martes, febrero 09, 2010

Impresiones de viajes XI





No hace falta decir que la caída de Nínive fue un acontecimiento muy celebrado, sin embargo la desaparición de Asiria, no significó nada en absoluto, pues Media se encontraba con la posibilidad de ocupar ese vacío, de hecho disponía de un ejercito poderoso, entrenado, pertrechado al estilo asirio y reforzado además con tribus escitas y cimerias (aun mas sanguinarias que los asirios), únicamente los acuerdos de la monarquía meda con Lidia y Babilonia, que eran sólidos y estaban avalados con los característicos enlaces matrimoniales de miembros de las casas reales, mantenían a las huestes persas en sus cuarteles. Esta situación cambió cuando el nieto del rey, el persa Ciro, apoyado por la diplomacia babilónica, la cual esperaba poder dividir en dos el enorme imperio medo, fue proclamado soberano por las tropas conjuntas medo-persas, que traicionaban de esa forma al hasta entonces rey medo Astiages. Sin embargo Ciro venció a la oposición meda, frustrando las aspiraciones babilónicas, unificó de nuevo el reino y trató bien a su depuesto abuelo, cosa que se salía de lo habitual y que se convirtió en una marca de fabrica de la diplomacia persa.
En tiempos de Aliates, el cuarto rey de Lidia si no tenemos en cuenta el mítico rey Lido contemporáneo de la guerra de Troya, el imperio lidio abarcaba Caria, las ricas ciudades de la costa jonica y Frigia, anexionada después de que el reino del famoso rey Midas sucumbiera a la ultima invasión cimeria, si bien estos países conservaron sus propios gobernantes y disfrutaban de una amplia autonomía. Los lidios no eran griegos, sin embargo la influencia griega en el país era determinante y antigua, al igual que su propia cultura impregnó a la griega fundamentalmente en aspectos como la música y las artes, pero ya durante el reinado de Creso, casado con una griega, se adoptó el alfabeto griego, llegando a ganarse el reconocimiento de las ciudades mas influyentes, Atenas y Corinto, también Esparta llegó a sellar una alianza con Lidia poco después de recibir como regalo una estatua de Apolo de oro, además hay constancia de que Creso hizo frecuentes e importantes donaciones al templo de Delfos. El éxito lidio provenía fundamentalmente del comercio y de sus recursos minerales; todo el mundo, incluida Babilonia y Egipto, mantenía intensos contactos diplomáticos y financieros con Sardes y su puerto Trebisonda debía ser uno de los mas activos del mundo (en castellano existe la voz “Trapisonda” que significa “bullicio, tropel”). Lidia, técnicamente podría ser la cuna del moderno capitalismo monetarista, puesto que Creso (otros dicen que Giges, otros que Ardis, otros que Sadiates) fue el primero en acuñar una moneda con efigie, el busto de un león, símbolo de la dinastía Mermnada, con un peso y una aleación garantizados; hasta entonces se traficaba con lingotes, de forma y factura diversa y con pesos o medidas como el óbolo y el dracma griegos, este ultimo equivalente al kedet egipcio.
Según la tradición, un oráculo en Delfos vaticinaba la caída de un imperio, en el caso de que Creso atravesara con un ejercito el río Halys, de manera que confiando en poder derrotar al ejercito persa y sin esperar a que llegara la ayuda que Amasis le había enviado, cruzó la frontera con Persia y descubrió que el imperio que debía caer era el suyo. Ciro, después de tomar Sardes, trató estupendamente a Creso, concediéndole la administración de un puñado de ciudades en Media, pasando a ser desde entonces una especie de consejero real en asuntos internacionales, tan eficaz que en solo unos meses, todas las ciudades griegas de Asia, fueron sometidas por el general persa Harpago. Ciro no quiso cruzar el mar y continuar hasta Occidente, prefirió ampliar sus posesiones por el Norte, Nordeste y al Sur hasta la India, con el objeto de asegurar para su imperio una inagotable fuente de ingresos.
Babilonia, que no hizo nada para frenar el desarrollo de los acontecimientos, tras un fugaz enfrentamiento, cayó en brazos de Ciro, que entró triunfalmente en la ciudad sin encontrar resistencia, lo que ha llevado a pensar que debía contar con partidarios influyentes, enemigos de Nabonido quien por otra parte pasaba demasiado tiempo fuera, en su residencia del oasis de Taima. Nabonido accedió al poder después de unos seis años de inestabilidad dinastica, derrocando a Labáshi-Marduk, nieto de Nabucodonosor, hijo de su yerno Neriglisar, que había depuesto a su hijo Amel-Marduk. Al parecer Nabonido se distanció del clero de Babilonia, fiel a Marduk, mostrándose adepto del dios Sin, un antiguo dios de la luna, rompiendo con el culto solar oficial. Además Nabonido no pertenecía a la casa real, posiblemente era de orígenes arameos, aparentemente nada le unía a la ciudad, sin embargo ante la amenaza de los persas, tuvo un controvertido gesto: regresó a Babilonia desde Taima y mandó reunir a todas las imágenes de los dioses en la ciudad, trayéndolas directamente de sus templos. Era habitual en aquella época que tras la conquista de una ciudad, los dioses patronos de la misma fueran “secuestrados” por el ejercito invasor y deportados a la ciudad vencedora, una forma de humillación que Nabonido tal vez trataba de evitar con esta medida, o quizás quiso obligar a que sus fieles acudieran a defender la ciudad, que en cualquier caso prefirió entregarse a los persas sin luchar. Nabonido, como Creso, fue bien tratado y nombrado sátrapa de Carmania. Tras la caída de Babilonia las ciudades fenicias no tardaron en someterse al dominio persa, lo que supuso para el imperio el acceso a la poderosa flota cadmea.
El papel de “elegido de Yahveh” que Ciro representa en la Biblia, indica que tal vez la comunidad judía de Babilonia, los descendientes de los deportados por Nabucodonosor, al igual por otra parte que el clero de Marduk, debian tener razones para considerar a Ciro como un libertador, es un hecho que autorizó el regreso de los israelitas a Canaan. en cualquier caso la formula que vinculaba a los reyes persas con la divinidad era distinta de la de los países del entorno, mientras que la moral egipcia considera al rey como “hijo de Ra” nada menos, la moral persa entendía que el rey es como mucho “el elegido de Ahura-mazda”, cosa que ya levantaba ampollas entre los príncipes feudales persas, una especie de “el ejecutor de la voluntad de dios” que vendría a ser lo mismo que “el que persigue el bien y administra con justicia en nombre de dios” de tal forma que en los países conquistados el monarca sería siempre titulado como “el elegido” de la divinidad local, el de Marduk en Babilonia, el de Zeus o el de Apolo en Lidia y Jonia, el concepto además potenció en la moral judía la primitiva idea del “Mesías”. Culturalmente los persas dependían en gran medida de Babilonia; al igual que los asirios, adoptaron la escritura cuneiforme y el arameo como lengua internacional, no obstante su moral religiosa era profundamente diferente de la babilónica y en ciertos aspectos, similar a la egipcia; convencida del más allá, tendente al monoteísmo y preocupada por el bien y el mal. El mazdeísmo predicaba una gran devoción al concepto de justicia, un principio asimismo fundamental de la religión egipcia, aun hoy vemos por todas partes, grabada obsesivamente en monumentos de todas las épocas, la pluma, símbolo de la diosa Maat.
La monarquía persa, a diferencia de la asiria, comprendió inmediatamente que para prolongar un imperio, tras las rudezas de la conquista, era imprescindible mostrarse generoso con los pueblos sometidos, cosa que los soberanos asirios entendieron demasiado tarde, de tal manera que por primera vez en la historia, la antigua idea del imperio universal que tantos reyes de distintos países habían saboreado solo mentalmente, estuvo en trance de verse realizada y aunque Ciro murió combatiendo a los masagetas de la reina Tomiris, su sucesor Cambises continuó en esa línea.

Amasis, después del fracaso de la expedición de apoyo a Creso, no volvió a enfrascarse en conflictos bélicos, con excepción de la ocupación de la isla de Chipre, punto neurálgico de contacto con la costa fenicia y el ámbito helénico.
Aunque ejerció como tal, no fue exactamente un faraón, vilipendiado al principio por sus orígenes ajenos a la nobleza, supo ganarse el afecto de la población, demostrando a lo largo de su prospero reinado, una indudable habilidad política.
Abandonó el protocolo real, tal y como hiciera mas de dos mil años antes Shepsheskaf, rechazando el nombre de Horus y el titulo de “hijo de Ra”, aunque adoptó el de “hijo de Osiris”, para sumarse a la corriente mística popular y distanciarse del culto oficial, de hecho su nombre solo viene precedido en las inscripciones, por la abeja y el junco, esto es, “rey del Alto y Bajo Egipto”, sin mas parafernalia protocolaria al uso, enfatizando con esto su independencia de la clase noble y su vinculación, por lo tanto, a los intereses de los ciudadanos.
Se casó con la hija del rey Battos II de Cirene, el ultimo rey griego, con lo que se daban por normalizadas las relaciones con dicha colonia, después del incomodo affaire de Apries, también dio una efectiva solución el problema de la aparente invasión de comerciantes griegos en Egipto, concentrándolos en su colonia de Naucratis, cosa que benefició tanto a griegos como a egipcios y para colmo, según “la crónica demótica”, un texto del año doscientos y pico antes de la era actual, Amasis convocó una asamblea de ciudadanos, para refrendar las reformas que debían llevarse a cabo, allí se gesto la supresión definitiva de los regimenes inmunistas de los templos, quedando revocado a perpetuidad , el infame derecho de los sacerdotes a cobrar impuestos privados, acabando así, de lo mas democráticamente, lo que había empezado Psametico I.
Con todo ello, Amasis aseguró la tranquilidad de su reinado, puesto que el activismo político del clero de Menfis era prácticamente nulo, a diferencia del de Tebas en épocas anteriores. Lo cierto es que la dinastía Saíta, a pesar de haberse esforzado en desposeer a la nobleza sacerdotal, en parte para ocupar la mano de obra desempleada, en parte para desactivar los recelos del clero, sembró el Delta de fantásticos templos y diversas obras monumentales, que conocemos solo por referencias de los autores clásicos greco-latinos, porque poco o nada se ha conservado.

La caída de Lidia en manos de Ciro, supuso la huida de inmensas fortunas
y de gran parte de la flota jonia, hacia las comparativamente humildes ciudades del Atica ateniense, riquezas que al parecer sirvieron de alguna forma para decantar las propias luchas políticas internas, que enfrentaban al partido democrático y al partido oligárquico en todo el mundo griego. En Naxos y Samos, Ligdamis y Policrates respectivamente lograron, no sin sangre, instaurar regimenes que debían asegurar un mejor reparto de la riqueza y en la propia Atenas ocurría lo mismo después que Pisistrato venciera en Maratón al partido oligárquico (no es la célebre batalla de la que creo que todos hemos oido hablar).
El puerto de Samos, había aumentado considerablemente su relevancia, hasta tal punto que solo la flota de guerra conjunta de Policrates y Amasis, podía hacer frente a las flotas jonias y fenicias en poder de los persas, sin embargo la defección de Policrates, seducido quizás por las riquezas que los persas le prometían, dejó tanto a Egipto como a toda Grecia en una delicada posición, la potencia militar persa tanto por tierra como por mar superaba ahora con creces las posibilidades egipcias, en realidad, la flota era su única fuerza, puesto que el ejército de mercenarios jonios, había perdido mucho de su furor combativo desde que Jonia fuera anexionada al imperio persa.

Bien puede decirse que al circo que Psametico III heredó a la muerte de Amasis, le crecieron los enanos. El capitán general del ejército egipcio, Fanes de Halicarnaso, se pasó al enemigo y entregó a Cambises, los detalles de la defensa de Egipto. Mas tarde el antiguo canciller de Amasis, gobernador de Sais, Udjahorresne, convertido por Psametico III en almirante de la flota, obraría de igual forma que el general jonio. Con los informes de Fanes, Cambises se plantó ante Pelusa con un impresionante ejército, derrotando después de una larga y cruenta batalla, a las tropas egipcias. Sais no opuso resistencia, Heliopolis fue conquistada y el rey se refugio en Menfis que en principio se negó a capitular. La ciudad fue asediada y aunque terminó por rendirse, sufrió las crueles represalias con las que los persas solían estimular la cooperación en los países recién conquistados, el propio Psametico fue torturado física y psicológicamente y su familia asesinada. Mas tarde Cambises, siguiendo la costumbre inaugurada por Ciro, quiso mostrarse magnánimo y resarcir a Psametico proponiéndole gobernar Egipto como sátrapa, sin embargo Psametico, obviamente resentido, intentó provocar un levantamiento popular y acabó siendo ejecutado.
Dueño de Egipto, Cambises le había echado el ojo a Cartago, pero la flota tiria se negó a combatir contra sus compatriotas, entonces dirigió su punto de mira a Grecia. Entre tanto, decidió proclamarse faraón, apelando a ficticios derechos de sangre, se arrogó todos los títulos reales, declarándose “hijo de Ra” y con el insustituible consejo de Udjahorresne, a pesar de los múltiples sacrilegios en los que al parecer había incurrido durante la conquista, buscó el apoyo del partido sacerdotal, la antigua nobleza y las clases poderosas; los enemigos de Amasis, sumamente interesados en recuperar sus antiguos privilegios. A la muerte de Cambises, una revuelta meda, colocó en el poder al mago Gaumata, sin embargo una alianza de los siete señores feudales persas, el máximo órgano de poder, lo destronó a los pocos meses, poniendo en su lugar a Dario. Este se dedicó a dar forma al imperio persa, organizándolo en satrapias, estableció redes de comunicación como la que enlazaba extremos tan distantes como Sardes con Susa; en Egipto construyó algunos templos y terminó el canal proyectado por Necao, que unía el Nilo con el Mar Rojo en Suez, obra verdaderamente faraónica, que abrió la ruta de la India directamente a las ciudades del Delta, poniéndolas en una posición comercial que secularmente había pertenecido a Babilonia y que marcará el comienzo del declive de la milenaria ciudad mesopotámica.

Dario representaba en el mundo de entonces, el poder absoluto de la monarquía, en Egipto fue “el elegido de Amón” y en todos los países sometidos, siempre apoyó explícitamente al partido oligárquico y tradicionalista, frente al creciente empuje de las ideas democráticas emanadas de Egipto y que bullian en plena efervescencia al otro lado del mediterraneo, en Atenas, desde donde el eco de sus conquistas, rebotaría en todas las costas a un lado y otro del mar, extinguiendo, con la excepción de Cirene, todas las monarquías existentes, siendo sustituidas en la mayoría de los casos, por magistrados electos. Poco después de que el partido democrático de Atenas rechazase la invasión persa en la celebre batalla de Maratón (esta sí es la famosa), una aparentemente espontánea rebelión popular anónima, en todo el territorio egipcio, de la que no se conocen jefes ni instigadores, logró expulsar por unos meses a los persas, fundamentalmente porque Dario enfermaría y moriría poco después, en realidad el destino de Egipto esta vez estaba sentenciado, nuevos protagonistas interpretarán en adelante los viejos papeles, aunque Egipto no desaparecerá de un plumazo, como Hatti, Mittani o Asiria, el declive de su varias veces milenaria civilización, será lento y prolongado, como no podía ser de otra forma.

domingo, enero 03, 2010

Impresiones de viajes X


Cuenta el “Critias” de Platón, que el celebre legislador Solón, conoció a través de los propios sacerdotes de Sais, el fabuloso mito de la Atlántida que Platón nos quiso dejar, aunque no fue lo único, con toda probabilidad el inventor de la Timocracia (un nombre ciertamente apropiado), tomó buena nota del código legislativo existente en el Egipto de Psametico, que se inspiraba directamente en el de Bocchoris, aunque este ultimo no era desconocido en el mundo griego desde la legislación de Carondas de Catania. Por aquella época, Tales de Mileto, jonio de origen fenicio, puso al alcance de Europa los conocimientos científicos y filosóficos que aprendió en Egipto, convirtiéndose en el padre de dos líneas de pensamiento diferenciadas que influyeron notablemente en el devenir cultural del mundo, a través de dos de sus discípulos, por un lado Anaximandro, eminentemente empírico al igual que su maestro, por otro lado, el mucho mas famoso y tan místico como para dar origen a una nueva corriente religiosa, Pitágoras, de quien Heródoto sugiere que aprendió la teoría de la “metempsicosis” en Egipto, a pesar de que la teología oficial egipcia nunca contempló el fenómeno de la trasmigración de las almas, tal vez Heródoto solo interpretó erróneamente el gusto de los egipcios por amortajar a todo bicho viviente. La influencia egipcia alcanzó a todos los órdenes de conocimiento, en mayor o menor medida, en la arquitectura, los peristilos griegos son calcados de los egipcios y la columna dorica al igual que las de ciertos templos egipcios tiene dieciséis acanaladuras. En cuanto a si existe relación entre la religión egipcia y la griega, el propio Heródoto no tiene ningún escrúpulo en decir que el panteón griego fue tomado de Egipto, denominando siempre a cada dios con el nombre de su equivalente griego y llegando incluso a negarse piadosamente, en mas de una ocasión, a proporcionar detalles que pudieran haber representado una profanación, una actitud lamentable que ha arrebatado de esa forma a los estudiosos, una información preciosa sobre determinados aspectos de las costumbres egipcias.

Hay quienes defendieron en su momento, el carácter mágico de algunos ritos y maneras egipcias, sin duda tenían motivos para ello, el conocido muñeco de cera al que se aguijonea con animo de dañar a la persona representada, aunque actualmente lo asociamos automáticamente al vudú caribeño, en realidad era un recurso al que recurrieron incluso los mismísimos faraones, ya desde la época de Ramses. Además, el intrincado sistema de asociaciones entre divinidades no siempre fue entendido por la gente, entre la que proliferó, sobre todo en época Saita, un cierto fetichismo: había quien prometía alimentar espléndidamente al animal que simbolizaba al dios invocado, si sus peticiones resultaban satisfechas y sobre todo quien enterraba momias de animales en los recintos sagrados a modo de homenaje al dios que representaba.

Por otra parte la noble disciplina científica conocida hoy como química, nacida a partir del oscuro y en su día perseguido arte de la Alquimia, toma su nombre del egipcio antiguo: kemi , Kmt “el país de la tierra negra”, Egipto, de donde eran los mas famosos médicos de la antigüedad, conocedores de todo tipo de pócimas, efectivos remedios y por supuesto también de fulminantes venenos, elaborados siempre según un estudiado ritual en el que no faltaban los conjuros y los sortilegios. En Sais se sabe que existía una escuela de médicos, a la que podían asistir estudiantes sin recursos por medio de becas y de donde salían convertidos en auténticos especialistas en oftalmología, traumatología, etc.

Se ha malinterpretado mucho de la religión egipcia, se quiso ver como una muestra de estupida zoolatría, el nuevo modo de representar, en ocasiones, a los dioses en esta época, cuando empezaron a ser mostrados conservando la cabeza de animal tradicional, pero ahora con cuerpo de halcón en lugar de cuerpo humano. En realidad se trata de una nueva evolución de la teología oficial, en el intento de alcanzar un sincretismo entre el culto solar y los movimientos místicos populares en torno a Osiris, Isis y Horus. Si a Horus se le representaba con cabeza de halcón, dando a entender que era un aspecto de Ra, así el resto de los dioses, conservando su cabeza original, fueron representados con cuerpo de halcón para dar a entender que únicamente eran emanaciones de Ra.

El clero menfita se habia deshecho de la formula tebana de Amon-Ra, integrando ese concepto en el antiguo dios Atum (en realidad Amon desaparece del culto real), por lo tanto, Ra no es ya la conciencia del caos, sino que es Atum mismo quien existe desde el principio (Atum-Ptah), plenamente consciente y quien aparece como creador de todas las cosas, de tal forma que Ra no es sino solo un aspecto de Ptah, quien es también de forma simultanea, Osiris, como principio regenerador y redentor de la humanidad.

El auge del culto al buey sagrado, representa un fenómeno internacional, que abarca toda la cuenca mediterránea y Asia, y en Egipto simboliza la forma viva en la que Ptah se manifiesta: Apis, nacido de un rayo solar y de una ternera que es la diosa Nut en su apariencia de vaca, simboliza a Ra, señor de la creación y la vida, es el testimonio viviente del poder creador de Ptah y será venerado en vida como el “Sol viviente” y tras su muerte, después de su embalsamamiento, será vinculado a Osiris y venerado como Osiris-Apis (Serapis), asimismo según esta misma formula, Ptah es durante el día, Ra, el sol creador, y durante la noche, Osiris, el que franquea el camino a la vida eterna.

El sincretismo elaborado en Menfis, al igual que, en su momento, el de Tebas o Heliopolis, una vez mas buscaba la conjunción de la base social y el clero bajo el amparo de la monarquía, que asimismo necesitaba el apoyo popular ya que al haber destruido por completo la feudalidad, se había creado poderosos enemigos entre la opulenta antigua oligarquía, que no llevaba muy bien la perdida de sus privilegios aristocráticos. Pacificado el Delta y reconstruido el edificio administrativo, Psametico empleó después su ejercito, formado fundamentalmente de mercenarios griegos y asiáticos, en restablecer el control de Nubia, reconquistar Palestina y en ultima instancia, por absurdo que pueda parecer, en intentar apoyar a Asiria que por entonces, sucumbía a manos de los medo-persas y los babilonios, si bien estos últimos dieron tal paliza en Harrán al ejercito egipcio, que tuvo que salir por pies y abandonar Asiria a su suerte. Psametico jugó esa baza no precisamente por amistad o gratitud, sino porque la experiencia le había demostrado que se necesitaba un estado amigo al estilo de Mittani mas allá del Orontes si es que se quería imponer una hegemonía sostenible sobre siria y las provincias fenicias.

Los días del imperio asirio acabaron cuando se encontraba en todo su apogeo, fue un batacazo descomunal, primero cayó Assur y en seguida Nínive, en el 612. En realidad el antaño temible ejercito asirio fue vencido porque por entonces ya no existía dicho ejercito, las tropas habían estado siendo reemplazadas con unidades asiáticas, según iban muriendo las autóctonas, hasta que al final, la practica totalidad del ejercito asirio estaba formado por tropas extraídas de los países conquistados, bastante menos motivadas que las originales. El territorio asirio fue repartido de mutuo acuerdo, el Norte y el Este para el medo Ciaxares, el Sur y el Oeste para Nabopolasar rey de Babilonia, entre tanto tras cincuenta y seis largos años de reinado, moría Psametico I, quien habiendo rescatado a Egipto de la profunda decadencia en la que se encontraba inmerso, dejaba a su hijo Necao, un país independiente, reorganizado, rico y prospero.

Necao continuó la política de Psametico, intentando ayudar a los restos de las tropas asirias que habiendo proclamado rey a Assuruballit, intentaban aun hacerse un hueco en la zona, pero Nabopolasar cayó sobre ellos, aplastándolos antes de que pudiera recibir los refuerzos egipcios, quedando la frontera en el Orontes, con lo que, a pesar de todo, durante tres años Egipto recuperó las dimensiones del imperio de Tutmosis III, transcurridos los cuales Nabucodonosor, el que sería luego el sucesor de Nabopolasar, poco antes de acceder al trono, venció en Karkemish al ejercito egipcio, persiguiendolos luego, pero en ultima instancia Necao pudo rechazar a las tropas babilonias e incluso apoderarse de Gaza, salvaguardando el acceso a las ciudades fenicias, que permanecían independientes. Poco después Necao organizó una pomposa procesion compuesta por el mismo y una nutrida representación de los delegados de los templos del pais, portando ramilletes para la diosa de Biblos de parte de los dioses egipcios, un gesto de apoyo al partido egipcio en la ciudad. Lo cierto es que Babilonia dejó en paz a Egipto y viceversa, ambos estados se limitaron a cultivar sus respectivos circuitos comerciales, marítimo, con Lidia y las islas, el egipcio, continental, con Lidia y la India, el babilónico, que sumados condujeron al mundo de la época en general, a una nueva era de prosperidad.

El antiguo empeño de los monarcas egipcios de abrir el acceso al Indico desde el Nilo a través del mar rojo, nunca fue del todo abandonado, Necao llegó a enviar desde el mar rojo, una expedición conducida por navegantes fenicios, con la intención de rodear el continente africano, propósito que se vio cumplido al cabo de tres años, a pesar de las reticencias del propio Heródoto, nuestra fuente de información al respecto, quien consideraba imposible que el sol quedara a la derecha tras doblar el cabo de Hornos, comentario gracias al cual podemos suponer hoy que aquellos intrépidos fenicios verdaderamente debieron dar la vuelta a Africa.

Psametico II, el sucesor de Necao, al igual que este intentó retomar el control sobre siria, sin ningún éxito, por lo que centró sus esfuerzos en asegurar la provincia de Kush, expulsando mas al sur a los vestigios de la dinastía nubia y poniendo en funcionamiento de nuevo las minas de oro. Aun tuvo tiempo en sus escasos seis años de reinado, para afianzar las relaciones comerciales marítimas con fenicios, independientes desde la caida de Ninive y griegos, como testimonia el hecho de que el tirano de Corinto pusiera el nombre de Psametico a su propio hijo. A la muerte del tercer faraón de la dinastía saita, le sucedió Apries, quien volvió a provocar el enfrentamiento con Babilonia, estimulando la rebelión de Sedecías en Jerusalén, que hizo que Nabucodonosor tras sofocarla brutalmente, ordenara la biblica deportación de los judios a Babilonia. Durante el cautiverio los deportados no fueron reducidos a la esclavitud, sino que fueron tratados con clemencia, muchos llegaron a ser propietarios de tierras, por otra parte el culto judío se llenó de ángeles alados, habituales en la cultura local y se impregnó con las ideas mesiánicas del zoroastrismo persa que había empezado a introducirse en la zona.

Nabucodonosor cansado tal vez de las injerencias egipcias en Palestina, preparó una invasión de Egipto por mar, usando la flota de Tiro, amenaza que los egipcios evitaron sometiendo a un bloqueo por mar a la ciudad fenicia durante trece largos años, tiempo que empleó Babilonia en asegurar su posición en Palestina, por lo que cabe pensar si no se trató de una estrategia de Nabucodonosor para mantener a los egipcios entretenidos y lejos de Siria en vez de un intento real de invasión.

A pesar de haber sido impedida la invasión, la infructuosa política belicista real no le había acarreado ningún prestigio a la monarquía, la cual por otro lado, se encontraba entonces en entredicho en casi cualquier parte del mundo conocido, de hecho en todo el ámbito griego había sido abolida y sustituida por republicas o gobiernos de corte democrático llamados curiosamente “tiranias” y empezaba a reproducirse el fenómeno en las ciudades fenicias.

En aquel momento, en la colonia griega de Cirene, se produjo el levantamiento de la población libia autóctona, abrumada por las avalanchas de griegos que arribaban a la ciudad, ademas por entonces estaban viendo como la vecina colonia fenicia de Cartago, que durante mas de 250 años habia conservado unas reducidas dimensiones, crecía exponencialmente a costa de los terrenos de la población autoctona, sobrepasada por la masiva afluencia de fenicios. Apries saliendo en defensa del pueblo libio creyó ver una oportunidad de relanzar el prestigio de la monarquía apelando a los sentimientos xenófobos que circulaban entre la propia población egipcia que se hallaba muy sensibilizada en contra de la riada de comerciantes griegos, que subían y bajaban por el Nilo y de los impuros asentamientos de mercenarios carios y jonios que se alojaban en la proximidad de algunas importantes ciudades, a pesar de que eran precisamente los griegos quienes enriquecian y protegian sus ciudades librando ademas a sus ciudadanos del servicio militar, sin embargo fue por esto por lo que Apries decidió organizar una expedición de conquista a Cirene, compuesta de soldados egipcios, al no poder usar a los mercenarios, que se habrían negado a luchar contra sus compatriotas, pero la campaña fue un fracaso y según cuenta Heródoto:


“Los egipcios le echaron la culpa y se rebelaron, porque creyeron que su rey les habia expuesto premeditadamente a un peligro cierto para que pereciesen en gran numero y el pudiese reinar con mayor seguridad sobre la población restante”.


Las tropas supervivientes se sublevaron y Apries mandó a detenerlas al general Amasis, que sin embargo se sumó a los amotinados, dejándose nombrar rey. Después derrotó a Apries cuando acudió con sus mercenarios griegos y le obligó a que le nombrara corregente. Tres años después el depuesto monarca intentó nuevamente con un ejército de soldados griegos enfrentarse a Amasis pero fue nuevamente derrotado y aunque Amasis al parecer se oponía, lo cierto es que Apries fue entregado a la ciudadanía, quienes lo estrangularon. Amasis ordenó que fuera enterrado con todos los honores en el templo de Neith, junto a sus antepasados.


martes, diciembre 08, 2009

Impresiones de viajes IX


Cuando Sheshonq I expulsó a la cúpula del sacerdocio de Tebas para colocar a su hijo Iuput, estos se refugiaron en Napata, donde pusieron en marcha en torno al templo de Amón, construido en época ramesida, una administración y una monarquía teocratica al estilo tebano al mando del mas poderoso jefe de los mercenarios libios, que Ramses asentara en Nubia mas de trescientos años atrás, Kashta, hermano de Alara, según que fuentes, séptimo rey de Kush, quien dió lugar a un régimen lo suficientemente estable como para recaudar impuestos y volver a poner en funcionamiento las minas de oro. Mientras en el norte, los distintos príncipes libios se debilitaban en continuos enfrentamientos, Kashta, daría los primeros pasos para hacerse con el control del Alto Egipto, colocando a su hija Amenirdis como sucesora de la vigente esposa divina de Amón en Tebas y sentando las bases para que su hijo, Piankhi, fundara la XXV dinastía, también conocida como dinastía Kushita o Nubia.

El problema, aquello que mantenía enfrentados a los principes locales y que provocó que varias dinastías se solaparan en el tiempo, surgió a causa de la evolución que se había producido en el derecho de sucesión desde la dinastía XVIII, cuando aun era posible legitimar la monarquía mediante el matrimonio con una princesa del linaje de Amón, en virtud del mito de la teogamia, sin embargo parece ser que Osorkon III había llegado a establecer un pacto con el sumo sacerdote de Amón, acuerdo que además fue aceptado tácitamente por todos los príncipes feudales, por el cual desde ese momento, la hija del rey, una virgen, será asignada al templo de Karnak como “esposa divina de Amón” de tal manera que ni el rey ni el sumo sacerdote pudieran hacerla su consorte, con lo que en la practica ningún príncipe podía arrogarse el derecho divino por medio del matrimonio. Técnicamente, Amón retiraba de esta forma a los hombres la capacidad de gobernar en su nombre y en cierto modo autorizaba a cada príncipe a luchar por el poder. En realidad esto no resultó ningún problema para algunos príncipes feudales, que no dudaron en optar a la monarquía por “la gracia” del dios local, lo que en definitiva redundó en detrimento del prestigio de Amón que de hecho hacia tiempo que se había visto muy mermado en favor de Ra, Ptah o Thot, en función inversamente proporcional al auge económico de las ciudades de las que estos dioses eran patronos, dado el anquilosamiento financiero de Tebas.

Tefnakht, decidido a terminar con aquella situación, reunió en una coalición contra Piankhi, a todos los príncipes del Delta, con la excepción del príncipe Akanosh de Sebennitos y Petisis de Atribis, al frente de la cual se apoderaría de Menfis y conseguiría la sumisión del príncipe de Hermopolis, dirigiéndose hacia Heracleopolis donde reinaba aun la XXII dinastía. Durante el sitio de la ciudad, Piankhi recibió una petición de ayuda de unos emisarios de Heracleopolis, que se había negado a capitular, y este envió a su ejército hacia el norte, desbaratando la coalición de Tefnakht. Piankhi, liberó Heracleopolis y continuó “liberando” ciudades y premiando a las que se habían negado a seguir al príncipe de Sais, presentándose piadosamente y con estudiada ceremonia ante el dios de cada ciudad para ser reconocido como soberano, un paseo, hasta que llegó a Menfis, allí Piankhi encontró una verdadera resistencia, debido a que el control de la ciudad lo tenia la población civil y no el sacerdocio, tras los muros le esperaban las milicias compuestas por artesanos y trabajadores libres, apoyadas por ocho mil hombres, entre soldados y marineros, que Tefnakht había logrado introducir en el ultimo momento, sin embargo a pesar de todo, Menfis fue tomada por sorpresa y la flota de la ciudad inmovilizada en el propio puerto, cuando irrumpieron las tropas nubias a través del Nilo, en un audaz movimiento que los defensores no esperaban en plena crecida. Piankhi, devolvió a los sacerdotes de Menfis prebendas que le habían sido confiscadas y castigó severamente a la población civil, luego siguió avanzando sin encontrar resistencia, hacia Sais. Tefnakht, solo, sin apoyos, se vio obligado a aceptar la soberanía etiope, lo que le valió conservar intactos, a pesar de tener que pagar tributo, su patrimonio y su influencia política. Después de esto, Piankhi se retiraría al Sur, incapaz de ejercer una hegemonía plena en todo el territorio a pesar de haber obligado a todos a que reconocieran su autoridad, y no volvería mas al Delta, dejando de esa forma las cosas, prácticamente como estaban.

La crisis interna seguía manifestándose: al igual que la nobleza sacerdotal y la burguesía ciudadana habian desposeido de sus derechos individuales a la clase media cuando Mineptah expulsó a los esclavos extranjeros, el triunfo de Piankhi representaba el ascenso de un núcleo duro de esa misma nobleza sacerdotal investida del poder monárquico y a su vez, un nuevo repliegue, la desposesión de los derechos feudales y comerciales de las ciudades y los señoríos, una concentración del poder que el país no se podía permitir y en todo caso, las ciudades no iban a consentir: en poco tiempo Tefnakht se hizo con el control de todo el Delta. Su sucesor Bakenranef (el Bocchoris de Heródoto) solo reinaría cinco o seis años, pero su influencia dentro y fuera de Egipto, fue importante, fue un notable legislador imbuido por la idea de repartir mejor la riqueza y devolver algunos derechos individuales a la población, consciente de la imperiosa necesidad de restablecer la confianza en la administración, o eso, o era un truhán ambicioso que utilizó a las masas populares de las ciudades para desbaratar el poder de los príncipes feudales y de los sacerdotes, tal vez fue ambas cosas, en cualquier caso, los clásicos grecorromanos lo incluían en la lista de sabios legisladores de la antigüedad, sin embargo cometió un terrible error, provocando al imperio asirio al incitar una rebelión en Palestina, aunque consiguiera evitar la invasión pagando tributo a Sargon II. Desafortunadamente para Bocchoris, el rey Shabaka del Alto Egipto, hermano y sucesor de Piankhi, acudió a la llamada de la nobleza sacerdotal del Delta, que temía por sus riquezas y privilegios, capturándolo y enviándolo a la hoguera por hereje (una práctica extraña a la costumbre egipcia, de impronta asiática tal vez).

A pesar de que Shabaka consiguió con esto nada menos que reunificar de nuevo a Egipto, da la impresión de que vino de Napata como uno de esos polis que disparan y luego preguntan, puesto que en seguida, después de preguntar, evitó de forma explicita al clero de Amon alejándose de Tebas, trasladando la residencia real a Tanis pero estableciendo la capital en Menfis, desde donde trataría de reinstaurar la teología solar en torno a Ptah en perjuicio de la visión feudo-sacerdotal que preconizaba el sacerdocio de Amon. Financió trabajos de restauración en caminos, puertos y canales, con la clara intención de facilitar el comercio y ganarse el aprecio de las ciudades, Sais, a pesar de la “herejía” de Bocchoris, no fué anexionada como señorío real y el hijo del hereje, Necao, conservó el principado de su padre. Shabaka por otra parte y a pesar de todo, carecía de un ejercito suficiente como para enfrentar a Asiría, así que envió regalos a Sargón, que este, por fortuna, correspondió con otros regalos, como era acostumbrado entre monarcas cuando se pretendía mantener una buena relación.

Poco antes de morir Shabaka, se acabaría esta buena relación cuando Senaquerib, el sucesor de Sargón, tuvo que marchar sobre Palestina para aplastar la rebelión de las ciudades de Israel y Judea. El rey Ezequias, para evitar el saqueo de Jerusalén optó por entregar la indemnización que Senaquerib le exigió, pero aun así, los asirios no levantaron el sitio, circunstancia que utilizaría Shabataka, el sucesor de Shabaka, como justificación para intervenir en la zona, por lo que envió a su primo Taharqa al mando de las tropas a combatir contra el ejercito asirio. Parece ser que Senaquerib, se tomó el ataque a chufla, según se desprende de una carta de este al sitiado rey Ezequias, en realidad el rey asirio ya estaba resuelto a abandonar el sitio de Jerusalén debido a una epidemia de peste que estaba agostando sus fuerzas, aun así, derrotó al ejercito egipcio en Ascalón y Jaffa para luego internarse en el Delta, pero Shabataka obtuvo el apoyo de las milicias de tenderos y trabajadores de Tanis logrando rechazar a los asirios frente a Pelusa. El ejército de Shabataka estaba formado en realidad solo con las tropas del Alto Egipto, los feudales del norte lógicamente negaron sus fuerzas libias al rey ya que se sentían agraviados porque sus privilegios estaban siendo abolidos, en virtud de la politica de centralización que practicaba la monarquía nubia; desde el reinado de Shabaka, estaban siendo sistemáticamente atacados por vía administrativa, distintos aspectos del poder feudal, con la intención de reedificar la administración del Imperio Nuevo, es por esto que el rey tuvo que recurrir a la población de las ciudades, verdaderamente interesada en evitar la invasión del temible ejercito asirio.

Shabataka sería asesinado poco despues por Taharqa, quien excusó su acción, apelando al derecho de sucesión que Shabaka había violado nombrando sucesor a su propio hijo, ya que la ley de sucesión feudal establecía que el trono pertenecería siempre al linaje del primogénito de Kashta, en este caso Piankhi, padre de Taharqa.

Durante veinticinco años, Asiría no hizo acto de presencia, y Taharqa continuando la politica centralizadora, mantuvo la presión sobre los príncipes del norte, llegando hasta el extremo de deportar a todas las esposas de aquellos, para obligarles a plegarse a sus demandas políticas. Una de las reclamaciones que enfrentaba a la monarquía con los feudales era precisamente el derecho a disponer de las tropas libias del Delta, con objeto de reconquistar Siria y Palestina, un sueño imposible, pues en esos momentos, los propios príncipes combatían unos contra otros. Consciente de sus limitadas posibilidades militares, Taharqa se había entregado a monumentales proyectos arquitectónicos confiando quizás en que con el conflicto dinástico surgido a la muerte de Senaquerib a manos de algunos de sus hijos, se desvanecería el interés despertado por Egipto. En realidad Asiría siempre estuvo mucho mas interesada por las ricas y mas accesibles ciudades de Siria y Palestina y por supuesto Babilonia, ya que el principal objetivo de los monarcas asirios, se reducía al saqueo, el único sentido de la conquista era sencillamente el botín, a diferencia de Egipto o Babilonia que veían la guerra solo como un medio para salvaguardar sus intereses comerciales. Los monarcas asirios amontonaban las riquezas robadas que la guerra les procuraba en Nínive, adornándola con resplandecientes palacios y templos donde, afortunadamente para los historiadores actuales, llegaron a almacenar una importante parte del legado cultural mesopotámico. En realidad Asiría no era un estado propiamente dicho, era mas bien un centro productor de unidades para el ejercito, Asiria era el rey y la administración poco o nada se preocupaba de la prosperidad de los territorios conquistados, se reducía prácticamente al cobro de los tributos y en los países “amigos” la diplomacia solo tenia el propósito de espiar e intrigar. La guerra era su negocio, si bien no todas las que emprendían resultaban provechosas, las constantes guerras fronterizas suponían un desgaste permanente, en concreto los conflictos con sus vecinos medos, persas y elamitas representaban en aquel momento una tarea suficiente como para mantener a los ejércitos asirios lejos de Siria y Egipto.

Babilonia, aprovechando la muerte de Senaquerib, asesinado por uno de sus hijos, se sublevó y Assarhaddon, también hijo suyo, tuvo que sofocar la rebelión, después de vengar el asesinato de su padre. Informado de la crisis dinástica asiria, Taharqa aprovechó el momento para fomentar la rebelión de las ciudades de Palestina y Siria, e incluso se atrevió a intervenir, una estupidez que atrajo el interés del rey asirio, quien venció al ejercito egipcio en Ekron y mediante una estudiada estrategia, se introdujo en el Delta por el Sinaí, con el inestimable apoyo de los beduinos, cuya labor fue la de abastecer de víveres y agua a las tropas asirias durante la travesía por el desierto, un duro camino, con el objeto de evitar la ciudadela de Tanis y a las milicias de tenderos y trabajadores libres que impidieron a su padre conquistar Egipto. Assarhaddon se apoderó sin resistencia del Delta, aunque no persiguió a Taharqa que fue a refugiarse en Tebas. Los príncipes del norte aceptaron la soberanía asiria y a cambio, Asarhaddon los conservó en sus puestos, contentándose con cambiar el nombre de las ciudades y los de los principales por nombres asirios, colocar al dios Assur a la cabeza del panteón y asignar un delegado asirio como supervisor en cada prefectura. Estas condiciones representaban una novedad en la relación de Asiria con los pueblos conquistados, evidentemente diseñada con la intención de imponer una cierta uniformidad cultural a su imperio, no podía esperar que los pueblos conquistados a sangre y fuego, asimilaran voluntariamente su lengua y sus costumbres. Aparte de esto y de un tributo que las ricas ciudades se podían permitir, la ocupación asiria sirvió a los príncipes feudales del Delta para preservar los privilegios que la monarquía nubia quería destruir, por lo que se sentían cómodos con la situación.

A pesar de todo, en cuanto se le presentó la oportunidad, Taharqa instigado por el clero de Menfis lanzó una ofensiva y se apoderó de la ciudad abatiendo a la guarnicion asiria y la oposición ciudadana. Fue un golpe de efecto que no encontró ningún eco favorable, los príncipes del Bajo Egipto le dieron la espalda y Assarhaddon no encontró ninguna resistencia cuando volvió a entrar en el Delta en dirección a Menfis. Fue una verdadera suerte para Taharqa que el rey asirio muriera durante la contienda, hecho que causó la retirada en desbandada del ejercito invasor permitiendo al rey del Alto Egipto gobernar en Menfis durante unos tres años, hasta que Asurbanipal, el sucesor de Asarhadon, se encontró en disposición de volver a Egipto, enviando a su ejercito a retomar Menfis. Esta vez, tras tomar la ciudad, el ejercito asirio remontó el Nilo rumbo a Tebas, decidido a conquistar todo el territorio. En aquel momento, los dos príncipes mas relevantes del Delta, Pakrur de Per-seped y Necao de Sais, enviaron emisarios a Taharqa ofreciéndole su ayuda a cambio de dividir el territorio egipcio en tres partes, el Delta oriental para Pakrur, el occidental para Necao, conservando Taharqa el Alto Egipto, sin embargo los emisarios fueron apresados. Asurbanipal saqueó Sais, Mendes y Tanis, ordenó desollar y empalar a multitud de príncipes y se llevó a Necao prisionero a Ninive. Tebas ni siquiera se resistió, Taharqa huyó a su capital nubia de Napata y Mentuemhat, quien gobernaba en Tebas, aceptó la soberanía asiria.

Asurbanipal, consciente del prestigio del hijo de Bocchoris, lo trató bien y lo devolvió pronto a Sais, reintegrándole sus antiguos privilegios, de hecho Necao aparentaba ser un entusiasta de Asiria, adoptando para si y para su hijo Psametico, nombres asirios. A la muerte de Taharqa, fue coronado en Napata, Tanutamón, el hijo de Shabataka (según la ley de sucesión feudal), quien llegó con animo de dar un vuelco a la situación, Tebas no representó ningún problema pero en Menfis tuvo que enfrentarse a las milicias urbanas, la guarnición asiria y un fuerte contingente enviado por una coalición de príncipes del Norte, sin embargo el rey los aplastó con sus reducidas tropas nubias y Necao resulto muerto durante la batalla. Los príncipes se acantonaron en sus nomos, pero Tanutamón mostrándose decepcionado por tener que combatir contra compatriotas, no los persiguió. Menfis se convirtió en su residencia y la nueva situación se prolongo mientras Asurbanipal estuvo ocupado “pacificando” el Elam. En un momento dado, Pakrur, desligándose del control asirio, condujo a todos los príncipes del Norte a Tebas, excepto el hijo de Necao, Psametico, príncipe de Sais, para rendir pleitesía a Tanutamón, imbuido quizás por el discurso nacionalista que el rey nubio había adoptado. Psametico decidió refugiarse en Ninive, convencido de que la superioridad militar asiria, quebraría aquella frágil unidad nacional, como así fue: al cabo de tres años Asurbanipal se presentó en Egipto y automáticamente todos los príncipes se rindieron, así que a Tanutamón no le quedo más remedio que huir, refugiándose en Napata. Esta vez y de forma definitiva Tebas fue arrasada y la población pasada por las armas, el ultimo vestigio del antiguo poder del clero de Amón fue extinguido para siempre, tan solo la divina adoratriz del dios, sin ninguna relevancia política, escapará de la masacre. La ruina de “la ciudad de las cien puertas”, un hecho que conmocionó al mundo y que tanto griegos como judíos recogieron en sus escritos, fue un acontecimiento que marcó el fin de una dinastía y también el de una época.

Asurbanipal, una vez acabada la campaña militar egipcia, se mostró condescendiente con los entonces doce príncipes que se repartían Egipto, dejándoles hacer y deshacer siempre y cuando cumplieran puntualmente con el tributo exigido. Estos doce príncipes habían llegado a un acuerdo mutuo de no agresión sancionado por el dios Ptah, sin embargo cuenta Heródoto que a través de un oráculo en Menfis, este dios había profetizado que encontrándose reunidos para las libaciones de costumbre en el templo de Ptah , aquel de los príncipes que bebiera en una copa de bronce, seria el único rey de todo Egipto y según el relato, en una de esas ocasiones, el gran sacerdote del dios, sacó solo once copas de oro, en lugar de las doce necesarias para efectuar el solemne ritual sagrado y Psametico que era el ultimo en beber, sin pensar usó su casco de bronce a falta de copa, cumpliéndose de esta forma la profecía. Leyendo entre líneas podemos concluir de la narración, que el clero de Menfis apostaba por la monarquía única y que Psametico era su favorito, al fin y al cabo, Menfis era un estado dependiente de Sais y el clero estaba al tanto de las magnificas relaciones no solo comerciales que Psametico mantenía con Lidia y que al final le darían los medios para el éxito de su proyecto, que no era otro que el de arrebatar Egipto a los asirios e implantar la monarquía solar en torno a Ptah, a costa de la feudalidad.

Probablemente Asurbanipal confiaba en que Psametico sin el apoyo de los demás príncipes, con el ridículo ejercito de un príncipe local, no se atrevería a desafiarle, pero ni el, ni los propios príncipes feudales esperaban que Giges, el rey de Lidia, por entonces uno de los hombres mas poderosos de su entorno, proporcionara al príncipe de Sais, suficiente oro y un ejercito compuesto de mercenarios jonios y carios equipados con armaduras, unos “hombres de bronce” también proféticamente anunciados. Psametico completó, en efecto, sus planes llevando incluso la frontera oriental hasta Ashod, en Palestina, fundando la celebre dinastía XXVI, mejor conocida como dinastía saíta.

Desde este momento, la dinastía nubia refugiada en Napata, abandonará esa ciudad para fundar una monarquía de corte amonita mas al sur, en Meroe, en tierras etiopicas, donde con el tiempo degenerará, llegando a absorver las primitivas costumbres del entorno, que incluian rituales en los que no eran infrecuentes los sacrificios humanos.

Psametico dispuso un gran ejercito de muy variada procedencia mandado por generales egipcios, suficiente para expulsar a los asirios y vencer a los demás príncipes que no contaban con el apoyo de las milicias ciudadanas, las cuales solo soportaban el régimen señorial que ofuscaba el comercio con sus privilegios. Una vez desbaratada la feudalidad, la monarquía adoptó los títulos, modelos y formas del Imperio Antiguo, fueron aplicadas las reformas de Bocchoris, la administración y la justicia nuevamente restablecidas, las infraestructuras reparadas y abiertos los caminos del medio y alto Egipto. Desde el primer momento, Psametico contó con el apoyo incondicional de las ciudades dado el carácter social de sus reformas, es por esto que en el solo transcurso de su reinado, Egipto volvía a ser una gran potencia. En Tebas, conseguirá que la divina adoradora de Amon, nombre sucesora a una hija suya, Nitocris, quien asumirá luego el cargo como Shapenupet III, eliminando así, definitivamente, cualquier amenaza de restauración por parte del clero de Amon, la hegemonia de Sais era indiscutible.

martes, noviembre 03, 2009

Impresiones de viajes VIII



Durante el propio reinado de Ramses XI, la XX dinastía sucumbe o abandona, a pesar de lo que diga la propaganda monárquica a través de los bajorrelieves de los templos; en realidad el poder efectivo lo ostenta por un lado, un general de origen libio, Herihor, gran sacerdote de Amon, dueño del alto Egipto y por otro el antiguo visir Nesubanebdjed, (el Esmendes de Herodoto), asimismo militar de origen libio, quizás hermano de Herihor, quien controlaba el Bajo Egipto.

A Ramses XI se le presentaba un problema, con los colonos libios asentados en el Delta, gente orgullosa que no había cambiado sus nombres por otros egipcios y hacia gala de sus orígenes conservando la antigua costumbre de adornarse la cabeza con dos plumas y que en muchos casos no respetaban los preceptos religiosos básicos, como la prohibición de comer pescado, cosa inmunda para un egipcio en virtud de la tradición osiriaca que hacia del oxirrinco un pez sagrado ( y por extensión, todos los peces) por el hecho de haber ingerido el falo de Osiris tras su desmembramiento a manos de Seth. Al frente de estos libios, aunque absolutamente integrados en la estructura social egipcia, estaban los Grandes Jefes de los “Ma” (diminutivo de “mashauash”), que por entonces ya eran dueños de tierras, poseedores de riquezas y planeaban ignorar la autoridad del rey.
Eran tiempos en los que la mayoría de la población rayaba la indigencia, una multitud de artistas, orfebres, pintores, escultores y artesanos desempleados, ya que todas las obras publicas habían sido abandonadas, andaban bastante cabreados y protagonizaron algunas revueltas que fueron ejemplarmente sofocadas. Los canales cegados no eran limpiados, ni reparados los diques rotos, los caminos eran difíciles y expuestos al bandidaje, en aquellos momentos el saqueo de tumbas reales, era un recurso nada despreciable para muchos, un gran numero de ellas fueron esquilmadas en aquella época a pesar de los durísimos castigos impuestos a los saqueadores porque en realidad, si conseguías hacer una fortuna con el robo, daba igual que te pillaran puesto que la justicia hacia mucho que había desaparecido sustituida por el oráculo de Amón y los pleitos se ganaban a golpe de talonario. Lentamente la infraestructura comercial del Alto Egipto, segregado en multitud de latifundios fue deteriorándose, no se atendían las labores de mantenimiento fundamentales y los nomos solo se ocupaban del autoabastecimiento, por lo que al no haber excedente, la economía continuó ralentizándose. El momento económico de las ciudades del Delta era muy diferente puesto que el comercio fenicio en el mediterráneo estaba entrando en su apogeo y los magnates de muchas ciudades del Norte disfrutaron de una gran prosperidad: Bubastis, Atribis, Sais, Busiris, Mendes,Sebennitos , Farbaitos, Per Seped y Buto fueron la cuna de grandes fortunas familiares, algunas de origen libio que serian relevantes en el futuro, sin embargo nada o muy poco de esa riqueza alcanzaba a la mayoría de la población, entregada en el mejor de los casos a la servidumbre. Una diferencia significativa entre el Alto y el Bajo Egipto era la presencia de ejércitos formados y estables solo en las ciudades del Norte ya que las milicias de los nomos del Alto Egipto gracias al sistema de inmunidades, no tenían la obligación de atender eventuales demandas de tropas de Tebas, por lo que el ejercito del Sur resultaba ineficaz .
Así estaban las cosas cuando Amenhotep, sumo sacerdote de Amón, fue acusado por un delito que no se especifica, hecho que se puede interpretar como un intento de recuperar el control por parte de la monarquía, aunque tuvo que ser reducido por la fuerza gracias a las tropas de Panehesy ("el negro"), virrey de Nubia, llamado a tal efecto por Ramses XI. Sin embargo, cuando Herihor, a la muerte de Amenhotep asume el cargo de gran sacerdote de Amón con el beneplácito del rey, será Panehesy quien será expulsado. Da la impresión de que o bien Ramses no sabia muy bien lo que hacia o que Panehesy era demasiado ambicioso, en cualquier caso, el ascenso de Herihor al final de la era ramesida, marca el comienzo de lo que ha venido en llamarse tercer periodo intermedio, y también el final del Imperio Nuevo.
Herihor después de ser nombrado virrey de Nubia por el propio Ramses, a la muerte de Panehesy, ignorando al rey o con su consentimiento, gracias a un oportuno oráculo de Amón, asumió todas las prerrogativas reales fundando la XXI dinastía sin esperar a que se extinguiese la XX. Nombró a su hijo Piankhi sumo sacerdote de Amón, quien renunció cortésmente a la titulatura real, aunque el hijo de este ultimo, asumiría la realeza después del largo reinado de un hijo de Nesubanebdjed, Psusennes I .
En realidad la casa real y el pontificado de Amón desde Herihor, estuvieron siempre emparentados y mantuvieron una estrecha relación, de tal manera que el poder religioso, el económico y el militar, se hallaban aunados aunque en la práctica la monarquía hasta la muerte de Ramses XI asumirá el aspecto de un triunvirato.
Nesubanebdjed desde Tanis, representaba el poder económico de las ciudades y controlaba el ejército de los “Grandes Jefes de los Ma”, sin embargo era Herihor como gran sacerdote de Amón quien detentaba las prerrogativas reales. En resumen, los oligarcas del Delta concentraban la riqueza, parapetados tras las fuerzas libias del ejercito, mientras el resto de la población languidecía, situación que desembocó en una revuelta popular de tintes independentistas, en Tebas durante el reinado de Pinedjem, que fué sofocada y los rebeldes exiliados al oasis de El Khargeh. Como probablemente era mas costoso mantenerlos en el oasis libio que darles la libertad, Menkheperre, hermano de Pinedjem, quien manifestando su poder mediante algunos milagros, había llegado a Tebas para ser investido sumo sacerdote de Amón, echando cuentas, mandó ejecutar a los que tenían delitos de sangre, amnistiando a los demás, cosa que fue proclamada como una muestra de la bondad de Amón, mediante uno de esos oráculos tan oportunos .

Un síntoma de la inestabilidad de aquella época, es que los faraones no dudaban en reutilizar los sarcófagos más impresionantes de los requisados a los saqueadores de tumbas, un pragmatismo quizás impensable en otro tiempo. La religión se había depreciado mucho entre la gente llana, cuando se pasa hambre se tienen otras prioridades, además para escarnio del clero, por entonces se había divulgado una parodia de literatura sagrada bastante escabrosa, conocida hoy como “El mito de Horus y Seth”. Ignorando los hechos, en una huida hacia delante, el clero proclamaba el Uhm Msut , la «Era del Renacimiento», con la esperanza de insuflar algo de esperanza u optimismo y recuperar para la religión algo del prestigio perdido, aunque hay que matizar este hecho: no es que la gente se hubiera vuelto atea, ya que el pueblo mantenía un profundo fervor sobre todo en torno a Osiris y el culto agrario, ignorando en la mayoría de los casos a Amón, que era un dios exclusivo de los soberanos de Tebas.


Mientras tanto, hacia el final del reinado de Psusennes I, en Palestina, David apoderándose de los territorios de Edom, hasta el Jordán y aliándose con Hiram de Tiro, estableció una ruta comercial con la que, aunque lesionaba los intereses de Egipto, financiaba el reino de Israel que había fundado recientemente su suegro Saúl, sin el beneplácito de los sacerdotes de Adonai.
Aproximadamente veinte años después, tras la muerte de David, se produjo una fratricida crisis dinastica, que aprovechó el faraón Psusennes II para arrebatar Gezer a los filisteos; plaza fuerte que entregaría mas tarde como dote, para la boda de su hija con Salomón, con idea de establecer entre Israel y Egipto un vinculo que salvaguardase los intereses egipcios, aunque a la muerte de Psusennes II, las directrices de la política con respecto a Israel iban a cambiar radicalmente. Sheshonq, Gran Jefe de los Ma, de la rica familia de sacerdotes de Harsafes en Bubastis, funda la dinastía XXII con el apoyo incondicional de las ciudades del Delta, trasladando la capital de Tanis a Bubastis.
Al parecer, la rápida prosperidad de Jerusalén perjudicaba mas de lo esperado los intereses comerciales del Bajo Egipto, por lo que no es nada improbable que en realidad el ascenso de Sheshonq fuera propiciado por los lideres económicos de las ciudades ya que, a la muerte de Salomón y en medio de la guerra civil que siguió, cuenta la Biblia que Sheshonq “ cayó sobre Jerusalén, se apoderó de los tesoros de la casa del Eterno y de los tesoros del rey, se adueñó de todo. Se apropió de los escudos de oro que Salomón había mandado hacer..”.
Israel y Judea, estados en los que se dividió el reino de Salomón, tuvieron que aceptar el protectorado egipcio y pagar en adelante el correspondiente tributo, al tiempo que comenzaba para las ciudades del Delta un nuevo periodo de prosperidad, puesto que sus puertos se convirtieron nuevamente en el destino de las rutas comerciales, usurpado durante un tiempo por las ciudades de Israel. Tampoco la ciudad estado de Tiro, a pesar de haber sido en principio un buen aliado, estaba interesada en permitir que el Israel de Salomón desviara parte del comercio hacia sus incipientes puertos instalados en la costa palestina, por lo que parece ser que el reino de Israel no tenia futuro, sin embargo todas las economías de la zona habían estado muy complacidas con un estado militar como el establecido por el ejercito de David que les ahorraba el costoso mantenimiento de una fuerza militar permanente que protegiera las rutas comerciales. Las ciudades fenicias, que presumían desde hacia tiempo de haber perdido el respeto a Egipto, se apresuraron a ofrecer sus tributos, con el doble animo de evitar que el ejercito de Sheshonq se interesara por ellas y por otra parte fomentar el protectorado egipcio en la zona, siempre preferible a la alternativa asiria, que empezaba a levantar cabeza nuevamente.
Después de las extenuantes y continuas guerras que Tukulti-Ninurta impuso al país, que le habían permitido someter a los arameos, apoderarse de la Transtigritania y conquistar Babilonia, una profunda crisis dinastica, tras el asesinato del rey por su hijo, Assur-nasir-apli, deshizo el incipiente imperio asirio y mantuvo el país demasiado ocupado en sus propios problemas internos, hasta el advenimiento de Teglat-phalasar I, quien forzando de nuevo la maquina militar asiria, conquistó nuevamente Babilonia al derrotar a Nabucodonosor I, extendiendo así el Imperio asirio hasta el mediterráneo y hasta las propias fronteras orientales de Egipto.

La dinastia Sheshonquida, disfrutó de riquezas sin medida, como demuestran los sarcófagos de plata maciza de la época, aunque su influencia y su prestigio no iba mas alla de Memphis o Heracleopolis; el Alto Egipto por el contrario, sumido en un letargo financiero atroz, permanecía en manos de los sacerdotes de Tebas, quienes celosos de su modo de vida, cerraban las puertas a los intentos de acercamiento de la monarquía. El desmembramiento feudal estaba tan avanzado en el Delta que en adelante, cada ciudad recreará su propia corte, adorara a sus dioses locales y tendrá su propio ejercito para defender sus propios intereses incluso contra otras ciudades egipcias; prolifera la literatura de caballería, donde heroicos príncipes baten sus armas, con la inestimable ayuda de unos dioses demasiado humanos, al estilo de la Iliada, el Mahabharata o Stargate.
El sumo sacerdote de Heliopolis se declarará soberano, así como el príncipe de Mendes, el de Per-Seped o el de Sais, aunque todos ellos debían fidelidad al rey, en la practica, el Delta es ahora un racimo de estados independientes como en la época predinastica. El Alto Egipto ajeno al feudalismo militar, por el contrario, mantiene su unidad en torno a Amón y a Tebas, pero el frágil sistema económico, eminentemente agrícola, se encuentra permanentemente expuesto al carecer del dinamismo comercial necesario para su desarrollo. A pesar de todo, esta incierta situación se prolongaría por más de dos siglos, en virtud de la ausencia de agresiones externas. Sheshonq, puesto que cada uno de los príncipes de las ciudades rivalizaba en riqueza, no acababa de imponer su autoridad fuera de su jurisdicción, de manera que enfocó sus esfuerzos en intentar que el clero de Tebas le reconociera, a tal efecto nombró a su hijo Iuput, sumo sacerdote de Amón, aunque fue inútil, el clero de Amón respondió nombrando a Iuput, a su vez, rey de las dos tierras. Osorkon I, el sucesor de Sheshonq, lo intentó de nuevo, de igual forma, obteniendo exactamente el mismo resultado, tampoco Takelot consiguió legitimar su reinado, ni luego Osorkon II que tuvo que ver como su primo Harsiese, sumo sacerdote de Amón, se proclamaba rey de Tebas y fundaba la XXIII dinastía. Durante el reinado de SheShonq III, Pedubast, rey de Tanis se proclama rey de Leontopolis, consiguiendo hacerse reconocer por el clero de Tebas, Menfis y Heracleopolis, al tiempo que Tefnakht príncipe de Sais, “Gran Jefe de los Libu” y “Gran Jefe de los Ma”, ( otras fuentes lo identifican con el nieto de un tal Basa, sacerdote de un templo de Amón cerca de Sais) se hace con el control de la parte occidental del Delta y funda la XXIV dinastía, de tal forma y durante un tiempo tres dinastías se disputaron, entre revueltas populares, epidemias, miseria y hambre, el control del país de la tierra negra.

Bibliografia : J.Pirenne "Historia del Antiguo Egipto"
Heródoto " Historia"

domingo, octubre 04, 2009

Impresiones de viajes VII




Durante cuarenta y seis años, Egipto disfrutó de una paz conseguida gracias al tratado con Hatti, un acuerdo historico que permitió a Hattusil III conjurar la amenaza asiria, si bien su hijo y sucesor, Tutaliya IV, aunque mantuvo la estabilidad en la zona, merced a la intensa actividad diplomatica que hubo de sostener con Salmanasar I, se vio obligado a combatir al sucesor de este, Tukulti-Ninurta, quien nada mas acceder al trono, lanzó una ofensiva hacia el norte, tomando la region de Subaru, al sur de Mittani, para establecerse ante el Eufrates, si bien evitando invadir los protectorados egipcios e hititas.

Asiria a lo largo de casi toda su existencia, unos mil trescientos años, hizo un uso intensivo del terror como forma de propaganda, un sistema que, por otra parte, no era de su uso exclusivo, muchos y muy celebres reyes egipcios, babilonios hititas etc. gustaban de jactarse públicamente de haber degollado, despedazado o decapitado gente si bien la ferocidad de los reyes asirios entonces era un tópico, una señal de identidad; Asurbanipal II puntualizará detalladamente en el seiscientos y pico:

“Construí un pilar ante la puerta de la ciudad y desollé a los jefes que se habían rebelado contra mí, y mi señor Assur, colgando su piel sobre el pilar. Algunos de ellos los sepulté en el pilar, a otros los empalé en estacas sobre el pilar y a otros (también) los empalé en estacas alrededor del pilar. Desollé a muchos a lo largo de todo el país y colgué su piel sobre los muros...

Quemé a muchos de sus prisioneros. Capturé a muchos soldados vivos. A algunos les corté los brazos o las manos, a otros les corté la nariz, las orejas y las extremidades. Les saqué los ojos a muchos soldados. Hice un montón de seres vivientes y otro de cabezas. Colgué sus cabezas en los árboles, alrededor de la ciudad. Quemé a sus adolescentes, muchachos y muchachas...”

Ante la presion de Tukulti-Ninurta, Tutaliya IV envió en seguida un abultado ejercito contra los asirios, para apoyar a los hurritas de Subaru, aunque no sirvió de nada y 28.000 prisioneros hititas fueron deportados a Mesopotamia.

Ramses no hizo nada ni entonces, ni cuando inmediatamente después cayó Mittani y también permaneció impasible mientras Tukulti-Ninurta añadía a sus títulos el de rey de Babilonia, ciudad que fue incapaz de enfrentarse a sus antiguos vasallos, viéndose en la necesidad de aceptar el protectorado asirio. El propio Ramses II, quien tenía en su poder el ejército más poderoso del mundo, tuvo que reconocer la soberanía asiria en la zona si es que quería asegurar el tráfico comercial.

Ramses II, mientras tanto en realidad no se aburria en absoluto, tuvo doscientos hijos mas o menos y ademas estaba muy entretenido haciendo propaganda de si mismo a traves de monumentos y templos que esparció desde Nubia hasta el Delta y mas allá de las propias fronteras egipcias, hasta la saciedad, erigiendo y grabando su nombre por todas partes; incluso edificó su propia ciudad que, como nó, llevaba su nombre, Pi-Ramses (la ciudad de Ramses), sobre la antigua Avaris, la ciudad de los hicsos, abandonando Tebas y cconvirtiendola poca mas tarde en capital de Egipto.. El asentamiento de los gremios de artistas en Deir el Medineh fundado por Tutmosis I, creció en época de Ramses hasta convertirse en un pequeño poblado. Pero mas allá de las fronteras de Egipto, el mundo estaba cambiando sin que al parecer pudiera hacerse nada para evitarlo, así que Ramses se limitó a ir adaptándose en la medida de lo posible a las nuevas circunstancias que se presentaban y que acabarían desbordándole, aunque no fue hasta su muerte cuando comenzaría a notarse la decadencia financiera en el país. La raíz del problema que arrastró a Egipto nuevamente a una crisis fue por una parte, la política económica de la monarquía, la cual se apoyaba sobre todo en los tributos de las provincias, en los impuestos y en los porcentajes del comercio, mientras por otra parte, se fueron cediendo privilegios a los templos, dueños ya de ejercito propio, constituido por los prisioneros de guerra cedidos por la propia monarquía y señores además de la mayoría de las tierras cultivables, exentas de impuestos e inmunes a la autoridad del rey, ademas de los enormes gastos que acarreó al tesoro de la corona tanto despliegue de arenisca pulimentada.

Cuando los aqueos conquistaron Troya, ganando el acceso a las rutas comerciales del Mar Negro, pudo parecer que la expansión económica de los aqueos traería más riqueza a Egipto, pero inopinadamente gentes griegas del norte, los dorios, habían comenzado a infiltrarse en territorio micenico, asaltando algunas poblaciones, mientras los propios aqueos en ese momento justo ampliaban su influencia a las costas anatolias y sirias. La filtración pronto se convirtió en una autentica invasión, una riada que asoló por completo la región con la excepción del Ática ateniense. Es posible que la apertura de la ruta comercial del Mar Negro tras la destrucción de Troya, dejara sin oficio ni beneficio a los pueblos establecidos al norte del mundo micenico, entre los que se encontraban los dorios, quienes dominaban la ruta alternativa del norte, que usaba los ríos europeos para el comercio con la Colquide. Fuera como fuese, diferentes grupos humanos avanzaron sobre el sur de Grecia y Anatolia, alcanzando las islas del Egeo, empujando a las poblaciones autóctonas, los misios, lidios, frigios, carios y demás a huir en desbandada abandonando sus respectivas tierras, yendo a establecerse en distintas regiones de Libia, Palestina e Italia para darse en muchos casos a la piratería.

Las invasiones no alcanzaron directamente a Egipto pero arruinaron el entramado económico de la monarquía, privándola de los tributos de las provincias y de los impuestos al comercio al cesar la afluencia de barcos a sus puertos. Ramses, en los últimos tiempos, se vio en la necesidad de usurpar estatuas y monumentos de otros faraones como Amenofis III, ante la falta de mano de obra, sustituyendo los nombres originales por el suyo propio, grabando los bajorrelieves en la piedra con una profundidad tal que no permitiera a otros hacer lo que el mismo había hecho.

El hijo y sucesor de Ramses, Mineptah, si que tuvo que hacer frente a estos “pueblos del mar”, primero indirectamente, forzado a socorrer con trigo a los hititas que estaban siendo invadidos por diversos frentes, y mas tarde combatiendo a una coalición de libios, sardanos, aqueos, siculos, licios y etruscos, (entre estas gentes estaban los “mashauash” que habían venido asentándose pacíficamente en la frontera occidental e incluso en el propio Delta desde Ramses II y muchos de ellos eran contratados como mercenarios) quienes desde Libia, bajo la dirección de un tal Meriai habían invadido el Delta desde occidente y marchaban hacia Menfis arramblando con todo a su paso, mientras sincronizadamente, multitud de prisioneros extranjeros que trabajaban en las minas y canteras se sublevaban.

Mineptah se empleó a fondo con el heterogéneo ejercito de Meriai, destrozándolo, aunque a pesar de todo el general invasor consiguió huir de la carnicería dejando a sus espaldas diez mil bajas y otras tantos prisioneros que Mineptah entregó al servicio de los templos como esclavos. Con el fin de prevenir futuras revueltas, ordenaría la expulsión de los extranjeros asentados en territorio egipcio, (momento en el cual se suele enmarcar el éxodo judío) acto desafortunado que profundizaría la ruina económica de la monarquía y sobre todo de las clases mas desfavorecidas, que paulatinamente fueron descendiendo al escalafón mas bajo, el que ocupaban los extranjeros deportados, en la pirámide económica de la sociedad egipcia. Después de festejar convenientemente el éxito militar, el rey condujo sin dilacion al profesional ejercito de Ramses hacia las provincias orientales, reconquistando rápidamente Palestina (cuyo nombre se debe a los pelestiu o philisthim, los filisteos, uno de los pueblos del mar, de origen cretense según fuentes bíblicas).

A la muerte de Mineptah, la ruina de la monarquia se hace patente y el trono caerá durante muy breve tiempo en manos de un usurpador, un tal Amenmes de quien poco o nada se sabe, a quien sucederá al parecer la reina Tausert de estirpe ramesida y luego Mineptah-Siptah tras casarse con ella. Realmente desde la muerte de Mineptah, se habia abierto un periodo de autentico caos en el pais, del que sacaron partido los oligarcas y la nobleza del Sur: el clero de Amón, así Bakhenkhonsu, sumo sacerdote de Amón, a pesar de la crisis, manejaba suficiente capital como para permitirse restaurar el antiguo palacio de los grandes sacerdotes, que databa de la XII dinastía, a pesar de que en el resto del país todas las obras publicas habían sido abandonadas.

Desde Nubia, que se había mantenido al margen como virreinato, marcho a Tebas donde fue investido rey, Seti II, probablemente del linaje de Ramses, y al menos se propuso poner algo de orden, tarea que continuaría durante poco tiempo su hijo Ramses-Siptah, tras el cual el país se hunde definitivamente en el abismo, siendo desmembrado en latifundios y el pueblo llano arrastrado definitivamente a la semi-esclavitud. Así estaban las cosas cuando para colmo de males, un cananeo llamado Iarsu, se apodera del país y lo entrega a bandas de libios que se emplean en saquear y fomentar la inestabilidad y el terror.


El clero representaba la única autoridad real, aunque solo los templos mas importantes poseían ejércitos privados, que empleaban circunstancialmente en labores de policía y que eran eventualmente capaces asimismo de enfrentar a las bandas de libios. Sethnakht, de origen desconocido o quizás otro descendiente de Ramses, con el apoyo indispensable del clero, expulsó o redujo a la esclavitud a las bandas de libios y al propio usurpador Iarsu, atajó los abusos de los gobernadores y restauró la monarquía, fundando la XX dinastía, el año 1200 antes de la era actual. Sethnakht asoció pronto al trono a su hijo Ramses III, quien devolvería cierto esplendor a Egipto, merced a sus éxitos militares. Por tres veces evito la invasión del entramado de pueblos que se aglutinaba en la frontera libia, capturando decenas de miles de prisioneros, entre los que sin embargo, escogería aquellos que pasarían al servicio militar o a su guardia personal, ya que Ramses III, necesitaba proveerse de unos efectivos para su ejercito que el régimen de inmunidades de los templos le escamoteaba, tan solo la flota, algunas divisiones de arqueros y el alto estado mayor estaban constituidos por egipcios, las divisiones de carros y la infantería estaban integradas en su totalidad por extranjeros dirigidos por sus propios jefes.

En una maniobra conjunta, una gran flota de “los pueblos del mar” intentó forzar las bocas del Nilo al mismo tiempo que un enorme contingente intentaba entrar en el Delta por tierra, evidentemente no creyeron que Ramses pudiera manejar dos frentes a la vez, aunque se equivocaron y las paredes del esplendido palacio de Medinet Habu, detallan convenientemente la carnicería. Frente a un puerto sirio Ramses hundió el resto de la flota invasora, aunque a pesar de todas sus victorias, no pudo recuperar Palestina. Después de esto, se impuso una extraña paz producto del agotamiento generalizado de las grandes potencias, que se prolongaría por mas de ochenta años, durante los cuales nuevos estados verían la luz, mientras los antiguos languidecían o incluso desaparecerían como Ugarit, Amurru,Mittani o Hatti del que solo sobrevivieron las ciudades de Karkemish y Alepo.

Asiria, demasiado ocupada masacrando a los no menos sanguinarios arameos, que insistentemente asolaban sus fronteras , se encontraba ausente de la escena politica, al igual que Egipto, donde ninguno de los sucesivos Ramses fué capaz de arrebatar el protagonismo al clero de Amon, ni amortiguar el ocaso de la población, que llegó a rebelarse en numerosas ocasiones, incluso en la propia época de Ramses III. Por el contrario las ciudades fenicias aprovechando la desaparición de la navegación aquea y la independencia política de la que gozaron, llegaron a conocer un periodo de prosperidad que les permitiría proyectarse hacia el mediterráneo occidental, estableciendo nuevas rutas comerciales entre los siculos, los etruscos establecidos en Italia, llegando tan lejos como Tartessos . Los filisteos que habían arrebatado el imperio a Egipto, fundaron la Pentapolis (Gaza, Ascalón, Asdod, Gat y Ecrón.) y también prosperaron aunque tropezaron a menudo con las tribus israelitas establecidas en Canaán desde tiempos de Josué, son los tiempos del Sansón bíblico.

Tras la muerte de Ramses III, fruto de una sórdida conspiración palaciega, un asunto de celos de su primera mujer por el tema de la sucesión, el esplendor de la monarquía de los Ramses IV, V, VI, VII, VIII, IX, X y XI, era una ficción, el poder estaba efectivamente en los príncipes oligarcas del Bajo Egipto y sobre todo en manos de los templos, el rey no era mas que el príncipe feudal con mas títulos. La pirámide económica se parecería mucho a una chincheta con la punta hacia arriba, por lo que la situación era estable, pero eventualmente peligrosa.

Estela de Israel (El triunfo de Mineptah)