerto en su tumba con pequeñas barquitas con las que poder llegar a Abidos, en esta época además, las ofrendas que tradicionalmente pertenecían al difunto, pasan a ser ofrendadas a Osiris, juez de los muertos, para que sea benigno con el fallecido.
El siguiente gol contra el sistema feudal lo colocó Mentuhotep III reinstaurando el cargo de visir, con la particularidad de no ser un cargo hereditario, con lo que escapaba del marco feudal. En poco tiempo añadiría el titulo de Hatia al de visir, colocándolo así en un plano de igualdad con los demás príncipes, y mas tarde, reutilizando los barrocos títulos honoríficos de la época menfita, llegara a ostentar además el de canciller del rey y director de la Alta Corte de Justicia y Jefe de la Corte de las Seis Salas, con lo que efectivamente el rey a través del visir, haciendo uso del poder jurídico y administrativo sobre la nobleza, se situaba en la cima de la piramide jerárquica reconstituida.
Mentuhotep III se esmeró en mantener abierta la ruta caravanera del Wadi Hammamat al comercio de las ciudades del Nilo con Arabia y el Punt, (en algún lugar de la costa somalí), con lo que reforzaba los beneficios fiscales de la monarquía. Mentuhotep IV explotó las canteras de la zona y Mentuhotep V acabaría de construir un puerto que comenzó Mentuhotep IV en Wadi Gasus en la costa del mar Rojo.
A Mentuhotep IV lo botaron del trono probablemente algunos nobles conjurados, poniendo al usurpador Mentuhotep V en su lugar, aunque tampoco duró, asumiendo el poder durante un tiempo un nuevo usurpador, antes de ser depuesto poco después, por un hombre ajeno a la nobleza, el antiguo visir de Mentuhotep V, Amenemhat I (“Amón está en marcha”, “Amón es el primero” traducen otros) quien fundaría la XII dinastía. Los príncipes feudales consideraban intolerable que un funcionario hubiese accedido al poder, de manera que mediante oscuras intrigas palaciegas, lograron después de varios intentos, asesinar a Amenemhat, aunque no pudieron impedir que su hijo Sesostris I le sucediera.
A pesar de estos vaivenes políticos, que por otra parte han quedado reflejados en el relato de la epoca “Sinuhé”, las dinastías XI y XII se emplearon a fondo en recuperar las técnicas artísticas y de la construcción, que prácticamente habían desaparecido, esparciendo templos de aquí para allá, incluso en zonas ajenas al propio territorio egipcio. Mucho se había perdido durante el periodo feudal, si bien las ciudades del Norte probablemente conservaron lo esencial, (varias estatuas curiosamente efectuadas en madera, datan de esta epoca) a partir de lo cual resurgiría de nuevo el arte monumental egipcio, aunque jamás superaría el nivel alcanzado durante el Imperio Antiguo. La estatua de Mentuhotep II e incluso el complejo funerario de Deir el Bahari construido por Mentuhotep IV, son ajenos a la tradición y representan una innovación, sin embargo en lo sucesivo se buscará un retorno al clasicismo.

Las distintas creencias sobre la vida en el mas allá, que habían florecido durante el periodo feudal pueden ser agrupadas en dos sistemas, el modelo solar en torno a Amón Ra y el sistema religioso agrario en torno a Osiris en el norte y Min en el sur, y ambos, el sistema solar y el agrario, se encuentran elaboradamente entretejidos en el “Libro de los Muertos”.
El culto a Amón es el culto de la monarquía, y el centro de esta nueva teología sería la nueva ciudad santa de Karnak donde se edificó el santuario de Amon, del que solo se conserva un pequeño quiosco erigido por Sesostris I. Amón (Ra) sufrió una adaptación bastante radical en el intento de asociarlo a Osiris, de tal forma que en adelante Ra, un ente incorpóreo, absolutamente espiritual en su origen, acabará siendo espíritu solo durante el día y durante el viaje subterráneo nocturno será Iufu (Auf-Ra, "las carnes”, el carnero), investido de cuerpo material, un retorcido concepto, emanado del propio mito de Osiris, donde Ra se “contamina” con la materia en el momento de la resurrección de Osiris, al abrazar el cadáver de este, cuando el espíritu creador (Ra) y el bien (Osiris) se funden.
Amenemhat IV es el ultimo rey de la XII dinastía, le sucede la reina Sebeknefrure, posiblemente como regente en lugar de un hijo menor de edad, sin embargo poco después toma el poder Sekhemre Khutaui, quien inaugura la XIII dinastía . Numerosos reyes se suceden en cuestión de 50 años, adoptando los nombres reales de Amenemhat y Sesostris, lo cual es indicio de una cierta continuidad en la política centralizadora de la XII dinastía. Son tiempos oscuros para algunos investigadores, como oscuro es el movimiento de gentes que desde el norte empuja a los beduinos contra las fronteras de Egipto, son los tiempos del bíblico José, el hijo de Jacob.
Mientras los aqueos conquistan Grecia, los hititas se instalan en Asia menor y los medos y los persas se apoderan del actual Irán; florece la Babilonia de Hammurabi, durante un breve periodo Egipto recupera su influencia sobre la costa Siria y el imperio comercial minoico alcanza su apogeo. En un mundo convulso, Egipto intentó adaptarse a la nueva situación admitiendo en su territorio a “los portadores de manadas”, es decir a los que eran solventes, en lugar de cerrar sus fronteras frente a la avalancha humana.
Después de Seankhtaui Sekhemkare, sucesor de Sekhemre Khutaui, el país se divide nuevamente, Xois y luego Tanis serán las capitales del Norte en manos del militar Semenkhkare Mermesha. Mas tarde un nuevo rey, Sekhemre Seuadjtaui unificó otra vez “las dos tierras” y su sucesor Khasekhemre Neferhotep llegaría a ampliar la hegemonía egipcia hasta Biblos. Parece ser que durante el reinado de Khaneferre Sebekhotep, el sucesor de Khasekhemre, la capital de Egipto podía haber estado en Tanis, importante puerto relativamente cercano al Fayum, las prosperas tierras propiedad exclusiva de la monarquía. Durante este tiempo, el abastecimiento del ingente volumen de población, tanto autoctona como inmigrante, y la atención de la demanda exterior, convirtieron el país en un inmenso granero. Una buena administración real, algunos de los reyes que se sucedieron eran hijos de funcionarios, mantuvo durante un tiempo la economía a flote aunque supuso un incremento sustancial del poder feudal, dado el régimen agrícola imperante. Mas tarde el comercio cesaría, una serie de malas cosechas desabastecerían a la población, lo que produjo de nuevo el fraccionamiento del poder real; los príncipes de los nomos fundarían simultáneamente dinastías que extenderían su autoridad aquí y allá en virtud de eventuales alianzas, durante un tiempo llegó a existir una XIV dinastía en Xois, en el Delta, hasta que en un momento dado el Alto Egipto aparece gobernado por un tal Didumes, y el Bajo por el rey Nehesi (“negro”) del que se cree que ya era vasallo de quienes pronto invadirían Egipto, los hicsos. No sabemos hasta que punto fue una invasión traumática, ya que si bien los reyes del Imperio Nuevo se esforzaran mas adelante en dramatizar aquellos momentos, lo harán al parecer solo con el animo de reforzar el esplendor de su propia época, hoy en día se discute mucho al respecto, de hecho cabe la posibilidad de que fuera una ocupación pactada entre los enigmáticos aamu (asiáticos) llamados también heqa khasut (reyes extranjeros) y los reyes del Alto Egipto, quienes habrían entregado el Bajo Egipto sin luchar, replegándose hacia el sur, a sus propios territorios.
En la practica, aunque habían de pagar tributo, existe constancia de que hubo buenas relaciones entre los reyes del sur y los hicsos, quienes abandonado su cultura de origen, se acostumbraron a los modos egipcios rápida y profundamente, adoptando el culto real de Seth, el antiguo y tradicional dios del Alto Egipto, y entablando matrimonio con hijas de los reyes del Sur. De hecho, algunas de las listas de soberanos egipcios que han llegado hasta nosotros, forman las dinastías XV y XVI con los nombres de los reyes de Avaris, la nueva capital del Bajo Egipto.

Bibliografia: El Antiguo Egipto, Jacques Pirenne.

lunes, junio 01, 2009

Impresiones de viajes III





III.


No parece haber ruptura en la línea dinástica entre la IV y la V dinastía. Userkaf y Sahure podrían ser los hijos de Shepseskaf, aunque también es posible que Userkaf fuera en realidad el hijo de la princesa Neferhetepes, hija de Djedefre y un gran sacerdote de Heliopolis. En cualquier caso el hecho esencial es que Heliopolis recupera de nuevo su influencia, y los reyes de la V dinastía ya no pretenden suplantar a Ra, como hizo Cheops, sino que aparecen como sus fervientes seguidores, en adelante Ra, Hathor y el rey formaran una triada. El enfrentamiento existente desde Shepseskaf, entre los sacerdotes de Ra y los de Ptah, debió resolverse a favor de Heliopolis, ya que a los sacerdotes menfitas se les adjudicaba un titulo que les hacia sirvientes de Ra.

El culto solar adquiere la hegemonía sobre los demás cultos. El templo de Ra, que como conciencia creadora no necesita una casa a diferencia de los demás dioses, se caracteriza porque su liturgia se celebraba al aire libre, el templo en realidad es una amplia terraza con un altar, tras el cual se erige una pirámide truncada de la que emerge un obelisco.

Durante la V dinastía, los reyes donarán tierras de sus propios patrimonios a los templos, con las que los sacerdotes llegarán a enriquecerse, tal vez para asegurarse su lealtad el rey Neferirkare concederá además exenciones fiscales a los templos, un privilegio que a la larga le costará caro a la corona. El clero llegará a conformar una nueva clase social, una nobleza hereditaria constituida por los Iry Pât, los príncipes, los Rekh nisut, que son los parientes del rey, y los Imakhu, los fieles. También los visires, que son los más altos cargos civiles, llevaran el titulo de Iry Pât, equiparándose a los propios hijos de los reyes, imagino para sustentar su política absolutista, los reyes de la V dinastía se vieron obligados a hacer grandes concesiones. Surge un nuevo tipo de trabajadores, los “servidores perpetuos”, que desarrollan su actividad en un régimen de semi-esclavitud, aunque probablemente muchos de ellos, dadas las circunstancias, vivían considerablemente mejor que muchos hombres libres, ya que los pequeños propietarios ajenos a la nobleza no podían competir con los príncipes y sus fantásticas prebendas reales.

Para cubrir los enormes gastos derivados del lujo de la Corte, del culto y las grandes construcciones se puso en práctica un nuevo modelo administrativo. Los cuarenta y dos nomos que conformaban el país, quedaron reducidos en materia administrativa a dos, El Alto y el Bajo Egipto, regidos por sendos “directores”. A su vez el Alto Egipto se fraccionó a su vez en otros dos, el Alto Egipto eminentemente agrícola, y las “Ciudades Nuevas” del Egipto Medio, infestadas de mercaderes. Al mismo tiempo, poco a poco, los nomos iran feudalizandose con la aprobación o el consentimiento de la monarquía. Desde el reinado de Sahure concretamente, el nomo de Un (Hermopolis Magna) queda en manos de la familia Serefenka de forma hereditaria. Hay que ver en este hecho, quizás, el distanciamiento que se había ido produciendo entre la realeza y el pueblo llano y la necesidad de vincularse a una elite cada vez más numerosa creada ex profeso.

La Teología solar, tan vinculada al poder real, vería retroceder su influencia en el país al tiempo que proporcionalmente disminuía el control del rey, de tal forma que con el tiempo, los nomos resucitarían sus propios cultos locales en perjuicio del culto solar. Los famosos “Textos de las pirámides”, datables en el periodo predinastico, aparecen entonces abarrotando las paredes de la pirámide de Unas, una tendencia arcaizante reflejo de la crisis social que representa el auge de la nobleza y la oligarquía, frente al declive del culto solar y la monarquía, de hecho a la muerte de Unas, su sucesor Teti I, fundador de la VI dinastía, llego al poder gracias a la nobleza y la oligarquía. En realidad serán los sacerdotes transformados en príncipes quienes gobiernen en adelante las provincias, de hecho ya durante el reinado de Pepi I el “nomarca” de Un lleva el titulo de Hatia, reservado hasta entonces para los visires y virreyes de Nekhen. Al final del reinado de Pepi I casi todo el Alto Egipto se encuentra en manos de príncipes cuyo cargo tiene ya carácter hereditario y que al mismo tiempo son grandes sacerdotes del dios local.

El hijo del rey Pepi I, Merenre a pesar de su juventud, era consciente de lo que se avecinaba, por eso intentó atajar el poder de los príncipes feudales, poniéndolos bajo la lupa de un hombre de su confianza, Uni. La Justicia se había escindido en la Alta Justicia (solo para los nobles) cuya potestad conservaba aun el rey, y la Baja Justicia, en manos del príncipe del nomo.

Merenre aun poseía cierto control militar, en virtud de las bandas de nubios que el rey Teti I trajo para asegurarse un mínimo suficiente, puesto que las levas se hacían en los nomos y los príncipes podían mostrarse reticentes.

El control de los ingresos del fisco, el único recurso económico del rey, tan mermado a causa de las inmunidades de los templos, fue confiado a Uni, desconfiando de la buena voluntad de los “nomarcas”. Inesperadamente el rey Merenre muere, por suerte (?) para los príncipes feudales y es su hermano Pepi II quien accede a la corona con solo cinco años y durante los noventa que dura su reinado, se consuma el colapso del Imperio Antiguo. Al final de su reinado el rey amagó un intento de recuperar poder adquisitivo, declarando nulas todas las inmunidades fiscales concedidas durante los últimos doscientos años, pero el daño en el entramado económico y social era ya tan grave y tan ridicula la influencia de este tipo de decretos, que se vio obligado a desdecirse.

Dada la debilidad del desabastecido ejército real, las fronteras del delta se hicieron perfectamente transparentes para las tribus del Este que invadieron el territorio, estableciéndose alrededor de las ciudades, sustituyendo en muchos casos a la mano de obra local. Grupos de “arqueros asiáticos” entraban a saco en las ciudades del delta llegando a veces hasta el Alto Egipto, a raíz de estos asaltos permanentes, el comercio se paralizó, los campos de cultivo fueron abandonados y la gente que se había quedado sin trabajo acabó sublevándose, las zonas rurales se volvieron altamente inseguras y en todas las ciudades, incluida la propia capital, Menfis. se desató tal revuelo que no quedó titere con cabeza: los títulos de propiedad desaparecieron y la nobleza fue completamente despojada con el apoyo de la pequeña burguesía y el funcionariado. Durante este periodo los antiguos nobles tuvieron que mendigar trabajo a aquellos que fueron sus sirvientes. Merenre II, al año de su reinado, desaparecerá arrollado por una turba de sublevados. La monarquía centralizada sucumbió definitivamente en el Norte, donde las ciudades volverían a prosperar ahora como republicas burguesas independientes, mientras en el Sur, los príncipes feudales se disputarían la soberanía.

Se abre un periodo caótico que presenta un panorama político confuso, actualmente denominado primer periodo intermedio, durante el que conviven tres dinastías simultáneamente, la VII en Menfis donde según Manetón reinaron setenta reyes durante setenta días, la VIII con NeferKauhor Neteribau en Abidos, una mera marioneta del príncipe Shemai de Koptos y la IX con Meribre Kheti I en Heracleopolis. La dinastía VIII desaparece sin dejar rastro tras Demedjibtaui Uadjkare, el sucesor de Neferkauhor. Las republicas independientes de las ciudades del delta y las ciudades nuevas del Egipto medio, aceptarán la tutela del rey Kheti, una vez que este reforzase las fronteras con el apoyo de las propias milicias urbanas, sin embargo los feudales del Sur se alzarían en armas contra la X dinastía heracleopolitana. En su afán por recuperar el control de todo el territorio, Neferkare de Heracleopolis espolearía a su aliado el príncipe Hetep de Hierakompolis (Nekhen) y luego al hijo de este, Ankhtifi, para que atacaran al príncipe Khui de Edfú, aliado del príncipe Antef de Tebas. Ankhtifi obediente, resultó victorioso por lo que fue investido príncipe de Edfú, empleándose en seguida en atacar Tebas, aliándose con el príncipe de Elefantina. Si bien al principio no parecía haberles ido mal, la guerra sufrió un receso a causa de una hambruna generalizada que sacudió el país, tras la cual no sabemos como, es el rey Antef I de Tebas quien se nos presenta como fundador de la XI dinastía, enfrentándose directamente con ello a Neferkare de Heracleopolis. Ambos, Neferkare y Antef mueren el mismo año, el 2120 antes de la era actual.


Texto de Uni.


martes, mayo 19, 2009

Impresiones de viajes II




Intro.

Las Piramides son verdaderamente impresionantes, sin embargo hay que hacer un esfuerzo importante para imaginarse como fueron originalmente, ahora mismo el monotono color de la arena, no nos da ninguna pista, tampoco ayudan los imperdonables vendedores de souvenirs, ni los camellos, mucho menos la absurda procesion multicolor de los turistas. Herodoto describe la tierra de Egipto durante los cuatro meses de la inundación, como un mar, y las ciudades como islas. La presa de Assuan acabó con las endemicas epidemias y los cocodrilos, pero le robó al Nilo su magia. Las pirámides formaban parte de un complejo funerario cuadrangular, diseñado como una ciudad, con edificios, calles y un canal que traia agua desde el Nilo, por lo que cabe imaginarse que todo el conjunto estaria adornado con jardines. Ni Herodoto ni Diodoro de Sicilia mencionan la gigantesca cuarta piramide, quiza porque esta se encontraba separada del resto o tal vez porque entonces ya se la habia tragado el desierto o puede que los conquistadores persas construyeran la fortaleza que daria origen a el Cairo, con las entrañas de Atum-Ra, la colina primordial que se hizo erigir Djedefre, siete metros y pico mas grande que la Gran Piramide.

Solo disponianos de apenas dos horas, para tratar de visualizar todo esto, mientras tratabamos de desembarazarnos de los siempre inoportunos vendedores de escarabajos y turbantes, y de los omnipresentes policias, inanimados la mayoria excepto los escasos desafortunados que se encargan de la inacabable tarea de hacer bajar a la gente de los enormes escalones, a los que se suben continuamente para hacerse fotos y es que los retratos con la piramide al fondo no proporcionan una idea precisa del volumen de la obra.

La imponente Esfinge, vigila el acceso al complejo funerario de Gizah, aunque Herodoto ni siquiera la menciona, puede que estuviera cubierta de arena, en tiempos de Tutmosis IV solo sobresalia la cabeza. Por una parte la arqueologia oficial acepta el -7.500 como fecha de fabrica y al rey Khefren como su autor. Sin embargo un variopinto grupo de especialistas, de los que el profesor Hawass no quiere ni oir hablar, basandose en la observación de determinadas huellas de erosion, aparentemente provocada por la lluvia, retrasan hasta el -12.500 la fecha en que fue tallada, ya que por aquel entonces si debia llover con asiduidad, cosa que no ocurre en absoluto en la actualidad. Se han aportado pruebas indirectas de naturaleza astronomica para avalar esta, por el momento, exigua teoria, como la que relaciona la alineación de las tres pirámides con la de las estrellas del cinturón de Orion, y que tambien afirma que la esfinge mira al Este porque era por alli por donde aparecia la constelación del Leon en el -12.500. Por otra parte hay eminentes arqueologos que ven en la enorme cabeza los rasgos de Kheops y no los de Khefren, opiniones para todos los gustos.  


II.

El Llamado Imperio Antiguo se inicia con Menes, o con Narmer, o con Aha, o puede ser  que todos fueran el mismo, los faraones tenían la costumbre de tener diferentes nombres, uno de Horus,  otro de nisut-bity (rey del sur y del norte), y unos cuantos mas sin contar los grandilocuentes apelativos honoríficos.

 Existen listas de reyes  , como la del papiro de Turín, o la que nos proporciona Manetón, sin embargo la arqueología  ha demostrado que no son muy precisas, aunque parece haber cierto consenso y para el comienzo de la era dinástica se acepta como fecha aproximada el -5000.  La I y II dinastías  emplearon todos sus esfuerzos en mantener cohesionadas las dos tierras, pero ni los feudales del Sur ni la burguesía de las ciudades del Norte se lo pusieron fácil. En un principio se conservaron las instituciones originales de cada región,  en el vano intento de mantener una imagen de normalidad, hasta que ya en tiempos del rey KhaseKhemui, las cosas se pusieron feas. Mientras él se aventuraba en  una expedición a Nubia,  el príncipe feudal de Nubt, Peribsen,  aprovechando su ausencia,  se proclamó rey,  dividiendo nuevamente Egipto en dos.  La guerra que se cobró decenas de miles de muertos la ganó KhaseKhemui, tras la cual procedió excluyendo definitivamente a los feudales de la escena política y sometiendo a los burgueses  al control de intendentes reales. Heliopolis continuó siendo una ciudad sagrada, a pesar de que en adelante los reyes ya no la requerirían más para legitimar su poder. 

Las instituciones tanto del Norte como del Sur fueron vaciadas de contenido y rellenado el esqueleto administrativo resultante con gente allegada al rey. Con el tiempo las formas administrativas del Norte acabaron instaurándose también en el Sur.

 Además de la cosmogonía solar de Heliopolis que data de la época del reino de Buto, sobrevivía en Hermopolis la de Thot, distinta en cierto modo, más física y tal vez mas antigua, quizá aun influenciada por la cosmogonía asiática. La religión solar revela que dentro del Caos primordial (Nun), aunque nada había sido creado aun, se encontraba diluido Atum, fuerza generadora o espíritu de la vida, quien reconociéndose a si mismo , llegó a la existencia, desdoblándose luego para dar origen al dios Ra, la conciencia de Atum.  

Atum-Ra  crea los elementos aire (Shu) y fuego (Tefnut), de cuya unión nació el dios Tierra (Geb) y la diosa cielo (Nut), padres de Osiris, Isis, Neftis y Seth, dos parejas que vienen a significar  los principios del bien y del mal. En total nueve dioses, la Eneada Heliopolita, claramente sincretista, es un autentico rebujo que resume en cierto modo las distintas etapas por las que tuvo que pasar la sociedad desde sus inicios.  Osiris además de representante del bien asume también el papel de creador de la humanidad y de toda vida, también será Nepri, dios del grano, proveedor de nueva vida, símbolo de la resurrección y rey del mas allá. El mito de Osiris es muy conocido gracias a Plutarco, la leyenda de este dios-hombre elaborada desde principios de la época predinástica, parece evidente que refleja las desavenencias no solo entre dioses, sino también las de los antiguos reinos del norte y del sur, además resume las estrechas relaciones del bajo Egipto con la costa siria desde épocas tempranas.

En Hermopolis, Thot, en el papel de del dios Atum, aparece rodeado por cuatro parejas de dioses: Nunu y Nunet que simbolizan el agua primitiva, Kaku y Kaket, las tinieblas, Hehu y Hehet, el espacio, Niu y Niut, la inmovilidad, donde los elementos masculinos son representados como ranas y los femeninos como serpientes. La representación del caos que contiene a Atum (Thot)  es la de un pantano del que surge una colina sobre la que se originará un huevo del que vendría a salir  el Sol. Es una versión con  tinte evolucionista, donde las cosas derivan unas de otras, que la distingue de la versión de Heliopolis, en la que se muestra a Ra como la voluntad creadora.  La idea de la preeminencia de Ra se difundió con rapidez, fundamentalmente para reemplazar la influencia de  Horus en el panteón, demasiado ligado a las todavía recientes trifulcas entre las dos tierras,  además convenía al poder real,  cada vez mas inclinado hacia el absolutismo, sin embargo los reyes nunca abandonaron el culto de Horus.

Durante la III dinastía, se establece una compleja maquina burocrática,  el funcionariado representa en si mismo un nuevo poder dentro del estado y los mas altos cargos, adquirirían con el tiempo el estatus que ostentaba anteriormente la nobleza.  En cuanto a los sacerdotes de Heliopolis acabaron siendo nombrados directamente por el rey,  puede que ese sea el caso del mítico Imhotep, arquitecto en jefe, canciller (cargo máximo  del estado)  del celebre rey Djeser y también Gran sacerdote de Ra. Ellos inauguraron la época de los constructores de pirámides. Por entonces comenzó a usarse el cartucho (shenu) para contener los nombres reales.

Todos los trabajadores que contrataba el Estado eran hombres libres, con todos los derechos y obligaciones, únicamente los prisioneros de guerra eran considerados esclavos del rey, parece ser que la legislación y la moral a ese respecto era muy estricta, durante el Imperio Antiguo  no existió la esclavitud en Egipto.

Menfis, se habia convertido en un gran centro religioso a expensas de Heliopolis, bajo el auspicio de la monarquia, allí se elaboró una nueva doctrina, consecuente con las ambiciones de la realeza, en la que Ptah asumia el papel de Atum-Ra en el esquema de la cosmogonia solar y donde en realidad todos los dioses eran  aspectos o avatares de Ptah, emanados de el. De tendencia monoteista, exhibia una profundidad filosofica singular que barajaba conceptos como el de la inteligencia o el discernimiento (sia) representado por Horus, la voluntad o la decision (hu) simbolizada por Thot, y donde Ur (Atum) dios antiguo del universo, era el corazon (inteligencia) y la lengua (voluntad) de Ptah.  La Teologia menfita impregnó no solo el pensamiento egipcio, sino el de los filosofos presocraticos griegos y a traves de ellos al mundo moderno.

 

  A Snefru, quien inaugura la IV dinastia se le atribuyen la piramide acodada de Dahchur (cerca de la que se construyó Huni poco antes del final de la III dinastia) y la torre escalonada de Meidum de clara influencia asiatica. Si bien Snefru será recordado como un rey amable y humano, su hijo Cheops (Chufu) pasará a la historia como un tirano y un despota si prestamos oidos a los sacerdotes menfitas, durante su mandato se produjo una ruptura radical entre el clero y el palacio, llegando al parecer incluso a cerrarse los templos. En el colmo del absolutismo,  la realeza se diviniza, el rey es Ra encarnado, y por extensión, los altos cargos de la administración, pasaran a ser grandes sacerdotes, los jueces seran sacerdotes de Maat ( la Justicia), el jefe de la administración será gran sacerdote de Thot (la Ley), etc.

Todavia se discute la autoria de la gran pirámide de Gizeh, debido a la escasez de pruebas que la confirmen, unicamente se ha encontrado un miserable cartucho pintado en un lugar recondito del interior de la piramide, conteniendo el nombre de Cheops, unica prueba fisica, descontando el testimonio de Herodoto, desmentido por Diodoro de Sicilia. Sin embargo, en virtud del desmesurado ego de Cheops, es plausible creer que el haya sido el autor de semejante monton de piedras. El conflicto con el clero, perduró durante los mandatos de los hijos de Cheops, Djedefre y Khefren (Khafra), se suavizó con Hordjedef (quien se hizo vegetariano y casto, tras una revelacion)  y  Baufre. Micerinos (Men kaure) hijo de Khefren, retomó el gusto de construir pirámides, pero su hijo Shepseskaf amagó una autentica revolucion, renunciando al nombre de Ra, al cartucho, a la piramide y a todo lo que tuviera que ver con el culto solar, quiza imbuido por la filosofia menfita, y desarrollando una politica de igualitarismo tanto en el plano religioso como en el social, que le valió para ser mas odiado por las clases altas que el propio Cheops,  aunque su recuerdo entre las clases mas populares bordeaba la devocion.