viernes, agosto 14, 2009

Impresiones de viajes V.


A modo de anécdota, en algún momento durante el reinado del primer gobernante hicso de Egipto, Salitis, se produjo una conmoción general en el mediterráneo oriental, provocada por la descomunal erupcion volcanica que acabaria haciendo explotar, literalmente, la isla de Thera, produciendo un maremoto que asoló las costas y puertos de Creta, y cuyos efectos inmediatos en Egipto fueron nueve dias de tinieblas, que debieron dar un susto descomunal a mas de uno en el pais del dios Sol.

A lo largo de cien años aproximadamente, se sucedieron los reyes hicsos, ya completamente “egipcianizados” hacia el 1530, cuando se abre un periodo de esporádicas revueltas populares contra el rey de Avaris, que aunque fueron reprimidas con dureza por Apofis, el rey hicso, convencieron al rey Sequenenre de Tebas de que era el momento de enfrentar a los invasores. En su momia se han encontrado cinco heridas, mortales cada una de ellas, que nos ilustran sobre cual fue el resultado final de sus esfuerzos bélicos, a la vez que sobre el hecho, anecdótico o no, de que los reyes egipcios de aquella época participaban activamente en las batallas. El cuerpo de Sequenenre fue llevado a Tebas donde recibió honores de héroe. Siguiendo su estela, su sucesor Kamose llego incluso a saquear Avaris, ante la estupefacción de todos, sin embargo murió sin completar la tarea que acabaría un hijo de Sequenenre, con la definitiva expulsión de los hicsos, hecho por el que se ha convenido que Ahmosis debía inaugurar una nueva dinastía, la XVIII, con la que comienza el Imperio Nuevo.

Después que algunos conatos de rebelión de Nubia fueran aplastados, Ahmosis se hallaba resuelto a terminar con la amenaza de los aamu, de tal manera que después de conquistar Avaris, persiguió a los restos del ejercito hicso hasta Sharuhen en la costa cananea, donde se habían hecho fuertes y devastó la ciudad hasta tal punto que nunca mas sería reedificada. Una vez ya extinto el peligro de una nueva invasión, extenderia la devastación a todas las ciudades cananeas que pudo, desarrollando una autentica política de terror, tanto en el exterior como en el interior; desde el primer momento, dentro del propio territorio egipcio se aplicó en hacer montones con las manos cortadas de los cadáveres de los seguidores de Seth, partidarios de las dinastías asiáticas (esta era una repugnante costumbre que tenia la finalidad practica de facilitar a los escribas la realización del computo de enemigos muertos, como reflejan todavía los bajorrelieves de Medinet Habu de la época de Ramses III). Su sucesor Amenofis I mantuvo un régimen de protectorado sobre las ciudades de Siria, Nubia y el país de Kus (una parte del actual Sudán), y fue muy bien recordado en estatuas y monumentos por los monarcas posteriores, aunque no se conoce demasiado de su reinado, parece que con el se puede aplicar el proverbio ingles, “no news, are good news” (“que no haya noticias, son buenas noticias”).

La influencia del clero de Amón evolucionó a lo largo de los reinados de los distintos Amenofis y Thutmosis que se sucedieron, si bien nunca volvieron a representar un problema, ya que desde un principio la monarquía mantuvo a la administración en manos de funcionarios laicos, de tal manera que los sacerdotes únicamente tenían cierto control en el exclusivo circulo de la religión, si bien determinados aspectos políticos como el de la sucesión, estaban tan vinculados al dios, en virtud de su intima relación con el rey, que de alguna manera condicionaban su resolución a la aprobación del clero. Los sacerdotes ya no son nobles, son hijos de funcionarios, gente nueva, y es en Amón en quien se apoyan tanto la clerecía como la realeza frente a la feudalidad, Amón es el jefe de los dioses de cada nomo y como el representante del dios es el rey, los nomos se encuentran subordinados a la monarquía, por un algoritmo místico semejante, el clero apoya a la monarquía en tanto en cuanto es quien representa a Amón. Según algunos autores, en aquel entonces, a efectos dinásticos Amón era siempre el padre del rey, si este llegaba a tener descendencia masculina directa (con una princesa real, preferentemente una hermana), el nuevo rey adoptaría el nombre de Amenofis (Amenhotep), si no fuera así, un hijo suyo con alguna concubina debería casarse con una princesa real y entonces tomaba el nombre de Thutmosis, de hecho el clero de Amón no tuvo inconveniente en hacer prevalecer a la esposa y hermana de Thutmosis II, la famosa reina Hatshepsut frente a Thutmosis III quien a pesar de haber sido escogido desde niño para el puesto, aunque no de buena gana, aceptó no reinar hasta la muerte de la reina. De tal manera que los Amenofis eran hijos directos del rey (Amón) y los Thutmosis eran hijos de la ley (Thot era el dios de la ley), eran hijos “legales” siempre y cuando se casaran con princesas reales que aportasen la sangre de Amón (del rey en realidad, claro) a la línea dinástica. Hatshepsut se aprovechó de esta circunstancia para hacer valer sus derechos y conservar el trono apelando a su linaje ( el de Amón) y el clero no solo no planteó objeciones, sino que favoreció efectivamente a la reina, de hecho durante su reinado llegó a existir un mas que sagrado vinculo entre la monarquía y el clero, sin ir mas lejos, el propio segundo gran sacerdote de Amón y gran arquitecto real, Senmut, fue amante de la reina y el constructor del impresionante mausoleo que edificó para ella, al lado del de Mentuhotep IV en Deir-el-Bahari.

Las grandes dimensiones y el suntuoso aspecto que desde este tiempo fue adquiriendo el recinto sagrado de Karnak con las continuas aportaciones de los Thutmosis y los Amenofis (los extremos de los obeliscos y algún pilono llegaron a estar recubiertos de una aleacion de oro y plata denominada electrón), nos pueden dar una idea de la magnificencia que rodeó a la corte de los sacerdotes, verdaderos reyes dentro de su mundo.

Al acceder al trono Thutmosis III, en un primer momento se empleó en restablecer la hegemonía egipcia fuera de sus fronteras, cosa que logró, desbaratando los planes de una coalición de ciudades que se le habían enfrentado y efectuando a continuación una autentica labor de conquista que condujo a Egipto a transformarse en un verdadero Imperio. Se apoderó de Retenu (la franja costera palestino-libanesa) y aseguró su posición en las ciudades costeras de la zona para aprovechar sus flotas recién confiscadas en labores de transporte y abastecimiento, evidentemente no se trataba por tanto de una nueva incursión preventiva, esta vez Egipto llega para quedarse. No destituyó a los príncipes autóctonos en la mayoría de los casos, preocupándose de mantener frecuente contacto directo con sus nuevas provincias asiáticas y de cobrar debidamente los tributos. Luego la emprendió con Mitanni, que en varias ocasiones había organizado sublevaciones contra Egipto, para lo cual, primero conquistó Biblos en cuyos astilleros construiría barcas de cedro con las que atravesar el Eufrates con el fin de enfrentarse al ejercito de Mitanni, al que venció en varias ocasiones, demostración de fuerza que indujo automáticamente a los países limítrofes, Hatti, Assur y Babilonia a buscar la amistad con Egipto colmando al rey de regalos, como era costumbre, en este tipo de situaciones. Thutmosis III estableció bases militares cada 65 Km, a lo largo de la costa siria, con idea de mantener la presencia egipcia en la zona de forma permanente. Sin embargo este Thutmosis no solo es un jefe militar capaz, sino que además demostró poseer una bien engrasada maquina diplomática, que se aplicó en establecer una política de conciliación, de buenas relaciones con las provincias conquistadas, dando comienzo a un periodo de estabilidad del que el comercio fue el beneficiario directo. Además, de alguna manera fue el precursor de una nueva etapa en las relaciones con el clero y en el transcurso de los reinados de los Amenofis y Thutmosis que se sucederán, menguará la influencia política de Amón, que había culminado durante el reinado de Hatshepsut.

Thutmosis III, en cuanto accedió al trono, se empleó en borrar todas las referencias que pudo hallar de Hatshepsut en templos y monumentos, llegando a arrojar a las canteras imágenes y estatuas previamente mutiladas de la reina. Esto no fue solo una mera pataleta infantil, sino que se tradujo en una sigilosa y paulatina vuelta al mas apropiado para la monarquía absoluta, sentido y concepción religiosa de Heliopolis, que por entonces estaba subordinada al clero de Karnak.

Egipto era la primera potencia económica y militar del mundo conocido, sin embargo el lenguaje internacional y el de los negocios, no era el egipcio sino el acadio, el idioma de Babilonia. En las islas del Egeo y las costas griegas por el contrario, se empleaba la moneda egipcia, el kedet, y esto era así en virtud de las marcadas relaciones económicas que desde la dinastía XII mantuvo Egipto con los comerciantes minoicos y posteriormente micénicos, hasta el punto de ser el origen del puerto de Faros, que con el tiempo se transformaría en Alejandria, exclusivamente construido para el comercio con las islas del mediterráneo oriental. La influencia egipcia es patente en los primeros templos doricos y en gran medida en la propia mitología griega: Cecrops el fundador de la mítica primera Atenas, vino de Egipto y también Erecteo, asimismo Dánao, el hermano gemelo de Egipto, se estableció en la ciudad micénica de Argos, etc.

Frente al imperio comercial babilónico, que enlazaba la India y Anatolia con la costa Siria, Egipto desarrolló una intensa actividad comercial por mar apoyándose en las islas hasta Alasia (Chipre), incluso se ha debatido la posibilidad de que existiese alguna forma de protectorado pues hay testimonios de que Egipto cobraba tributos a los príncipes de las islas.

Amenofis II, a la muerte de Thutmosis III, tuvo que sofocar una rebelión de las provincias asiáticas y para dar más miedo, mandó sacrificar públicamente a seis príncipes rebeldes en Tebas y a uno en Napata, la capital del virreinato de Nubia.

Amón, durante el reinado de Amenofis II, disfruta con la sangre derramada y en el templo del dios son sacrificados los enemigos de la monarquía, en cierta ocasión, antes de librar una batalla, esa noche, mientras el rey oraba piadosamente a Amón, “se ordenó hacer victimas vivas. Se ordenó hacer dos pedazos de todos ellos. Y he aquí que todo fue incendiado. Su Majestad estaba solo, Nadie estaba con el. Aparte de la guardia de palacio, las tropas estaban ya lejos del rey” (gran estela de Mit-Rahineh. Vl. Vikentiev “la travesía del Orontes”). Afortunadamente el terrorismo religioso de Amenofis II fue solo un macabro paréntesis, pues Thutmosis IV no actuó de la misma forma, sino que cedió el paso a la diplomacia, como había hecho el anterior Thutmosis, dando asimismo una vuelta de tuerca en el ninguneo del clero, quebrando la influencia de Amón en cuestiones dinasticas, al casarse con Mutemuia, una princesa de Mitanni, en lugar de tomar por esposa a una princesa real egipcia, Mitanni que por entonces temía mas el peligro hitita desde el Norte, habia optado de esa forma por establecer relaciones cordiales con Egipto, su antiguo enemigo.

Amenofis III ahondó la brecha entre la realeza y el clero, imitando lo hecho por Thutmosis IV, al casarse indiscriminadamente con princesas extranjeras pertenecientes a todas las monarquías influyentes de la época, en un afán diplomático sin precedentes.

Las relaciones internacionales exigían una suerte de síntesis religiosa que equiparase a Amón-Ra, con el culto de Shamash, de tal manera que el Faraón ( que es desde este momento cuando se empieza a utilizar el termino) como representante de Amón, ahora un dios universal, apareciera en las provincias asiáticas, dotado de cierta mística legitimidad adicional.

“El Sol…”, “mi Sol…” se hacia llamar el Faraón en los protocolos y la correspondencia diplomática internacional, y un ejemplo del sincretismo alcanzado es el sol alado que aparece a la cabeza en los panteones mitológicos de todas las monarquías de relieve del momento.

“El libro de lo que hay en la Duat” si bien se comenzó durante la XII dinastía, se acabó de redactar en tiempos de Amenofis II y refleja la teología solar propia de las dinastías de Tebas. Este libro, describe el recorrido diario de las dos barcas de Ra sobre las aguas primigenias de Mu que rodean los dos mundos, el inferior y el superior, cruzando como Ra-Horakhti en una de ellas el cielo durante el día y como Iufu (Auf-Ra) atravesando el mundo subterráneo con la otra barca durante la noche. Cada noche Ra, envejecido, revestido de carne, con su aspecto de carnero, exento del sutil espíritu creador, es asesinado por sus propias criaturas, pero si Ra muere, muere con el la existencia en si, por lo que Ra deberá crearla de nuevo, volviendo a nacer cada mañana, surgiendo de la boca de la diosa Mut, con el aspecto de un niño. Todo esto es muy diferente de la mistica tradicional, tanto Heliopolitana, como de la de Hermopolis o la de Menfis, con las que comparte si embargo la esencia del culto solar.

El Himno de Amón, fue una de las armas que la monarquía esgrimió contra la clerecía, apartándose radicalmente de los complicados simbolismos de los que gustaban los sacerdotes de Amón para mantener en el oscurantismo al mundo laico, fue redactado en un lenguaje sencillo con el objeto que pudiera ser comprendido por todos. Amenofis III impuso el retorno a la teología heliopolita (por la que la soberanía reside en la corona sin la intervención directa de Amón, enajenando así cualquier autoridad al clero) y preparó el advenimiento de Atón, el radiante disco solar, con la intención de asimilarlo a las deidades solares asiáticas, buscando establecer una cierta uniformidad religiosa dentro de su Imperio. El Adonai sirio podría ser un ejemplo, dado el parecido etimológico (Adon en hebreo es “señor”, Adonai es el plural mayestático, usado para referirse a la deidad).

Amenofis IV, Akhenaton, llevaría hasta sus últimas consecuencias las ideas religiosas esbozadas por su padre, cortando drásticamente cualquier vínculo con el dogma religioso clásico e instaurando un monoteísmo militante completamente nuevo en su lugar.

viernes, julio 03, 2009

Impresiones de viajes IV



IV.


A Neferkare y Antef I, les sucedieron respectivamente Kheti III en Heracleopolis y Uakhankh Antef II en Tebas, quienes heredaron el conflicto dinástico, la eterna rivalidad entre el sur y el norte.
Kheti III se embarcó por una parte en la ambiciosa empresa de conquistar el nomo de Abidos al Sur y por otra, en apoderarse del delta y expulsar definitivamente a los invasores asiáticos. Mas tarde, su sucesor Merikare se vería obligado a abandonar Heracleopolis, huyendo de una revuelta ciudadana propiciada por la sublevación general de las ciudades del delta, una vez mas, celosas de su independencia, apresurandose el rey en buscar refugio al amparo de los príncipes de Siut, quienes consiguieron restaurar a Merikare en el poder. Los reyes de Tebas en ese momento aprovecharon el desgaste sufrido por ambos bandos para emprender la conquista del Norte, de forma parecida a como había hecho, mil años antes, Narmer (Menes).
Heracleopolis y sus fieles aliados los nomos de Siut y Hermopolis, no pudieron resistir mucho tiempo los embates de las huestes de Antef III, quien a pesar de su éxito, tendría que lidiar en seguida con las ansias independentistas de las ciudades del delta y las de los príncipes feudales, quienes una vez mas se rebelarían en esta ocasión contra la dinastía tebana, infructuosamente ya que todos los territorios fueron “pacificados” después de varias batallas. En adelante, a imitación de las dinastías de Heracleopolis, todos los esfuerzos de los reyes de Tebas se dirigirán a intentar recuperar el protagonismo de la monarquía centralizada tal y como había existido antes del periodo feudal.
Mentuhotep III (Mentu esta satisfecho), parece que fue quien consiguió efectivamente aquello de lo que se ya se vanagloriaba Mentuhotep II, la “pacificación” del Alto y Bajo Egipto. Sin embargo el monarca, según el código feudal, aun es solo el primero de los príncipes y puesto que el príncipe de cada nomo solo reconoce a su dios por encima de él mismo, se imponía una reforma religiosa.
Durante la etapa feudal, la gran mayoría del pueblo había caído en el analfabetismo, y las concepciones religiosas se habían desnaturalizado, sufriendo un proceso involutivo por el cual, muchas poblaciones del Alto Egipto habían vuelto al primitivo culto a la diosa madre. En Tebas era Mut la diosa tutelar de la ciudad, en Cusae, Hathor; en Nekhen, Nekhbet, etc, por otra parte perduraba la influencia del culto de Min, tradicionalmente en esta epoca asociado a Horus, y que rebasaba ampliamente el ámbito de Koptos. El nomo de Un (Jmun) como antigua colonia de Hermopolis (Per Djehuti "la casa de Thot") conservaba el culto al prestigioso dios Thot alrededor del cual se establecerá el sincretismo necesario sobre el que se apoyarán las dinastías de Tebas.
Fue necesario construir una nueva teología para poder recuperar en cierto modo, la esencia del culto solar, si es que quería desembarazar a la monarquía del lastre feudal, y a tal efecto se actualizó un dios arcaico, Amón, para que ocupara en la teología de Thot el lugar que Ra ocupaba en la cosmogonía solar.
Abidos y Un se reparten la capitalidad en materia religiosa, como centros religiosos oficiales, Amon sería promocionado desde el nomo de Un, mientras Abidos seguiría siendo el centro del culto a Osiris. Una vez en la vida al menos era obligatorio para los fieles, peregrinar a Abidos, y hasta tal punto era esto así, que quienes no pudieran en vida tendrían que hacerlo después de muertos, por lo que se proveía al muerto en su tumba con pequeñas barquitas con las que poder llegar a Abidos, en esta época además, las ofrendas que tradicionalmente pertenecían al difunto, pasan a ser ofrendadas a Osiris, juez de los muertos, para que sea benigno con el fallecido.
El siguiente gol contra el sistema feudal lo colocó Mentuhotep III reinstaurando el cargo de visir, con la particularidad de no ser un cargo hereditario, con lo que escapaba del marco feudal. En poco tiempo añadiría el titulo de Hatia al de visir, colocándolo así en un plano de igualdad con los demás príncipes, y mas tarde, reutilizando los barrocos títulos honoríficos de la época menfita, llegara a ostentar además el de canciller del rey y director de la Alta Corte de Justicia y Jefe de la Corte de las Seis Salas, con lo que efectivamente el rey a través del visir, haciendo uso del poder jurídico y administrativo sobre la nobleza, se situaba en la cima de la piramide jerárquica reconstituida.
Mentuhotep III se esmeró en mantener abierta la ruta caravanera del Wadi Hammamat al comercio de las ciudades del Nilo con Arabia y el Punt, (en algún lugar de la costa somalí), con lo que reforzaba los beneficios fiscales de la monarquía. Mentuhotep IV explotó las canteras de la zona y Mentuhotep V acabaría de construir un puerto que comenzó Mentuhotep IV en Wadi Gasus en la costa del mar Rojo.
A Mentuhotep IV lo botaron del trono probablemente algunos nobles conjurados, poniendo al usurpador Mentuhotep V en su lugar, aunque tampoco duró, asumiendo el poder durante un tiempo un nuevo usurpador, antes de ser depuesto poco después, por un hombre ajeno a la nobleza, el antiguo visir de Mentuhotep V, Amenemhat I (“Amón está en marcha”, “Amón es el primero” traducen otros) quien fundaría la XII dinastía. Los príncipes feudales consideraban intolerable que un funcionario hubiese accedido al poder, de manera que mediante oscuras intrigas palaciegas, lograron después de varios intentos, asesinar a Amenemhat, aunque no pudieron impedir que su hijo Sesostris I le sucediera.
A pesar de estos vaivenes políticos, que por otra parte han quedado reflejados en el relato de la epoca “Sinuhé”, las dinastías XI y XII se emplearon a fondo en recuperar las técnicas artísticas y de la construcción, que prácticamente habían desaparecido, esparciendo templos de aquí para allá, incluso en zonas ajenas al propio territorio egipcio. Mucho se había perdido durante el periodo feudal, si bien las ciudades del Norte probablemente conservaron lo esencial, (varias estatuas curiosamente efectuadas en madera, datan de esta epoca) a partir de lo cual resurgiría de nuevo el arte monumental egipcio, aunque jamás superaría el nivel alcanzado durante el Imperio Antiguo. La estatua de Mentuhotep II e incluso el complejo funerario de Deir el Bahari construido por Mentuhotep IV, son ajenos a la tradición y representan una innovación, sin embargo en lo sucesivo se buscará un retorno al clasicismo.

Las distintas creencias sobre la vida en el mas allá, que habían florecido durante el periodo feudal pueden ser agrupadas en dos sistemas, el modelo solar en torno a Amón Ra y el sistema religioso agrario en torno a Osiris en el norte y Min en el sur, y ambos, el sistema solar y el agrario, se encuentran elaboradamente entretejidos en el “Libro de los Muertos”.
El culto a Amón es el culto de la monarquía, y el centro de esta nueva teología sería la nueva ciudad santa de Karnak donde se edificó el santuario de Amon, del que solo se conserva un pequeño quiosco erigido por Sesostris I. Amón (Ra) sufrió una adaptación bastante radical en el intento de asociarlo a Osiris, de tal forma que en adelante Ra, un ente incorpóreo, absolutamente espiritual en su origen, acabará siendo espíritu solo durante el día y durante el viaje subterráneo nocturno será Iufu (Auf-Ra, "las carnes”, el carnero), investido de cuerpo material, un retorcido concepto, emanado del propio mito de Osiris, donde Ra se “contamina” con la materia en el momento de la resurrección de Osiris, al abrazar el cadáver de este, cuando el espíritu creador (Ra) y el bien (Osiris) se funden.
Amenemhat IV es el ultimo rey de la XII dinastía, le sucede la reina Sebeknefrure, posiblemente como regente en lugar de un hijo menor de edad, sin embargo poco después toma el poder Sekhemre Khutaui, quien inaugura la XIII dinastía . Numerosos reyes se suceden en cuestión de 50 años, adoptando los nombres reales de Amenemhat y Sesostris, lo cual es indicio de una cierta continuidad en la política centralizadora de la XII dinastía. Son tiempos oscuros para algunos investigadores, como oscuro es el movimiento de gentes que desde el norte empuja a los beduinos contra las fronteras de Egipto, son los tiempos del bíblico José, el hijo de Jacob.
Mientras los aqueos conquistan Grecia, los hititas se instalan en Asia menor y los medos y los persas se apoderan del actual Irán; florece la Babilonia de Hammurabi, durante un breve periodo Egipto recupera su influencia sobre la costa Siria y el imperio comercial minoico alcanza su apogeo. En un mundo convulso, Egipto intentó adaptarse a la nueva situación admitiendo en su territorio a “los portadores de manadas”, es decir a los que eran solventes, en lugar de cerrar sus fronteras frente a la avalancha humana.
Después de Seankhtaui Sekhemkare, sucesor de Sekhemre Khutaui, el país se divide nuevamente, Xois y luego Tanis serán las capitales del Norte en manos del militar Semenkhkare Mermesha. Mas tarde un nuevo rey, Sekhemre Seuadjtaui unificó otra vez “las dos tierras” y su sucesor Khasekhemre Neferhotep llegaría a ampliar la hegemonía egipcia hasta Biblos. Parece ser que durante el reinado de Khaneferre Sebekhotep, el sucesor de Khasekhemre, la capital de Egipto podía haber estado en Tanis, importante puerto relativamente cercano al Fayum, las prosperas tierras propiedad exclusiva de la monarquía. Durante este tiempo, el abastecimiento del ingente volumen de población, tanto autoctona como inmigrante, y la atención de la demanda exterior, convirtieron el país en un inmenso granero. Una buena administración real, algunos de los reyes que se sucedieron eran hijos de funcionarios, mantuvo durante un tiempo la economía a flote aunque supuso un incremento sustancial del poder feudal, dado el régimen agrícola imperante. Mas tarde el comercio cesaría, una serie de malas cosechas desabastecerían a la población, lo que produjo de nuevo el fraccionamiento del poder real; los príncipes de los nomos fundarían simultáneamente dinastías que extenderían su autoridad aquí y allá en virtud de eventuales alianzas, durante un tiempo llegó a existir una XIV dinastía en Xois, en el Delta, hasta que en un momento dado el Alto Egipto aparece gobernado por un tal Didumes, y el Bajo por el rey Nehesi (“negro”) del que se cree que ya era vasallo de quienes pronto invadirían Egipto, los hicsos. No sabemos hasta que punto fue una invasión traumática, ya que si bien los reyes del Imperio Nuevo se esforzaran mas adelante en dramatizar aquellos momentos, lo harán al parecer solo con el animo de reforzar el esplendor de su propia época, hoy en día se discute mucho al respecto, de hecho cabe la posibilidad de que fuera una ocupación pactada entre los enigmáticos aamu (asiáticos) llamados también heqa khasut (reyes extranjeros) y los reyes del Alto Egipto, quienes habrían entregado el Bajo Egipto sin luchar, replegándose hacia el sur, a sus propios territorios.
En la practica, aunque habían de pagar tributo, existe constancia de que hubo buenas relaciones entre los reyes del sur y los hicsos, quienes abandonado su cultura de origen, se acostumbraron a los modos egipcios rápida y profundamente, adoptando el culto real de Seth, el antiguo y tradicional dios del Alto Egipto, y entablando matrimonio con hijas de los reyes del Sur. De hecho, algunas de las listas de soberanos egipcios que han llegado hasta nosotros, forman las dinastías XV y XVI con los nombres de los reyes de Avaris, la nueva capital del Bajo Egipto.

Bibliografia: El Antiguo Egipto, Jacques Pirenne.

lunes, junio 01, 2009

Impresiones de viajes III





III.


No parece haber ruptura en la línea dinástica entre la IV y la V dinastía. Userkaf y Sahure podrían ser los hijos de Shepseskaf, aunque también es posible que Userkaf fuera en realidad el hijo de la princesa Neferhetepes, hija de Djedefre y un gran sacerdote de Heliopolis. En cualquier caso el hecho esencial es que Heliopolis recupera de nuevo su influencia, y los reyes de la V dinastía ya no pretenden suplantar a Ra, como hizo Cheops, sino que aparecen como sus fervientes seguidores, en adelante Ra, Hathor y el rey formaran una triada. El enfrentamiento existente desde Shepseskaf, entre los sacerdotes de Ra y los de Ptah, debió resolverse a favor de Heliopolis, ya que a los sacerdotes menfitas se les adjudicaba un titulo que les hacia sirvientes de Ra.

El culto solar adquiere la hegemonía sobre los demás cultos. El templo de Ra, que como conciencia creadora no necesita una casa a diferencia de los demás dioses, se caracteriza porque su liturgia se celebraba al aire libre, el templo en realidad es una amplia terraza con un altar, tras el cual se erige una pirámide truncada de la que emerge un obelisco.

Durante la V dinastía, los reyes donarán tierras de sus propios patrimonios a los templos, con las que los sacerdotes llegarán a enriquecerse, tal vez para asegurarse su lealtad el rey Neferirkare concederá además exenciones fiscales a los templos, un privilegio que a la larga le costará caro a la corona. El clero llegará a conformar una nueva clase social, una nobleza hereditaria constituida por los Iry Pât, los príncipes, los Rekh nisut, que son los parientes del rey, y los Imakhu, los fieles. También los visires, que son los más altos cargos civiles, llevaran el titulo de Iry Pât, equiparándose a los propios hijos de los reyes, imagino para sustentar su política absolutista, los reyes de la V dinastía se vieron obligados a hacer grandes concesiones. Surge un nuevo tipo de trabajadores, los “servidores perpetuos”, que desarrollan su actividad en un régimen de semi-esclavitud, aunque probablemente muchos de ellos, dadas las circunstancias, vivían considerablemente mejor que muchos hombres libres, ya que los pequeños propietarios ajenos a la nobleza no podían competir con los príncipes y sus fantásticas prebendas reales.

Para cubrir los enormes gastos derivados del lujo de la Corte, del culto y las grandes construcciones se puso en práctica un nuevo modelo administrativo. Los cuarenta y dos nomos que conformaban el país, quedaron reducidos en materia administrativa a dos, El Alto y el Bajo Egipto, regidos por sendos “directores”. A su vez el Alto Egipto se fraccionó a su vez en otros dos, el Alto Egipto eminentemente agrícola, y las “Ciudades Nuevas” del Egipto Medio, infestadas de mercaderes. Al mismo tiempo, poco a poco, los nomos iran feudalizandose con la aprobación o el consentimiento de la monarquía. Desde el reinado de Sahure concretamente, el nomo de Un (Hermopolis Magna) queda en manos de la familia Serefenka de forma hereditaria. Hay que ver en este hecho, quizás, el distanciamiento que se había ido produciendo entre la realeza y el pueblo llano y la necesidad de vincularse a una elite cada vez más numerosa creada ex profeso.

La Teología solar, tan vinculada al poder real, vería retroceder su influencia en el país al tiempo que proporcionalmente disminuía el control del rey, de tal forma que con el tiempo, los nomos resucitarían sus propios cultos locales en perjuicio del culto solar. Los famosos “Textos de las pirámides”, datables en el periodo predinastico, aparecen entonces abarrotando las paredes de la pirámide de Unas, una tendencia arcaizante reflejo de la crisis social que representa el auge de la nobleza y la oligarquía, frente al declive del culto solar y la monarquía, de hecho a la muerte de Unas, su sucesor Teti I, fundador de la VI dinastía, llego al poder gracias a la nobleza y la oligarquía. En realidad serán los sacerdotes transformados en príncipes quienes gobiernen en adelante las provincias, de hecho ya durante el reinado de Pepi I el “nomarca” de Un lleva el titulo de Hatia, reservado hasta entonces para los visires y virreyes de Nekhen. Al final del reinado de Pepi I casi todo el Alto Egipto se encuentra en manos de príncipes cuyo cargo tiene ya carácter hereditario y que al mismo tiempo son grandes sacerdotes del dios local.

El hijo del rey Pepi I, Merenre a pesar de su juventud, era consciente de lo que se avecinaba, por eso intentó atajar el poder de los príncipes feudales, poniéndolos bajo la lupa de un hombre de su confianza, Uni. La Justicia se había escindido en la Alta Justicia (solo para los nobles) cuya potestad conservaba aun el rey, y la Baja Justicia, en manos del príncipe del nomo.

Merenre aun poseía cierto control militar, en virtud de las bandas de nubios que el rey Teti I trajo para asegurarse un mínimo suficiente, puesto que las levas se hacían en los nomos y los príncipes podían mostrarse reticentes.

El control de los ingresos del fisco, el único recurso económico del rey, tan mermado a causa de las inmunidades de los templos, fue confiado a Uni, desconfiando de la buena voluntad de los “nomarcas”. Inesperadamente el rey Merenre muere, por suerte (?) para los príncipes feudales y es su hermano Pepi II quien accede a la corona con solo cinco años y durante los noventa que dura su reinado, se consuma el colapso del Imperio Antiguo. Al final de su reinado el rey amagó un intento de recuperar poder adquisitivo, declarando nulas todas las inmunidades fiscales concedidas durante los últimos doscientos años, pero el daño en el entramado económico y social era ya tan grave y tan ridicula la influencia de este tipo de decretos, que se vio obligado a desdecirse.

Dada la debilidad del desabastecido ejército real, las fronteras del delta se hicieron perfectamente transparentes para las tribus del Este que invadieron el territorio, estableciéndose alrededor de las ciudades, sustituyendo en muchos casos a la mano de obra local. Grupos de “arqueros asiáticos” entraban a saco en las ciudades del delta llegando a veces hasta el Alto Egipto, a raíz de estos asaltos permanentes, el comercio se paralizó, los campos de cultivo fueron abandonados y la gente que se había quedado sin trabajo acabó sublevándose, las zonas rurales se volvieron altamente inseguras y en todas las ciudades, incluida la propia capital, Menfis. se desató tal revuelo que no quedó titere con cabeza: los títulos de propiedad desaparecieron y la nobleza fue completamente despojada con el apoyo de la pequeña burguesía y el funcionariado. Durante este periodo los antiguos nobles tuvieron que mendigar trabajo a aquellos que fueron sus sirvientes. Merenre II, al año de su reinado, desaparecerá arrollado por una turba de sublevados. La monarquía centralizada sucumbió definitivamente en el Norte, donde las ciudades volverían a prosperar ahora como republicas burguesas independientes, mientras en el Sur, los príncipes feudales se disputarían la soberanía.

Se abre un periodo caótico que presenta un panorama político confuso, actualmente denominado primer periodo intermedio, durante el que conviven tres dinastías simultáneamente, la VII en Menfis donde según Manetón reinaron setenta reyes durante setenta días, la VIII con NeferKauhor Neteribau en Abidos, una mera marioneta del príncipe Shemai de Koptos y la IX con Meribre Kheti I en Heracleopolis. La dinastía VIII desaparece sin dejar rastro tras Demedjibtaui Uadjkare, el sucesor de Neferkauhor. Las republicas independientes de las ciudades del delta y las ciudades nuevas del Egipto medio, aceptarán la tutela del rey Kheti, una vez que este reforzase las fronteras con el apoyo de las propias milicias urbanas, sin embargo los feudales del Sur se alzarían en armas contra la X dinastía heracleopolitana. En su afán por recuperar el control de todo el territorio, Neferkare de Heracleopolis espolearía a su aliado el príncipe Hetep de Hierakompolis (Nekhen) y luego al hijo de este, Ankhtifi, para que atacaran al príncipe Khui de Edfú, aliado del príncipe Antef de Tebas. Ankhtifi obediente, resultó victorioso por lo que fue investido príncipe de Edfú, empleándose en seguida en atacar Tebas, aliándose con el príncipe de Elefantina. Si bien al principio no parecía haberles ido mal, la guerra sufrió un receso a causa de una hambruna generalizada que sacudió el país, tras la cual no sabemos como, es el rey Antef I de Tebas quien se nos presenta como fundador de la XI dinastía, enfrentándose directamente con ello a Neferkare de Heracleopolis. Ambos, Neferkare y Antef mueren el mismo año, el 2120 antes de la era actual.


Texto de Uni.


martes, mayo 19, 2009

Impresiones de viajes II




Intro.

Las Piramides son verdaderamente impresionantes, sin embargo hay que hacer un esfuerzo importante para imaginarse como fueron originalmente, ahora mismo el monotono color de la arena, no nos da ninguna pista, tampoco ayudan los imperdonables vendedores de souvenirs, ni los camellos, mucho menos la absurda procesion multicolor de los turistas. Herodoto describe la tierra de Egipto durante los cuatro meses de la inundación, como un mar, y las ciudades como islas. La presa de Assuan acabó con las endemicas epidemias y los cocodrilos, pero le robó al Nilo su magia. Las pirámides formaban parte de un complejo funerario cuadrangular, diseñado como una ciudad, con edificios, calles y un canal que traia agua desde el Nilo, por lo que cabe imaginarse que todo el conjunto estaria adornado con jardines. Ni Herodoto ni Diodoro de Sicilia mencionan la gigantesca cuarta piramide, quiza porque esta se encontraba separada del resto o tal vez porque entonces ya se la habia tragado el desierto o puede que los conquistadores persas construyeran la fortaleza que daria origen a el Cairo, con las entrañas de Atum-Ra, la colina primordial que se hizo erigir Djedefre, siete metros y pico mas grande que la Gran Piramide.

Solo disponianos de apenas dos horas, para tratar de visualizar todo esto, mientras tratabamos de desembarazarnos de los siempre inoportunos vendedores de escarabajos y turbantes, y de los omnipresentes policias, inanimados la mayoria excepto los escasos desafortunados que se encargan de la inacabable tarea de hacer bajar a la gente de los enormes escalones, a los que se suben continuamente para hacerse fotos y es que los retratos con la piramide al fondo no proporcionan una idea precisa del volumen de la obra.

La imponente Esfinge, vigila el acceso al complejo funerario de Gizah, aunque Herodoto ni siquiera la menciona, puede que estuviera cubierta de arena, en tiempos de Tutmosis IV solo sobresalia la cabeza. Por una parte la arqueologia oficial acepta el -7.500 como fecha de fabrica y al rey Khefren como su autor. Sin embargo un variopinto grupo de especialistas, de los que el profesor Hawass no quiere ni oir hablar, basandose en la observación de determinadas huellas de erosion, aparentemente provocada por la lluvia, retrasan hasta el -12.500 la fecha en que fue tallada, ya que por aquel entonces si debia llover con asiduidad, cosa que no ocurre en absoluto en la actualidad. Se han aportado pruebas indirectas de naturaleza astronomica para avalar esta, por el momento, exigua teoria, como la que relaciona la alineación de las tres pirámides con la de las estrellas del cinturón de Orion, y que tambien afirma que la esfinge mira al Este porque era por alli por donde aparecia la constelación del Leon en el -12.500. Por otra parte hay eminentes arqueologos que ven en la enorme cabeza los rasgos de Kheops y no los de Khefren, opiniones para todos los gustos.  


II.

El Llamado Imperio Antiguo se inicia con Menes, o con Narmer, o con Aha, o puede ser  que todos fueran el mismo, los faraones tenían la costumbre de tener diferentes nombres, uno de Horus,  otro de nisut-bity (rey del sur y del norte), y unos cuantos mas sin contar los grandilocuentes apelativos honoríficos.

 Existen listas de reyes  , como la del papiro de Turín, o la que nos proporciona Manetón, sin embargo la arqueología  ha demostrado que no son muy precisas, aunque parece haber cierto consenso y para el comienzo de la era dinástica se acepta como fecha aproximada el -5000.  La I y II dinastías  emplearon todos sus esfuerzos en mantener cohesionadas las dos tierras, pero ni los feudales del Sur ni la burguesía de las ciudades del Norte se lo pusieron fácil. En un principio se conservaron las instituciones originales de cada región,  en el vano intento de mantener una imagen de normalidad, hasta que ya en tiempos del rey KhaseKhemui, las cosas se pusieron feas. Mientras él se aventuraba en  una expedición a Nubia,  el príncipe feudal de Nubt, Peribsen,  aprovechando su ausencia,  se proclamó rey,  dividiendo nuevamente Egipto en dos.  La guerra que se cobró decenas de miles de muertos la ganó KhaseKhemui, tras la cual procedió excluyendo definitivamente a los feudales de la escena política y sometiendo a los burgueses  al control de intendentes reales. Heliopolis continuó siendo una ciudad sagrada, a pesar de que en adelante los reyes ya no la requerirían más para legitimar su poder. 

Las instituciones tanto del Norte como del Sur fueron vaciadas de contenido y rellenado el esqueleto administrativo resultante con gente allegada al rey. Con el tiempo las formas administrativas del Norte acabaron instaurándose también en el Sur.

 Además de la cosmogonía solar de Heliopolis que data de la época del reino de Buto, sobrevivía en Hermopolis la de Thot, distinta en cierto modo, más física y tal vez mas antigua, quizá aun influenciada por la cosmogonía asiática. La religión solar revela que dentro del Caos primordial (Nun), aunque nada había sido creado aun, se encontraba diluido Atum, fuerza generadora o espíritu de la vida, quien reconociéndose a si mismo , llegó a la existencia, desdoblándose luego para dar origen al dios Ra, la conciencia de Atum.  

Atum-Ra  crea los elementos aire (Shu) y fuego (Tefnut), de cuya unión nació el dios Tierra (Geb) y la diosa cielo (Nut), padres de Osiris, Isis, Neftis y Seth, dos parejas que vienen a significar  los principios del bien y del mal. En total nueve dioses, la Eneada Heliopolita, claramente sincretista, es un autentico rebujo que resume en cierto modo las distintas etapas por las que tuvo que pasar la sociedad desde sus inicios.  Osiris además de representante del bien asume también el papel de creador de la humanidad y de toda vida, también será Nepri, dios del grano, proveedor de nueva vida, símbolo de la resurrección y rey del mas allá. El mito de Osiris es muy conocido gracias a Plutarco, la leyenda de este dios-hombre elaborada desde principios de la época predinástica, parece evidente que refleja las desavenencias no solo entre dioses, sino también las de los antiguos reinos del norte y del sur, además resume las estrechas relaciones del bajo Egipto con la costa siria desde épocas tempranas.

En Hermopolis, Thot, en el papel de del dios Atum, aparece rodeado por cuatro parejas de dioses: Nunu y Nunet que simbolizan el agua primitiva, Kaku y Kaket, las tinieblas, Hehu y Hehet, el espacio, Niu y Niut, la inmovilidad, donde los elementos masculinos son representados como ranas y los femeninos como serpientes. La representación del caos que contiene a Atum (Thot)  es la de un pantano del que surge una colina sobre la que se originará un huevo del que vendría a salir  el Sol. Es una versión con  tinte evolucionista, donde las cosas derivan unas de otras, que la distingue de la versión de Heliopolis, en la que se muestra a Ra como la voluntad creadora.  La idea de la preeminencia de Ra se difundió con rapidez, fundamentalmente para reemplazar la influencia de  Horus en el panteón, demasiado ligado a las todavía recientes trifulcas entre las dos tierras,  además convenía al poder real,  cada vez mas inclinado hacia el absolutismo, sin embargo los reyes nunca abandonaron el culto de Horus.

Durante la III dinastía, se establece una compleja maquina burocrática,  el funcionariado representa en si mismo un nuevo poder dentro del estado y los mas altos cargos, adquirirían con el tiempo el estatus que ostentaba anteriormente la nobleza.  En cuanto a los sacerdotes de Heliopolis acabaron siendo nombrados directamente por el rey,  puede que ese sea el caso del mítico Imhotep, arquitecto en jefe, canciller (cargo máximo  del estado)  del celebre rey Djeser y también Gran sacerdote de Ra. Ellos inauguraron la época de los constructores de pirámides. Por entonces comenzó a usarse el cartucho (shenu) para contener los nombres reales.

Todos los trabajadores que contrataba el Estado eran hombres libres, con todos los derechos y obligaciones, únicamente los prisioneros de guerra eran considerados esclavos del rey, parece ser que la legislación y la moral a ese respecto era muy estricta, durante el Imperio Antiguo  no existió la esclavitud en Egipto.

Menfis, se habia convertido en un gran centro religioso a expensas de Heliopolis, bajo el auspicio de la monarquia, allí se elaboró una nueva doctrina, consecuente con las ambiciones de la realeza, en la que Ptah asumia el papel de Atum-Ra en el esquema de la cosmogonia solar y donde en realidad todos los dioses eran  aspectos o avatares de Ptah, emanados de el. De tendencia monoteista, exhibia una profundidad filosofica singular que barajaba conceptos como el de la inteligencia o el discernimiento (sia) representado por Horus, la voluntad o la decision (hu) simbolizada por Thot, y donde Ur (Atum) dios antiguo del universo, era el corazon (inteligencia) y la lengua (voluntad) de Ptah.  La Teologia menfita impregnó no solo el pensamiento egipcio, sino el de los filosofos presocraticos griegos y a traves de ellos al mundo moderno.

 

  A Snefru, quien inaugura la IV dinastia se le atribuyen la piramide acodada de Dahchur (cerca de la que se construyó Huni poco antes del final de la III dinastia) y la torre escalonada de Meidum de clara influencia asiatica. Si bien Snefru será recordado como un rey amable y humano, su hijo Cheops (Chufu) pasará a la historia como un tirano y un despota si prestamos oidos a los sacerdotes menfitas, durante su mandato se produjo una ruptura radical entre el clero y el palacio, llegando al parecer incluso a cerrarse los templos. En el colmo del absolutismo,  la realeza se diviniza, el rey es Ra encarnado, y por extensión, los altos cargos de la administración, pasaran a ser grandes sacerdotes, los jueces seran sacerdotes de Maat ( la Justicia), el jefe de la administración será gran sacerdote de Thot (la Ley), etc.

Todavia se discute la autoria de la gran pirámide de Gizeh, debido a la escasez de pruebas que la confirmen, unicamente se ha encontrado un miserable cartucho pintado en un lugar recondito del interior de la piramide, conteniendo el nombre de Cheops, unica prueba fisica, descontando el testimonio de Herodoto, desmentido por Diodoro de Sicilia. Sin embargo, en virtud del desmesurado ego de Cheops, es plausible creer que el haya sido el autor de semejante monton de piedras. El conflicto con el clero, perduró durante los mandatos de los hijos de Cheops, Djedefre y Khefren (Khafra), se suavizó con Hordjedef (quien se hizo vegetariano y casto, tras una revelacion)  y  Baufre. Micerinos (Men kaure) hijo de Khefren, retomó el gusto de construir pirámides, pero su hijo Shepseskaf amagó una autentica revolucion, renunciando al nombre de Ra, al cartucho, a la piramide y a todo lo que tuviera que ver con el culto solar, quiza imbuido por la filosofia menfita, y desarrollando una politica de igualitarismo tanto en el plano religioso como en el social, que le valió para ser mas odiado por las clases altas que el propio Cheops,  aunque su recuerdo entre las clases mas populares bordeaba la devocion.

martes, abril 28, 2009

Impresiones de viajes.




Intro.
El aeropuerto no era diferente de otros aeropuertos, largos pasillos vacíos donde nadie se entretiene que conducen a la sala de las pasarelas mecánicas, donde todo el mundo espera no haber extraviado el equipaje, sin embargo esta vez, antes de salir al exterior había que pasar por el control de pasaportes. Dentro de su cabina, el guardia sella los pasaportes con repetidos golpes de tampón, nos mira algo ceñudo, como si fuéramos parcialmente culpables de la tendinitis que sin duda sufre en silencio, luego hace desaparecer inesperadamente nuestra documentación tras una cortina que divide la cabina, donde al menos dos o tres mujeres casi con aspecto de monjas, amontonadas dentro de aquel minúsculo habitáculo, efectuaban difícilmente algún tipo de comprobación antes de devolvernos el pasaporte y la calma.
Como casi todo dios, con idéntico bigote y el mismo corte de pelo, el enviado de nuestra agencia nos esperaba sonriente, cartelito en alto, apartándonos a un lado tras un breve saludo, para agruparnos conforme íbamos saliendo del detector de metales. Ya de noche, el viaje en microbus hasta el hotel fue algo impactante, circular por la ciudad a esa hora realmente parecía una cosa arriesgada, un aluvión de vehículos exigiéndose insistentemente paso unos a otros a golpe de claxon atestaba las autovías en todas direcciones, mientras los transeúntes con niños de la mano cruzaban indolentemente entre el trafico jugándose aparentemente la vida; no vi ningún semáforo, no parecía que los hubiera, tampoco parecía que hicieran falta, no había muestras de ansiedad en las caras de los implicados , ni vi ningún accidente, asombrosamente aquello era la normalidad.
El microbus se detuvo ante una barrera, a cincuenta metros de la entrada del hotel, un soldado con un perro entrenado se levantó de una silla de cocina y un poco hastiado dio una vuelta al vehiculo, el guía nos dijo en tono jocoso que solo buscaban bombas. Poco después, había que atravesar bajo la severa supervisión de un agente de policía, un escáner a la entrada del hotel, recordé la frase que unos días antes empleó la doctora de Sanidad Exterior, “no os preocupéis, es un país muy tranquilo”. Justo al salir del escáner, en el centro de la recepción, que era un elegante gran salón circular con amplios ventanales que daban al río, de pronto, nos topamos con una cantante interpretando una suave melodía clásica mientras tocaba el piano, lo que me pareció desconcertante, allí mismo comprendí que era un “ángel feliz” cuando pagué 30 euros por un visado de entrada al país que cuesta 15 dólares.
El hotel era un lujazo, en pleno centro de la ciudad, enclavado en el extremo de una isla en medio del río, de la que toma el nombre, solo pasaríamos una noche allí. Respiramos literalmemte cuando por fin subimos a la habitación, después de nueve horas entre trayectos, esperas en aeropuertos y el vuelo, solo tendríamos cuatro o cinco horas para descansar antes de empezar la excursión del día siguiente, hasta ese momento todo había sido un puro tramite pero en realidad y a pesar de todo, sentíamos que había ido bastante bien. La terraza del hotel ofrecía una impresionante vista de la ciudad, el frenesí circulatorio parecia haber menguado bastante, pasé unos minutos fuera, aunque lo que me mantuvo allí no fue el reflejo de las luces en el agua, era saber que detrás de la bruma la noche, detrás de la luminosa ciudad, a muy poca distancia, en las afueras, se encontraba, desde hacía miles de años, aquello que hasta el momento solo era el objeto de bastantes horas de lectura.
I.
Dentro del triangulo que formaban las antiguas ciudades de Iunu (Heliopolis), Jem (Letopolis), y Men nefer (Menfis), desplegándose sobre la bisectriz desde el vértice de Heliópolis hacia el incentro , el Cairo (Al Qahira, también Masr) es también el punto desde el que se abre el abanico de brazos que conforman el delta del Nilo.
Letopolis adquirió preponderancia, con la aprobación de la santa sede de Heliopolis, después de que la Coalición Osiríaca de Busiris en el Bajo Egipto, fuera derrotada por la coalición de Nubt en el Alto Egipto, partidaria de Seth. Cambios profundos se produjeron en aquel entonces, en la forma de gobierno del Bajo Egipto y en definitiva en la vida de las personas, desde los tiempos de la revolución social de Anedjti en Busiris, en que los reyes eran elegidos en asamblea, antes del reinado del propio Osiris (si, antes) muerto a los 28 años de su mandato durante una batalla contra el Sur, hasta el establecimiento de la monarquía hereditaria durante la regencia de Horus, en Letópolis. Cambios que no gustaron dentro de la coalición y que provocaron la sedición de Hermópolis (Per Djehuti) y Sais y que solo fraguaron con el definitivo establecimiento de la monarquía horita (al estilo de Letópolis) en Buto, no sabemos como.
Sabemos que el motivo de la discordia fue Abydos, la colonia de Busiris en el Alto Egipto, fundada por Anedjti con el propósito de apoyar a las expediciones en busca de oro. Con el tiempo la mayoría de las ciudades del delta económicamente fuertes, fundaron colonias en el Medio Egipto, principalmente para salvaguardar el tráfico de sus mercancías. La guerra era inevitable y la victoria de la coalición bajo el mandato de Buto sobre los señores feudales del Sur en Edfu, si bien no acarreó la anexión del Alto Egipto, significó la destrucción del poder feudal. Violentos movimientos sociales en el Alto Egipto elevaron a Min (dios agrario al estilo de Osiris) a la categoría de culto oficial en detrimento de Seth, primero en Ipu (Panopolis), donde alguien ajeno a la nobleza, llegó al poder por un proceso similar al que llevó a Anedjti en Busiris a arrebatar el control a las clases altas y con el probable apoyo de Buto extendió su revolución hasta Gebti (Koptos), importante por su conexión con el Wadi Hammamat , la ruta caravanera al mar Rojo, desde ahí la revuelta se proyectaría a todas las ciudades del Sur, que adoptaron sistemáticamente el nuevo culto de Min, situación que desembocó en el advenimiento de la monarquía en Nekhen (Hierakompolis), Dos estados, Nekhen y Buto, una sola religión, aunque no duró demasiado, el poder absolutista de Buto pronto fue insoportable para la mayoría de los nomos del Bajo Egipto que acabaron escindiéndose, momento que aprovecharon tribus asiáticas para invadir el territorio. Los grabados del mango del cuchillo de Gebel-el-Arak parecen constatar estos acontecimientos.. La monarquía de Hierakompolis trasladó su capital río abajo, a Abydos (Tinis), dispuesta a enfrentar la situación.
Durante este periodo, nació la primera dinastía unificada de las dos tierras, la monarquía del sur desde su nueva capital en Abydos se hizo con el control, enfrentándose a los asiáticos y de camino anexionándose las tierras del delta. En la paleta de Narmer, se pueden ver los diez cuerpos decapitados pertenecientes a los magistrados de Metelis , la ciudad que encabezó la ultima resistencia, después de que Buto fuera desmantelado. Los reyes del sur fueron los primeros en llevar las dos coronas, la abeja de Sais y Buto, junto a la caña de Nekhen, los símbolos jeroglíficos de los reyes del Alto y Bajo Egipto. Todos estos hechos son anteriores al año -5000, y contemporáneos de fenómenos sociales como el que marcó el fin del periodo de Uruk en Mesopotamia, previo a la instauración de lo que se ha llamado el Periodo Dinástico Arcaico.

 
Bibliografia: "Historia del Antiguo Egipto", Jacques Pirenne.